'1984', la épica de nuestras pesadillas políticas
2026-03-20 - 00:50
La adaptación teatral de ' 1984 ' sigue gozando de la atención del público. Han pasado ocho años desde que Carlos Martínez-Abarca y Javier Sánchez-Collado la estrenaran en el Teatro Galileo y esta versión revisada de la ficción de George Orwell vuelve a cosechar un éxito indudable y llenar la sala Jardiel Poncela del Fernán Gómez. Aquí está esa puesta en escena tan inquietante como de una notable fuerza dramática, la creación de una realidad escénica, entre setentera y milenial, donde la frialdad de los metales se combina con la omnipresencia de la tecnología de las pantallas y, sin duda, la plasmación de una narrativa dramática encerrada en sí misma, asfixiante y claustrofóbica, presidida por ese ojo ubicuo que lo vigila todo. En un montaje de indudable aliento metateatral todo está concebido para expresar esa asfixia: la iluminación que, paradójicamente, todo lo convierte en oscuro, el carácter industrial que representa un hiperrealismo paranoico, el retrato de personajes instalados en una disfunción o en el proceso de ser arrollados por ella, como les ocurre a Winston y Julia. El mensaje sigue siendo claro: el totalitarismo no es solo un sistema político, una estructura social sino un modo de sometimiento psicológico, no está fuera de nosotros, sino en nosotros mismos y controla los pensamientos, las emociones y hasta los deseos sexuales. La personal fidelidad a la novela no ha impedido un trabajo de síntesis: los personajes tan numerosos en el texto de Orwell están reducidos a cuatro pero que encarnan todo el elenco de personalidades. De ahí que el trabajo interpretativo sea uno de los elementos a destacar sobre todo porque, además de la enorme solvencia técnica que despliegan cada uno de ellos, tratan de crear un impacto en el espectador, hacer una obra de perturbación y de conmoción a través de unos seres tan vivos y tan cosificados que nos interpelan constantemente, nos someten a preguntas sobre nuestro presente: «No basta con obedecer –se dice-, hay que amar al Hermano Mayor». O: uno «solo ama y se debe al Partido». Esta versión teatral de '1984' es espléndida en muchos sentidos, no solo por su carácter inmersivo sino también por la gran dirección que lleva a cabo Carlos Martínez-Abarca que sale airoso de un reto tan alto como llevar a escena el libro de Orwell y darnos momentos de una indudable brillantez. En esta obra, concebida como una gran épica de nuestras pesadillas políticas, no hay concesiones, todo suena a verdad dramática y busca que el público participe en ella.