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Abdu Salim: Noches de Sol

2026-01-30 - 02:15

Llegó a Sevilla en 1975 por primera vez, aunque no sería hasta 1983 cuando se quedaría con nosotros, interesándose rápidamente por el mundo del jazz en la ciudad , de la que no tardaría en ser un actante decisivo, tanto por su actividad docente como por la puramente musical, aunque el 'anclaje' decisivo llegaría de la mano de una sevillana del barrio de la Macarena, con la que tuvo dos hijos, Daahoud, a quien escuchamos este septiembre pasado y ahora acompañaba a su padre desde el piano, y una hija, a la que dedicó uno de los temas. Además de los conciertos, Abdu Salim fundó la primera escuela de jazz en Andalucía , que supuso un impulso decisivo al jazz en nuestra comunidad, asentándose en unas sólidas bases musicales, ya que Salim cursó sus estudios en la Texas Southern University de Houston (Texas). En Sevilla se vinculó al club Bebop de la calle Sol , que finalmente terminaría llamándose 'El Sol', donde pudo congeniar, tocar en grupos y aportar su conocimiento a los jóvenes sevillanos, hasta el punto de ser reconocido por cuantos músicos lo trataron como «el padre jazzístico de todos ellos», según recoge la web de la Asociación Apolo y Baco . En suma, el club se convirtió en un auténtico centro de experimentación. Ahora, a sus 76 años volvía a Sevilla, a ese centro de diversificación musical que es el Turina, en sexteto, algo que excedía de aquel Abdu Salim Quartet, o Quintet, a lo sumo. Pues ahora se ha convertido en Sextet, todo un lujo, aunque el maestro confesaba haber conocido al trompetista el día anterior al concierto, lo que de alguna manera nos da idea de lo que puede ser el jazz: una 'jam-session', donde los músicos son capaces de improvisar a partir de unas bases armónicas y rítmicas, sobre un tema dado, durante el tiempo de un concierto o de una noche entera, si hace falta. Había una base sólida, la de los Salim, acompañados por unos músicos excelentes. Abrían con el brillo de los metales y el saxo, apoyados por un piano que no paró en ningún momento, un contrabajo corpulento que lo llenaba todo, muy afinado, y también incansable, sobre un ritmo relajado e impulsivo, que daba la impresión de grupo de toda la vida. Abdu confesaba sentirse un tanto cansado, aunque sólo se le notó al presentar los pocos temas que quiso nombrar, como el ' The next blues' , en el que abrían de nuevo los vientos, tanto al unísono como homofónicamente, aunque presentaron la novedad de conjuntar a dúo el trombón con el contrabajo, resultando un momento sorprendente. Miguel Barrones es un buen trombonista , que aprovecha con frecuencia ese recurso de su instrumento que es el 'glissando', aunque a veces no articulara todo lo necesario para seguir la improvisación, si bien fueron momentos contados. Como decimos, el contrabajo de Javier Delgado mantuvo un nivel de equilibrio, a pesar de que no cejó en ningún momento y ni aún así se atisbó su cansancio. Fueron interrumpidos por un acorde de una nota entre una sección y otra de gran brillo e inesperados. También otro recurso que rompía cualquier atisbo de monotonía era doblar el tiempo, de manera que resultara más animado, como el que usaron para recibir la improvisación de la trompeta. Y aún quedó tiempo para oír el único solo (creemos recordar) del contrabajo. El siguiente tema era el bellísimo 'Elegante' que, efectivamente, lo era sobre un ritmo tranquilo y con el sexteto bien proporcionado, con la novedad de oír al líder sustituyendo el saxo por la flauta travesera , lo que suponía un refresco tímbrico y la oportunidad de oír a Abdu en su dominio del instrumento. Pura seda, calidez, poder evocador y él solo, sin el resto del viento. Resulta que su hija toca el saxo, como él, y para ella iba el 'Amirah's dance' . Aunque empezaba improvisando el trombón de Barrones, fue primero el padre, de nuevo con el saxo (en un momento hizo un guiño al 'Tico-tico'), el que llevó al conjunto a doblar el tiempo para dar paso a Daahoud Salim quien ofreció a su hermana una improvisación, limpia, clara e inspirada, que sirvió para cerrar el tema. 'Salaam Salim' fue quizá la mejor balada de la noche, con la distinción con que podía hacerla Duke Ellington , sólo que aquí la big band quedaba en un conjuntado y proporcionado sexteto, en el que nos encantó la suavidad del toque de Nacho Loring , esta vez con el oscuro, pastoso y seductor fliscorno. Por su parte, la improvisación de Daahoud tuvo un momento hipnótico al mover los cinco dedos en pequeños y progresivos cambios, cuyos colores resultantes diríamos tornasolados. También él tenía derecho a un tema de su padre, 'Du's Dues blues' , que comenzó con la batería en solitario y siguió el tema en el que, sobre la línea percusiva, se imponían 'haces' de sonido lanzados como rayos sincopados de un golpe, dos seguidos y un regreso cromático. Pero hemos de quedarnos una vez más con la improvisación que Daahoud, a la que le siguió la de Loring, de nuevo con la trompeta, de hermosísimo sonido y de variedad de dibujos melódicos y matices dinámicos para no aburrir; luego, el trombón y sus 'glissandi', para terminar con el patriarca, que 'regaló' una hermosa improvisación, a pesar de su 'cansancio'. Esta sucesión de cortas improvisaciones era la primera vez que lo hacían, suponemos que a modo de dedicatoria. Habló Abdu para el tema siguiente de dedicar a unos amigos de Sevilla que le ayudaron en sus composiciones. Para él ahora recurría a un clarinete muy especial, ya que la parte grave sonaba a otro instrumento (de hecho, ya el tudel no era wl habitual). Una vez expuesto el tema fue pasando de un instrumento a otro a una distancia corta entre sí. Al llegar a Daahoud, el tema se movió a ritmo de salsa brevemente. Al finalizar el concierto, pasó de entrar y salir para saludar, eximiéndose del 'paseíllo' habitual, y propuso él mismo pasar directamente a la propina , al tema que acaso nos resultó el más redondo de la velada: 'Urgent' (no sabemos si por terminar pronto, aunque se le veía feliz, la verdad). Por cierto, fue dando las entradas para comenzar cada tema en francés (no sabemos si sigue viviendo en Toulouse), pero el español no se le ha olvidado. Y como decíamos, el trompeta se despidió con una improvisación formidable, a la vez que la de papá Salim lució más fluida y aterciopelada que nunca, pero también vibrante, ilusionada; al batería lo dejaron para que hiciera un breve solo, por lo que no pudo ser tan intenso, aunque al final terminó con 'cortes', en los que los demás aprovechaban para lanzar acordes/rayos, jugando con los huecos que dejaba el batería, mientras que Daahoud se fundió humildemente con los demás.

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