Al Asad, Maduro o Jamenei: Putin ve caer a sus aliados mientras continúa con la invasión de Ucrania
2026-03-02 - 05:23
"Al Asad, Maduro y ahora Jamenei. Putin ha perdido a tres de sus mejores amigos en poco más de un año. Tampoco ha ayudado a ninguno de ellos". Con ese mensaje puso este domingo en evidencia la situación de Vladimir Putin el ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Andrii Sybiha, en un 'dardo' que ejemplifica bien la situación ahora mismo de Rusia: el Kremlin sigue con su ofensiva sobre Kiev mientras van cayendo sus aliados internacionales sin que Moscú tenga margen de maniobra, ni sobre el terreno ni fuera de él. Sobre lo sucedido en Irán, Putin fue muy directo, pero también discreto en su reacción. "El asesinato del Líder Supremo de la República Islámica de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, así como la de miembros de su familia, ha sido cometido en cínica violación de todas las normas de la moral humana y el derecho Internacional", esgrimió en un comunicado compartido por el Kremlin. Pero nada más. El régimen islamista no ha tenido el respaldo de su socio más relevante. Entre potencias va la cosa y Rusia no se ha plantado frente a EEUU en este sentido. Y no es la primera vez. En los últimos meses, el Kremlin ha visto cómo varios de sus principales socios políticos se han desplazado fuera de su órbita de influencia. La caída -o muerte- de figuras como Nicolás Maduro en Venezuela y ahora Jamenei en Irán dejan a Moscú confrontado con la percepción de una pérdida de apoyos en regiones clave. La prioridad absoluta que ha puesto en la guerra de Ucrania ha absorbido recursos y atención, limitando la capacidad rusa de actuar en otros frentes diplomáticos y estratégicos. En enero la Administración Trump derrocó y detuvo a Maduro sin que Rusia moviera un dedo. En aquel momento la reacción de Putin fue escueta, pidió la liberación del expresidente venezolano y de su esposa... y poco más. Muchas palabras y pocos hechos. Rusia dijo entonces que mantenía su apoyo incondicional "a las autoridades constitucionales de Venezuela en la protección de la soberanía estatal y los intereses nacionales". Ese discurso quedó como algo bastante neutro, alejado de una acción que se podía esperar de un socio. "En las circunstancias actuales, celebramos la determinación del gobierno bolivariano de garantizar la unidad política interna, mitigar los riesgos de una crisis constitucional y crear las condiciones necesarias para un mayor desarrollo pacífico y estable", concluyeron. Desde entonces, silencio. Antes de Irán y Venezuela en Siria también quedó Vladimir Putin con las manos atadas. Allí pasó Rusia del todo a la nada; de cambiar el rumbo de la guerra civil a, otra vez, quedarse callada cuando se derrocó al dictador. En septiembre de 2015, el Kremlin lanzó una intervención militar directa que incluyó bombardeos aéreos, asesoramiento estratégico y el despliegue de fuerzas especiales para apuntalar a un régimen que entonces perdía terreno frente a rebeldes y yihadistas. Moscú no solo garantizó la supervivencia política de Al Asad, sino que consolidó su presencia en el Mediterráneo oriental mediante bases como la de Tartús y Hmeymim, reforzando su papel como actor imprescindible en el tablero sirio. Además del apoyo militar, Rusia utilizó su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU para bloquear resoluciones contrarias a Damasco, blindando diplomáticamente a su aliado frente a sanciones y presiones internacionales. Después la movilización popular y de grupos extremistas cambiaron la Historia y Asad acabó, como se podía esperar, en Rusia. En ese caso la falta de apoyo militar y operativo en el momento más delicado del régimen se suplió con una especie de asilo para su líder. Quizá el siguiente paso en el mapa global sea Cuba, y será de nuevo un momento clave para Rusia. Acabar con el régimen castrista parece el reto que vendrá en la Administración Trump y el sostén principal de la Habana es Moscú, sobre todo teniendo en cuenta el bloqueo estadounidense y europeo. Además, entra en juego el factor de que el cambio de rumbo en Cuba es una de las obsesiones del secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, que va ganando cada vez más peso dentro de la Casa Blanca y que ya apadrinó la operación contra Maduro con grandes resultados para los intereses de Washington. Moscú sí se ha acercado al Ejecutivo de Miguel Díaz-Canel, pero falta por ver qué pasaría en caso de ofensiva total estadounidense. ¿A qué se puede agarrar Moscú entonces? Quizá a tener a EEUU -pese a todo- de su lado en cierto modo en lo referente a la invasión de Ucrania. . Trump ha evitado responsabilizar exclusivamente a Moscú del conflicto, ha cortado la ayuda a Kiev y ha criticado duramente la estrategia de la OTAN. Al mismo tiempo, ha pedido a Volodimir Zelenski que se siente "lo antes posible" en la mesa para negociar, poniendo toda la presión sobre los ucranianos en lugar de mirar al invasor. El presidente estadounidense también ha 'rehabilitado' diplomáticamente a Putin con su reunión del verano pasado en Alaska. Esos movimientos dan aire a Moscú, al menos a la hora de ganar tiempo con unas negociaciones que según los expertos no interesan a Putin más que para distraer la atención. Trump tiene prisa, pero no cambia de estrategia, vista por sus detractores como una postura favorable a los intereses rusos. Mientras, sus aliados sostienen que se trata de un enfoque pragmático orientado a reducir costes y acelerar un acuerdo de paz. Putin también tiene el 'abrazo' de China. Pekín condenó el "inaceptable" ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán tras recordar que había un proceso diplomático abierto y ha planteado la necesidad de construir un "frente conjunto" a nivel internacional contra las "acciones unilaterales". Esa posición es parecida a la que tiene sobre Ucrania, pero más allá del discurso ha sido un gran sostén para Rusia desde el inicio de la invasión. Por ejemplo, en 2023 el intercambio comercial entre China y Rusia superó los 240.000 millones de euros, un máximo histórico y más del doble que en 2019; además, Rusia se convirtió en el principal proveedor de petróleo de China, superando a Arabia Saudí. De momento, el paraguas del gigante asiático parece ser el más importante... y casi el único para un Putin que tiene demasiados retos internos como para lanzarse a ayudar a sus socios internacionales.