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Alejandra Bárcena, psicóloga: "Ante los reproches no hay que defenderse, porque implica juicio, pero sí hay que poner un límite"

2026-01-25 - 21:05

Mantener silencio cuando aparecen las 'acusaciones' y los reproches en las reuniones con la familia (o con amigos) podría parecer la reacción correcta para evitar el conflicto. Sin embargo, "si decidimos callar, aunque creamos que el problema se esfuma, en realidad sólo estamos almacenándolo. Y guardarlo va añadiendo carga emocional no resuelta". Alejandra Bárcena, psicóloga, orientadora escolar y coautora del libro 'No te cases con tu madre ni con tu padre. ¿O sí?'. (ed. Círculo Rojo) tiene claro que si guardamos silencio ante los reproches "esa emoción no desaparece, sino que se va cargando en nuestra 'mochila invisible'. No se evapora, busca acomodarse en nuestro cuerpo". "El silencio mal gestionado tiene consecuencias peligrosas" En este contexto, en el de guardar silencio pase lo que pase, y nos digan lo que nos digan con la intención (a priori) de evitar discusiones que suban de tono y subidas de tono, para la psicóloga "va a tener dos salidas peligrosas: la implosión, y la explosión diferida". Por lo que se refiere a la implosión, la experta señala que "la rabia contenida no va a desaparecer, en ningún caso, sino que se dirige hacia nuestro interior. ¿Y cuáles son las consecuencias de callarnos cueste lo que cueste? "Que lo más probable es que este hecho se traduzca en ansiedad, tristeza o síntomas físicos preocupantes. El cuerpo acaba expresando de alguna manera lo que no decimos, eso es así". En cuanto a la explosión diferida, "vamos acumulando presión y, meses después, explotamos con una agresividad desproporcionada por algo pequeño, como que se quemen las tostadas. Esto pasa cuando nuestra parte más impulsiva toma el control porque ya no aguanta más. Por lo tanto, si no resolvemos estos temas, es probable que se repitan en la próxima reunión familiar, porque el patrón de relación sigue igual". "Es fundamental diferenciar entre 'defenderse' y 'protegerse'" Una vez se ha producido el reproche, Bárcena advierte que es clave saber distinguir entre defenderse y protegerse, puesto que la actitud ante ambos va a ser muy diferente. "Defenderse suele significar que sentimos un ataque y aceptamos sentarnos en el banquillo de los acusados de un juicio interno, mientras la otra parte ejerce la acusación. Es como si volviéramos a la infancia. Esto lleva a una pelea de 'tú más', en la que intentamos responder para demostrar que no tenemos la culpa. Normalmente, esto no ayuda. Hace que el conflicto crezca y nos cansemos aún más". Por eso, "lo mejor no es defenderse, porque eso implica entrar en ese juicio, sino poner un límite. La diferencia está en la emoción: defenderse suele venir de la rabia o el dolor, mientras que poner un límite viene de nuestra parte adulta y consciente". El consejo de la psicóloga es: "No hace falta responder a cada provocación. De hecho, hacerlo siempre agota mucho. Sin embargo, sí es importante parar lo que nos falte al respeto o nos haga daño. La clave no es ganar la discusión, es cuidar nuestra dignidad: 'Entiendo que veas las cosas así; al mismo tiempo, este comentario me duele y prefiero que hablemos con más calma en otro momento'. Así nos protegemos sin atacar de vuelta". La mejor estrategia para responder a los reproches Lo primero y más liberador es entender de dónde viene ese reproche que nos han hecho. "Cuando un familiar nos ataca, es probable que esté hablando de sus propias carencias o inquietudes, no de nuestra persona. Si mi madre o mi padre me dicen que 'nunca voy a verles', tal vez, en el fondo, están diciendo: 'me siento sola y me preocupa no ser importante para ti'. Entender esto ayuda a no tomárselo de forma personal. No te están hablando a ti, le hablan a su propia historia", dice la experta. Al responder, es frecuente caer en la trampa de dar rodeos o justificarse en exceso para 'suavizar' el límite, "pero eso suele generar confusión y restar fuerza al mensaje. Yo propongo una alternativa más honesta y directa, basada en dos pasos: la validación y tu necesidad o límite" Con la validación, "reconocemos la emoción o la intención de la otra persona para que baje sus defensas. 'Veo que sientes molestia y que te gustaría que pasáramos más tiempo juntos...'. En cuanto a 'tu necesidad' o límite, estamos expresando nuestra realidad con claridad, sin usar la palabra 'pero', porque eso anularía la validación anterior. Usamos el conector 'y'. '... y he decidido organizar mi tiempo con mi pareja y familia política de esta forma'. De esta manera, ambas realidades, la suya y la mía, pueden convivir sin anularse". "Hablar y poner límites es clave para tu autonomía emocional" Muchas personas podrían considerar que, si yo no voy a convencer 'al otro', ni viceversa, ¿qué sentido tiene hablar y darle vueltas? Aquí, Alejandra opina que "es probable que no consigas cambiar la mentalidad de tus padres o de tu familia política. Aun así, hablar y poner límites son pilares fundamentales para tu autonomía emocional". Y añade: "La salud emocional consiste en poder ser un 'yo' definido mientras estoy 'contigo'. Cuando expresas tu verdad, aunque nadie más la acepte, reescribes el guion y rompes un patrón de sumisión del pasado. Le dices a tu mente: 'ya no soy aquel niño o niña sin recursos que tenía que callar; ahora soy una persona adulta que se cuida'". El objetivo de la conversación, por lo tanto, no es llegar a un acuerdo, "sino autoafirmarse. Si la relación mejora, genial; si no, al menos tú has cambiado tu postura y has dejado de ser un personaje secundario en el drama familiar, para ser protagonista de tu vida". "La familia también es ese lugar donde se generan muchas de nuestras heridas" Aunque para muchas personas la familia es un refugio de amor y seguridad, "también es el lugar donde se originaron muchas de nuestras heridas. Si ese es tu caso, es normal que allí te cueste más mantener la calma. A veces volvemos a casa en fechas concretas y, en pocos minutos, nos sentimos como si volviéramos a tener diez años". Con el objetivo de salir más fuerte, "te propongo activar una mirada curiosa. Como si estuvieras viendo una película. En vez de reaccionar de inmediato, observa a tus familiares con algo de distancia: 'fíjate, ahí está mi hermano buscando aprobación' o 'mira cómo mi madre intenta controlar la situación'". "Cuando ves a cada familiar como alguien con sus propias limitaciones y heridas, y no como los gigantes de la infancia, el dolor disminuye. Salir fortalecido significa aceptar que son como son y que tu bienestar no depende de que cambien o te validen. Aceptar a la familia tal cual es y dejar atrás la familia ideal que quisiéramos es un gran acto de madurez", concluye la psicóloga.

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