Alejandra Requesens, Victoria Ibáñez e Iraide Rodríguez: llegar como una forma de vencer
2026-03-16 - 07:13
Había algo profundamente humano en su llegada a estos Juegos: no entraron por la puerta grande del pronóstico, sino por esa rendija imprevisible por la que a veces se cuelan los sueños cuando parecían ya archivados. Allí, donde el blanco de la nieve se funde con el azul acerado del cielo italiano, el tiempo se detiene para quienes han soñado con este instante entre apuntes de Bachillerato y oficinas londinenses. Una llamada, un billete, una maleta cerrada deprisa y la sensación extraña de que la vida, en un momento, acaba de lanzarte a tus primeros Juegos Paralímpicos. Y así, entre la nieve de Cortina y el ruido solemne de una cita que todo lo agranda, Alejandra Requesens junto a su guía Victoria Ibáñez e Iraide Rodríguez debutaron en los Juegos Paralímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 por invitación de última hora del Comité Paralímpico Internacional. España acudió a la cita con ocho deportistas —cinco mujeres y tres hombres, primera mayoría femenina de su historia invernal— en unos Juegos disputados del 6 al 15 de marzo, con 79 pruebas de medalla y seis deportes en programa. La llamada que detuvo el reloj Tanto Iraide Rodríguez como la pareja formada por Alejandra Requesens y Victoria Ibáñez se incorporaron a la delegación española el 23 de febrero, después de recibir sendas invitaciones nominales de la comisión bipartita formada por el Comité Paralímpico Internacional y la Federación Internacional de Esquí y Snowboard. Fue un giro de guion de los que obligan a rehacer la cabeza antes que la mochila. En el caso de Alejandra, además, significaba convertirse en la única representante española con discapacidad visual en el esquí alpino de estos Juegos. Alejandra Requesens ya había procesado la ausencia. Con la lista oficial publicada y su nombre fuera de ella, la desilusión se había asentado en una rutina de aceptación: "Yo como que ya lo daba por cerrado... había procesado que no íbamos y pues obviamente la desilusión y todo lo que eso conlleva". Sin embargo, el teléfono sonó y la sorpresa rompió el cristal de la resignación. "De repente me llega la llamada y, claro, muchísima sorpresa y, sobre todo, muchísima ilusión y alegría". A pesar de la falta de tiempo para una preparación específica, el bagaje de una pretemporada sólida le permitió afrontar el reto. Iraide Rodríguez, la benjamina de la expedición con apenas 17 años, vivió un episodio similar de incredulidad. Entre libros de texto y la presión de la EBAU, su entrenadora Esther le dio la noticia. "Le dije varias veces: '¿pero me estás vacilando?, ¿estás de broma?'. Dijo no, que es verdad". Solo cuando llegaron los billetes y las llamadas institucionales, la realidad de los Juegos se volvió tangible. Para ambas, la invitación no fue un regalo, sino el reconocimiento a años de lucha. El tamaño real de un debut Cruzar la villa paralímpica es enfrentarse a una logística y una infraestructura que, según Iraide, "supera las expectativas con creces". Pero la verdadera prueba aguarda en la cima. En el debut de Gigante, ambas esquiadoras tuvieron que gestionar un torbellino de emociones bajo la mirada del mundo. Alejandra, compitiendo en la categoría de discapacidad visual, confiesa que, aunque no se sentía nerviosa en el portillón, la magnitud del evento es "difícil de gestionar emocionalmente". A pesar de sentir que en la primera manga del Gigante le faltó dar más de sí, cerró su participación satisfecha, firmando una undécima posición que supo a gloria tras el esfuerzo realizado. Iraide, por su parte, lidió con los nervios que iban y venían como las rachas de viento en la montaña. En su disciplina menos predilecta, el eslalon, logró una histórica novena plaza. "Darte cuenta de que estás en unos Juegos y de hecho lo que me salió decirle a mi entrenadora fue: gracias Esther...". La satisfacción de Iraide no venía solo del puesto, sino de la capacidad de esquiar a su nivel en el escenario más grande del mundo. "Tienes la suerte al final de medirte con las mejores del mundo", reflexiona la joven esquiadora, quien ve en estos resultados una validación de su progreso técnico. Requesens e Ibáñez acabaron duodécimas en el gigante visual, con un tiempo total de 3:21.72, y también fueron duodécimas en el eslalon, donde firmaron 1:56.47. Iraide Rodríguez, por su parte, fue undécima en el gigante sentado con 3:11.26 y cerró su participación con una notable novena plaza en el eslalon, donde paró el crono en 1:54.45. Esquiar en plural En el caso de Requesens e Ibáñez hay, además, una belleza específica: la de un deporte individual que, por necesidad y por confianza, se convierte en una obra a dúo. El esquí para deportistas con discapacidad visual exige técnica, pero también algo más raro y más delicado: un idioma propio. Alejandra lo describe como una mezcla de "mucha confianza", "muchas horas de entreno" y una forma muy afinada de anticiparse la una a la otra. Quizá la imagen más precisa de esa relación la da la propia Alejandra cuando explica que tener a 'Vic' a su lado le ayuda "muchísimo" porque no se siente sola en el portillón. No es solo una necesidad técnica de visión, sino un pilar emocional. "A mí personalmente me ayuda muchísimo el tener una persona a mi lado que está exactamente en la misma situación que yo... tengo a mi amiga ahí al lado y lo vamos a hacer juntas". Juntas han convertido un deporte solitario en un proyecto de equipo donde se comparten tanto las alegrías de una meta cruzada como las dificultades de los errores en pista. Esta unión les ha permitido cerrar su debut "de diez", logrando duodécimos puestos que rompen una sequía de 16 años sin representación visual femenina en España. Bachillerato, medicina y la oficina de Londres Uno de los aspectos más reveladores de estas atletas es su capacidad para compaginar la élite con la vida civil. Mientras sus rivales internacionales a menudo se dedican exclusivamente a entrenar, Alejandra e Iraide mantienen un pie en el mundo laboral y académico. Alejandra vive en Londres y trabaja a tiempo completo, una realidad que le exige sacrificios: "Muchos viajes súper tarde, perder horas de sueño... perderte cosas con tus amigos, faltar a cumpleaños". Su empresa ha sido su principal apoyo, permitiéndole flexibilidad para entrenar, pero la diferencia de recursos con otras potencias es evidente. Iraide, a sus 17 años, representa la dualidad de la juventud ambiciosa. Ha sido admitida para estudiar Medicina, y su regreso de Italia no será para descansar, sino para enfrentarse a los libros. "Ahora nos vamos a casa... descansar, disfrutarlo con mi familia... y ponerme a estudiar que tengo la PAU en nada". Esta realidad subraya que, para estas deportistas, la montaña es una pasión que exige una disciplina de hierro trasladable a todos los ámbitos de su vida. Despojando a la discapacidad del titular Si algo une el discurso de Requesens y Rodríguez es el deseo de ser vistas, ante todo, como deportistas. Existe una crítica velada a la mirada simplista de la sociedad que a menudo antepone la discapacidad al logro atlético. Alejandra es contundente: "Da la sensación de que muchas veces cuando se habla de nosotros es la discapacidad lo primero y el deporte lo segundo... la noticia tendría que ser que somos deportistas". Para ella, la discapacidad debería ser lo secundario en el relato mediático. Iraide coincide en que todavía persiste un cierto paternalismo social. "Hay mucha gente que sigue viendo el deporte paralímpico como: 'bueno, mira, pobrecitos, déjales que hagan así un poco de deporte'... Hay gente que no ve que de verdad nos esforzamos exactamente igual que los olímpicos". Ambas deportistas abogan por una mayor visibilidad que no se limite al ciclo paralímpico. Da la sensación de que muchas veces cuando se habla de nosotros es la discapacidad lo primero y el deporte lo segundo... la noticia tendría que ser que somos deportistas" El invierno que España todavía debe construir Sus voces también sirven para leer el momento del deporte paralímpico de invierno en España. La delegación llegó a Milán-Cortina con ocho deportistas, su mejor cifra reciente, y se marcha reforzada por el impacto competitivo de Audrey Pascual, que ha firmado cuatro medallas —dos oros, una plata y un bronce—, además de devolver a España al medallero paralímpico invernal por primera vez desde PyeongChang 2018. Pero el éxito visible no borra las costuras del sistema. Alejandra habla de pérdida de apoyo en el esquí alpino para personas ciegas, de categorías que antes reunían a diez o quince chicas y hoy apenas cuentan con una o dos. También recuerda algo tan prosaico como decisivo: el dinero. El esquí ya es caro de por sí; con discapacidad, más. Y en el caso visual, los costes se multiplican porque no compite una sola persona, sino dos. Iraide coincide en el diagnóstico: España "sigue teniendo deberes", y sin base, recursos y asociaciones que faciliten el acceso, no se puede construir una élite sólida. Por eso el valor de estas invitaciones no termina en la clasificación. Requesens, Ibáñez e Iraide no solo llenaron tres dorsales españoles en Cortina. También hicieron visible una frontera: la que separa el aplauso coyuntural de la apuesta estructural. Y esa, en realidad, es la carrera que España aún tiene por delante. El legado de los Dolomitas y el horizonte 2030 El debut en Milano-Cortina 2026 no es el final del camino, sino una confirmación de potencial. Para Alejandra, llegar aquí ha sido un hito personal y una dosis de motivación: "Ha sido una confirmación de que igual valgo más de lo que yo me creo... siempre es motivación para seguir mejorando". Aunque su futuro en la competición dependerá de cómo pueda compaginarlo con su vida profesional en los próximos cuatro años, el sueño de seguir luchando permanece intacto. Iraide ya tiene la vista puesta en los Alpes Franceses 2030. Su objetivo inmediato es clasificarse para la Copa del Mundo y seguir recortando distancias con las mejores del mundo. Ambas se marchan de Italia con la maleta llena de "aprendizaje" y el orgullo de haber representado a un país que, aunque pequeño en deportes de invierno, empieza a dar pasos agigantados gracias a su esfuerzo. En sus pensamientos al cruzar la meta, están los que ya no están, como el padre de Alejandra, fallecido en 2020, y las familias que han sostenido este sueño desde los primeros virajes en la infancia.