Alfonso Guerra excluye a Pedro Sánchez de su lista de líderes
2026-03-26 - 22:10
Cuenta Alfonso Guerra entre bromas que para una vez que lo fue, le han otorgado el premio Visionario, un reconocimiento creado por el Club Victoria de Sevilla que estrena nómina con el exvicepresidente del Gobierno socialista. Esa ocasión en la que se adelantó a lo que iba a ocurrir refiere a la elección de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno de una España que salía de la dictadura. El político sevillano dice haber sido el único en defender el acierto en la designación del líder de la UCD porque podría ser un buen «arquitecto», ya que se conocía muy bien el edificio y así lo escribió en el periódico 'El Socialista' que por entonces él dirigía. A juicio de Guerra, Suárez, considerado el 'padre' de la Transición (etapa en la que también ha valorado el papel del Rey Juan Carlos), es el mejor ejemplo de líder transformador en nuestro país, y «un claro paradigma de autorredención», según ha explicado en la charla que ha ofrecido este jueves con motivo de la recogida del premio. Al acto celebrado en el club de la Puerta Osario han asistido el portavoz del grupo municipal socialista y exalcalde Antonio Muñoz; el presidente del Ateneo de Sevilla, Emilio Boja; la decana de la Facultad de Filosofía, Inmaculada Murcia; el exrector de la Universidad de Sevilla, Miguel Castro y el periodista y académico de Buenas Letras Ignacio Camacho, así como varios empresarios. Durante más de una hora, quien fuera número dos de Felipe González ha detallado los diferentes tipos de liderazgo que se han ido dando en el siglo XX, dándole nombre y motivos. Con muchos de estos líderes pudo compartir experiencias el político sevillano a lo largo de su carrera. Sin embargo, cuestionado en el turno de preguntas tras la charla, Guerra no ha sabido clasificar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. O no ha querido. «Yo he escrito esto en otra órbita», ha dudado al principio para acabar resolviendo con que no era posible clasificar al actual líder del Ejecutivo. Cuestionado también por si puede ejercer un verdadero liderazgo quien no haya ganado unas elecciones, Guerra ha respondido que sí, poniendo ejemplos como los de Martin Luther King o Nelson Mandela. En el caso del socialismo español ha nombrado a Ramón Rubial. «A mi juicio, el liderazgo de verdad está basado en la 'auctoritas', la autoridad moral, el prestigio y el que los demás sepan reconozcan tu saber, más que en la 'potesta', derivado del cargo que ocupa, que se ostenta, de la jerarquía. La potestad suele terminar con el cargo, mientras que la autoridad puede perdurar en el tiempo indefinidamente después de haber abandonado la actividad por la que tenía poder», ha reseñado. El también académico de Buenas Letras, prefiere la segunda acepción de la palabra visionario y confiesa ser también realista, aunque «parezca una contradicción». Es esa realidad, de ese bagaje -a punto de cumplir los 86 años- de lo que se arma para construir esta interesante disertación. El contacto, «incluso amistad» con personas que se pueden considerar claramente como líderes, pero también el conocimiento adquirido a través de la lectura. En este sentido ha contado tres «incentivos» para realizar el estudio. El libro del exministro laborista David Owen 'En el poder y en la enfermedad', el del profesor emérito de Oxford Archie Brown 'El mito del líder fuerte' y el del excanciller alemán y Nobel de la Paz Willy Brandt, 'La locura organizada'. Guerra ha apuntado que en algunos casos le ha acompañado la suerte. Como cuando, casi aún adolescente, fue invitado a participar en un campo escuela de los jóvenes socialistas de Suecia. Allí conoció a Tage Erlander, primer ministro del país sueco durante más de cinco lustro y considerado el creador del Estado de Bienestar de los países nórdicos. Cosa parecida le ocurrió con el canciller austriaco Bruno Kreisky en una convención. «Pude comprobar que era un político muy brillante, muy eficaz y además de una humildad extraordinaria. Para mí era el modelo excelente de cómo practicar el liderazgo en compañía de los colaboradores», ha explicado el premio Visionario. O ya en el cénit de su trayectoria política, cuando se reunió con el secretario general del Partido Comunista y primer ministro chino Zhao Ziyang. El exvicepresidente distingue asimismo a otro tipo de líderes, los seductores, casilla en la que introduce a Fidel Castro y al propio Adolfo Suárez, grandes y largos oradores. Sobre el primero ha dicho: «Yo le he visto recibir a un nuevo embajador de un país europeo y el embajador salía de la conversación siendo más embajador de Cuba que de donde venía». De Jacques Delors, «el mejor presidente de la Comisión Europea», ha comentado que era un «hombre culto» que «sabía gobernar» y de Simón Pérez que era la «constancia pura». En su recorrido, Guerra ha confesado las difíciles conversaciones con Henry Kissinger, agravadas por la narcolepsia del político estadounidense. En una de ellas, cuenta, le explicó los porqués del profundo «antiyanquismo de España». Ha enumerado además a otros líderes que le han influenciado, no necesariamente políticos, del otro lado del Atlántico como los escritores Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Juan Rulfo o el expresidente de Chile, Ricardo Lagos, a quien ha calificado como el «gran presidente de los sudamericanos». «La idea de la democracia contemporánea de que un líder es mejor cuanto mayor control ejerce sobre su partido político y su gabinete, a mi juicio es ilusoria. Se tiende a calificar de débil al liderazgo colegiado, olvidando las ventajas de un liderazgo colectivo o laboral y teorema del axioma que algunos pretendemos mostrar y demostrar». En esa búsqueda por comprobar si los líderes democráticos son tan poderosos y si ellos pueden determinar los resultados electorales, Guerra ha hecho una clarificadora reflexión: «Hay muchos líderes políticos que se apropian de los éxitos y rechazan los fracasos, culpando a su entorno o a su secretario, o a sus muertos». En este sentido ha apuntado algunos de los grandes discursos pronunciados por los líderes que se han convertido en dirigentes para la historia y que, probablemente, no escribieron ellos. «Podríamos citar el discurso de Willy Brandt en Berlín, Fidel Castro, Nikita Khrushchev, John F. Kenneddy o Barack Obama». De igual forma, el exvicepresidente socialista ha explicado la definición de cesarismo político. «Se sostiene que en época de crisis o en época de guerra, se precisa un líder que inspire a los demás. A ese líder se le llama líder carismático. Pero este puede hacer mucho bien o mucho mal. Pensemos en Martin Luther King o Adolfo Hitler», ha dicho. A su entender, son los seguidores los que otorga el carisma al líder y la autoridad al dirigente. En su reflexión, Guerra ha cuestionado si el liderazgo individual es más eficiente que el colectivo. «Un líder que acumula poder tiende a pensar que él es imprescindible para todas las decisiones que haya que tomar. Así aparece el síndrome de hibris. En la antigua Grecia, este concepto servía para describir los actos de los poderosos que, ciegos por el exceso de confianza, trataban hasta a sus colaboradores con desprecio». En conclusión, un ego excesivo. «Se manifiesta el síndrome en una tendencia a no querer oír, despreciando las advertencias de los adversarios y de los colaboradores cercanos. Pronto, estos colaboradores resultan incómodos y se comienza a presumir de quedar rodeado solo de los que profesan una total conformidad con su parte de lo que llamamos hombre síes, los que nunca dicen no». Para Guerra esta es una afección que «nace y se desarrolla con la actividad en el poder». «Probablemente nunca se consiguió una acumulación de gobernantes afectados por el síndrome de hibris, como la que se produjo en una pequeña isla del Atlántico en el año 2003 (en alusión a la reunión de las Azores entre los líderes de Estados Unidos (George W. Bush), Reino Unido (Tony Blair) y España (José María Aznar)», ha reseñado el conferenciante.