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Ana Hernández, la española que opta al 'Nobel de la Educación': "Una alumna comprendió a Warhol gracias a Taylor Swift"

2026-01-31 - 07:15

Ana Hernández, madrileña de 50 años y profesora de Dibujo en el IES Julio Verne de Leganés, ha sido seleccionada entre los diez finalistas del Global Teacher Prize, conocido como el 'Nobel de la educación'. El galardón internacional, respaldado por la UNESCO, reconoce a los docentes que están transformando la enseñanza en todo el mundo. La gala se celebrará del 2 al 5 de febrero en Dubái, ciudad a la que Hernández viaja este sábado. Allí es donde se anunciará el ganador de un premio que está dotado con un millón de dólares. Aun así, Hernández quita hierro a la cifra y devuelve siempre el foco a sus alumnos: "Pensar en un millón de dólares es un concepto que yo no manejo en mi cabeza. Yo soy funcionaria, con mi sueldecito. Lo que me importa es el día a día con ellos", confiesa en una entrevista a 20minutos. Hernández forma parte de un grupo de 50 docentes finalistas de distintos países, elegidos por su impacto en contextos educativos muy diversos, muchos de ellos marcados por dificultades sociales. Y para la profesora española, el reconocimiento ya está en el propio proceso de selección. Cuando el aula dejó de funcionar como antes Doctora en Bellas Artes y licenciada en Psicología, su camino profesional no fue el más habitual. Mientras muchos compañeros buscaban salidas más lucrativas en plena bonanza económica, ella preparaba oposiciones. "Me decían: 'Tanto estudiar para acabar siendo profe de instituto?' Luego llegó la crisis de 2008 y muchos se quedaron sin trabajo. Entonces me decían: 'Qué suerte has tenido'. Y yo pensaba: ahora es suerte". Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó dentro del aula, cuando Ana sintió que la enseñanza tradicional ya no conectaba con su alumnado. "Me di cuenta de que yo no era suficiente para mis alumnos. Estaban desconectándose de la escuela y pensé: parte de la responsabilidad es mía, ¿qué puedo hacer yo diferente?". La respuesta surgió casi por casualidad, al escuchar a una compañera de Historia explicar el Museo del Prado mientras ella hablaba de Goya en clase de Dibujo. Decidieron unir fuerzas y aquella colaboración puntual acabó convirtiéndose en un proyecto de ‘codocencia’ en el que en la actualidad seis profesores de distintas materias trabajan de forma conjunta con casi un centenar de alumnos. Arte, música, historia, literatura, ciencia y matemáticas se entrelazan en un aprendizaje con sentido. "Como aprenden conectado, comprenden lo que estudian. Y cuando entiendes algo, ya no lo memorizas para vomitarlo en un examen: se te queda". Cultura, emoción y referencias para sus alumnos Su metodología parte de una idea clara: el conocimiento necesita contexto y emoción. Por eso, en sus clases, Francisco de Goya puede convivir con Rosalía, con referentes musicales actuales o con escenas de series que el alumnado conoce bien. El objetivo no es solo analizar una obra, sino entender las emociones que transmite: "No hablo solo de quién ejerce la violencia en un cuadro, sino de cómo te sientes justo antes de que ocurra algo terrible. Ese silencio, esa tensión... Eso lo entienden si lo conectas con la música o con una serie que ven", cuenta Hernández. Ese renovado enfoque ha transformado la implicación del alumnado: "Son tremendamente solidarios, empáticos y con un sentido de la justicia maravilloso. Ellos me enseñan todos los días". Para la candidata al 'Nobel de la educación' también ha cambiado el papel del profesorado. "Ahora somos diseñadores de recursos educativos, aunque nadie nos haya enseñado a hacerlo". Primero se decide qué se quiere evaluar realmente y después se crean situaciones de aprendizaje donde el estudiante pueda demostrar comprensión profunda, no simple repetición de contenidos, relata a este medio. El trabajo en equipo entre docentes se ha convertido en otra de las claves y los resultados, según Hernández, se notan incluso en las notas. Así, cuando se les pregunta a los alumnos por qué ahora rinden mejor, muchos responden: "Ahora lo aprendemos conectado y nos cuesta menos estudiar". Una anécdota resume bien el impacto de la forma de enseñar de Hernández. Durante uno de los conciertos de la cantante Taylor Swift en Madrid, una alumna la llamó -de forma emocionada- para decirle: "Profe, ahora viendo este concierto entiendo un poco mejor a Warhol". Para la docente, ese momento demuestra que el aprendizaje ha salido fuera del aula y se ha convertido en una herramienta para interpretar la realidad. Por eso insiste en despertar la curiosidad, fomentar la investigación y evitar que las asignaturas se vivan como compartimentos estancos: "Tienes que darles sentido a las cosas". Desterrar la etiqueta de "malos alumnos" Por otra parte, la profesora madrileña también es muy clara con el lenguaje que se usa en educación. "El simple hecho de decir 'malos alumnos' ya es un problema. Es una expresión que tenemos tan metida en el lenguaje que casi no la cuestionamos, pero no es justa. Yo no creo que existan malos alumnos". Además, recuerda que muchos estudiantes arrastran situaciones personales y sociales complejas, y que la adolescencia ya es por sí sola una etapa difícil. Por eso defiende escuchar, respetar y no dar a nadie por perdido: "Yo no creo que seas un desastre. Puede que hasta ahora hayas tenido comportamientos incorrectos, y eso hay que trabajarlo, pero eso no define quién eres ni tu futuro." Si finalmente ganara el millón de dólares, no sueña con lujos personales. Solo piensa en comprar mobiliario escolar: "Mis alumnos trabajan en grupo, pero están sentados en sillas de pala, pensadas para memorizar de forma individual. Es incoherente. Me gustaría comprar mesas y sillas de trabajo colaborativo". Aun así, deja claro que su proyecto seguirá adelante con o sin premio. "Si no me lo llevo, lo seguiré intentando poco a poco. El premio me da hasta vergüenza a veces. Me parece una locura". Por último, defiende un cambio más amplio en la profesión docente: menos aislamiento y más colaboración. "No puede ser que el modelo siga siendo un profe solo con 30 alumnos y la puerta cerrada. Eso está obsoleto. La educación va hacia colaborar, coordinarse y aprender también entre profesores". Su presencia entre los finalistas del Global Teacher Prize no solo reconoce su labor individual, sino que pone el foco en la escuela pública y en una manera de enseñar donde las materias dialogan y el alumnado encuentra sentido a lo que aprende.

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