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Anatomía canina: por qué algunos perros tienen las orejas tan largas

2026-02-05 - 06:15

Erguidas, caídas, en rosa de botón, en forma de murciélago o plegadas hacia delante. Las orejas de los perros no solo son uno de sus rasgos más reconocibles, sino también una de las partes del cuerpo donde más claramente se refleja la enorme diversidad morfológica creada a lo largo de miles de años de convivencia con los humanos. Durante décadas, la ciencia ha estudiado qué determina si un perro tiene las orejas levantadas o caídas, pero había una pregunta que aún seguía sin respuesta clara sobre qué explica que, dentro de las orejas caídas, algunas sean cortas y otras tan largas que rozan el suelo, como ocurre en razas como el basset hound. Un estudio genético a gran escala ha empezado a despejar esta incógnita. Investigadores de la Universidad de Georgia han identificado una región concreta del genoma canino que desempeña un papel clave en la longitud de las orejas, un hallazgo que no solo ayuda a entender mejor la diversidad física de los perros, sino que también abre la puerta a futuras investigaciones sobre salud y enfermedades hereditarias. Un estudio con miles de genomas caninos El trabajo se basa en el análisis genético de más de 3.000 cánidos, incluidos perros de distintas razas, lobos y coyotes. El objetivo era localizar qué variantes del ADN están asociadas específicamente al tamaño de las orejas, independientemente de si estas son erguidas o caídas. Para sorpresa de los investigadores, el factor más relevante apareció cerca de un gen llamado MSRB3, que ya era conocido por su relación con la audición en humanos. Algunas mutaciones en este gen se han vinculado, de hecho, a pérdida de audición en personas, lo que añadió un interés adicional al hallazgo. Hasta ahora, MSRB3 se había relacionado sobre todo con la posición de las orejas (erguidas o caídas), pero el nuevo estudio muestra que también influye en su longitud. No es un solo gen, sino una combinación Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que desmonta la idea de un único gen para las orejas largas. Según explican los autores, la forma final de la oreja depende de una combinación de variantes genéticas situadas en la misma región del cromosoma 10 canino. Por un lado, existen variantes que determinan si las orejas serán erguidas o caídas. Pero, sobre esa base, hay una variante adicional que actúa como modulador del tamaño y es la que decide si la oreja caída será corta, media o muy larga. Este hallazgo ha sido especialmente llamativo porque el análisis se centró inicialmente solo en perros con orejas caídas. Aun así, dentro de ese grupo aparecían diferencias genéticas claras que explicaban por qué algunos perros desarrollan orejas mucho más largas que otros, incluso dentro de una misma raza. Evolución, clima y selección humana En la naturaleza, el tamaño de las orejas está relacionado con funciones como la termorregulación, y los animales que viven en climas cálidos tienden a tener orejas más grandes, porque les ayudan a disipar el calor, mientras que los de zonas frías suelen presentar orejas más pequeñas para conservarlo. Sin embargo, en los perros domésticos este patrón natural se ha visto amplificado y a veces distorsionado, por la selección artificial. A lo largo de generaciones en las razas puras, los criadores han favorecido rasgos físicos concretos, ya fuera por su utilidad funcional o por motivos estéticos. Las orejas largas de razas como el basset hound o el beagle se han asociado tradicionalmente a la caza, ya que se cree que ayudan a canalizar los olores hacia la trufa. En otros casos, como el del bulldog francés y sus orejas de murciélago, la función ha quedado en un segundo plano frente a la apariencia. Cuando la genética estética se cruza con la salud Aunque el estudio no se centra directamente en enfermedades, sus autores subrayan la importancia de identificar qué regiones del genoma están siendo seleccionadas de forma intensa en determinadas razas. Comprender estos mecanismos puede ayudar a interpretar correctamente otros estudios genéticos relacionados con patologías hereditarias. Si un mismo gen o región genética influye tanto en la apariencia física como en funciones biológicas importantes (como ocurre con el MSRB3 y la audición), seleccionar de forma sistemática ciertos rasgos podría tener efectos secundarios no deseados. Por eso, los investigadores destacan que conocer estas variantes permitirá, en el futuro, desarrollar pruebas genéticas más precisas y ayudar a reducir la incidencia de enfermedades asociadas a determinadas combinaciones genéticas, sin necesidad de renunciar a la diversidad morfológica. Un rasgo visible de una historia compleja Las orejas de los perros son uno de los ejemplos más claros de cómo genética, evolución y selección humana se entrelazan. Lo que a simple vista parece solo una cuestión de longitud o estética es, en realidad, el resultado de múltiples variantes genéticas actuando en conjunto a lo largo del tiempo. Y, como suele ocurrir en genética, cuanto más se investiga, más evidente resulta que detrás de cada rasgo hay mucho más que una simple respuesta. Referencia: Identification of genetic variants associated with ear length in drop-eared dogs. Leigh Anne Clark et al. Scientific Reports (2025)

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