Animales en verso: cuando la poesía mira a quienes conviven con nosotros
2026-03-21 - 07:40
Cada 21 de marzo se celebra el Día Mundial de la Poesía, una fecha impulsada por la UNESCO en 1.999 durante su Conferencia General en París. El objetivo, además de rendir homenaje a un género literario, busca también reivindicar la diversidad lingüística y dar visibilidad a lenguas en peligro de desaparición, utilizando la poesía como vehículo de expresión y resistencia cultural. Desde entonces, la jornada se ha convertido en una oportunidad para volver a textos conocidos y descubrir otros nuevos y en una tradición que atraviesa épocas, estilos y geografías. En ese recorrido, los animales han ocupado un lugar persistente como presencias concretas que acompañan, reflejan e interpelan a quienes escriben. Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez Juan Ramón Jiménez (1881-1958), premio Nobel de Literatura en 1956, construyó con Platero y yo una de las obras más reconocibles de la literatura española. Aunque no es un poemario en sentido estricto, su prosa poética ha fijado una de las imágenes animales más perdurables del siglo XX. “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal... Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel... Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra... Cuando paseo sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo: —Tien’ asero... Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.” Oda al gato, de Pablo Neruda Pablo Neruda (1904-1973), también Nobel de Literatura, dedicó varias de sus odas a animales cotidianos, entre ellas Un perro ha muerto. “[...] El gato, solo el gato apareció completo y orgulloso: nació completamente terminado, camina solo y sabe lo que quiere. El hombre quiere ser pescado y pájaro, la serpiente quisiera tener alas, el perro es un león desorientado, el ingeniero quiere ser poeta, la mosca estudia para golondrina, el poeta trata de imitar la mosca, pero el gato quiere ser solo gato y todo gato es gato desde bigote a cola, desde presentimiento a rata viva, desde la noche hasta sus ojos de oro. [...]” Perro, de Charles Bukowski Charles Bukowski (1920-1994) abordó la figura del perro desde su estilo directo y despojado, otorgándole una dimensión casi mítica en su aparente sencillez. “un solo perro caminando solitario sobre una acera caliente del verano parece tener el poder de diez mil dioses ¿por qué es así?” Niebla, de Rafael Alberti Rafael Alberti (1902-1999), también integrante de la generación del 27, escribió este poema durante la Guerra Civil, donde el perro aparece como compañero en medio del conflicto. «Niebla», tú no comprendes: lo cantan tus orejas, el tabaco inocente, tonto, de tu mirada, los largos resplandores que por el monte dejas, al saltar, rayo tierno de brizna despeinada. Mira esos perros turbios, huérfanos, reservados, que de improviso surgen de las rotas neblinas, arrastrar en sus tímidos pasos desorientados todo el terror reciente de su casa en ruinas. A pesar de esos coches fugaces, sin cortejo, que transportan la muerte en un cajón desnudo; de ese niño que observa lo mismo que un festejo la batalla en el aire, que asesinarle pudo; a pesar del mejor compañero perdido, de mi más que tristísima familia que no entiende lo que yo más quisiera que hubiera comprendido, y a pesar del amigo que deserta y nos vende; «Niebla», mi camarada, aunque tú no lo sabes, nos queda todavía, en medio de esta heroica pena bombardeada, la fe, que es alegría, alegría, alegría. A mi perro, de Vicente Aleixandre Vicente Aleixandre (1898-1984), miembro de la Generación del 27 y premio Nobel, escribió este poema desde una perspectiva casi metafísica, donde el perro se convierte en un puente hacia otra forma de comprensión. “Oh, sí, lo sé, buen “Sirio”, cuando me miras con tus grandes ojos profundos. Yo bajo a donde tú estás, o asciendo a donde tú estás y en tu reino me mezclo contigo, buen “Sirio”, buen perro mío, y me salvo contigo. Aquí en tu reino de serenidad y silencio, donde la voz humana nunca se oye, converso en el oscurecer y entro profundamente en tu mediodía. Tú me has conducido a tu habitación, donde existe el tiempo que nunca se pone. Un presente continuo preside nuestro diálogo, en el que el hablar es el tuyo tan solo. Yo callo y mudo te contemplo, y me yergo y te miro. Oh, cuán profundos ojos conocedores. Pero no puedo decirte nada, aunque tú me comprendes... Oh, yo te escucho. Allí oigo tu ronco decir y saber desde el mismo centro infinito de tu presente. Tus largas orejas suavísimas, tu cuerpo de soberanía y de fuerza, tu ruda pezuña peluda que toca la materia del mundo, el arco de tu aparición y esos hondos ojos apaciguados donde la Creación jamás irrumpió como una sorpresa. Allí, en tu cueva, en tu averno donde todo es cenit, te entendí, aunque no pude hablarte. Todo era fiesta en mi corazón, que saltaba en tu derredor, mientras tú eras tu mirar entendiéndome. Desde mi sucederse y mi consumirse te veo, un instante parado a tu vera, Pretendiendo quedarme y reconocerme. Pero yo pasé, transcurrí y tú, oh gran perro mío, persistes. Residido en tu luz, inmóvil en tu seguridad, no pudiste más que entenderme. Y yo salí de la cueva y descendí a mi alveolo viajador, y, al volver la cabeza, en la linde vi, no sé, algo como unos ojos misericordes”. Una de gatos, de Gloria Fuertes Gloria Fuertes (1917-1998) incorporó animales de forma habitual en su obra, muchas veces desde el humor y el juego lingüístico, sin perder de vista su carga afectiva. “El gato Pirracas vivía en el tejado. La gata Timotea con las patas se asea. La gata Timotea vivía en la azotea. “Bájate conmigo, gato”. “Salta gato, no seas pato”. “Tengo comida de lata” le dijo la gata. La gata y el gato tuvieron amistad. Y tuvieron gatitos, no faltaba más. Siete gatitos tuvo Timotea al calor de las siete chimeneas. Y Pirracas fue el gato más feliz de los castizos tejados de Madrid”. Una ballena es un país, de Isabel Zapata Isabel Zapata (1984) es una poeta, ensayista y editora mexicana cuya obra se caracteriza por una mirada atenta a la naturaleza y a las relaciones entre humanos y animales, desde una perspectiva contemporánea y reflexiva. “Las ballenas se parecen a nosotros. Lloran cuando secuestran a sus hijos, son 97% agua, cada familia habla su propio lenguaje, tienen caries, son polígamas, permanecen horas suspendidas en diagonal, acurrucadas unas sobre otras. Cuando sueñan, las ballenas forman delicadas flores de pétalos de carne. Hay una escultura ecuestre de Teddy Roosevelt a