Antonio Tejero, un mal recuerdo
2026-02-26 - 05:13
La muerte de un ser humano nunca debe ser motivo de celebración, pero siempre hay excepciones, y en algunos casos su pase al olvido deseado deja en el ambiente cierto ánimo de indiferencia dudosamente lamentable. Hacía bastante tiempo que el recuerdo de Antonio Tejero, el guardia civil que odiaba las libertades que tanto deseábamos y no dudó en arriesgar vidas y ansias colectivas para impedir que pudiésemos conseguirlas y disfrutarlas, ya no ocupaba nuestra atención. La realidad es que ya son muy pocos los españoles que recuerdan aquella noche del 23 de febrero de 1981, que mantuvo a España en tensión ante su intento armado por frenar una evolución difícil hacia la ansiada democracia, que la mayor parte de los españoles esperaban que pusiera fin a tantas décadas de dictadura, de terror y de persecución de nuestros derechos. Muchos españoles que ya participan del final de aquella etapa todavía no habían nacido y quizás hoy no venga mal recordarlo. Es poco lo que se puede añadir a la biografía de Tejero como militar fanático de un sistema de convivencia basado en el miedo a cualquier conquista en las libertades y la justicia. Puede decirse que, pasados sus 93 años que alcanzó, solo ha dejado un elemento de recuerdo, ya que no de admiración ni tan siquiera de respeto público, y ha sido la intentona por devolvernos a todos a un pasado de violencia y represión que casi nadie quería. Apenas pasará a ser perpetuado como el líder del intento de golpe del 23-F, una breve fecha triste de nuestra historia. Fue una fecha muy dura, en la que se arriesgaron vidas y se agolparon temores de los que muchas veces parece mejor olvidarse. Sin duda, aquellos minutos dramáticos constituyeron el motivo de vergüenza nacional más reciente. Por fortuna, sus propósitos fracasaron de manera rotunda, la democracia y la libertad, lejos de salir afectadas, siguieron adelante y cada vez con más fuerza. Hoy, en que Tejero apenas es un símbolo del último capítulo de la leyenda negra que lastra nuestra historia, ha terminado. Apenas cabe añadir el deseo de que descanse en la paz que intentó frustrarnos. Detrás de la imagen tan denigrada como la que representó a lo largo de estos años Antonio Tejero, la democracia, que consiguió salir airosa del grotesco atentado que lideró, nos ha cambiado la vida, recuperando nuestra vocación europeísta, poder gobernarnos con una Constitución moderna y progresar en todos los aspectos, incluida la modernidad que nos coloca entre los países más progresistas del planeta y sin duda de los que merecen mayor prestigio entre los demás. La muerte de Tejero ya no influye más allá del dolor de su familia, fue un simple peligro para nuestro presente.