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Apto para el microondas pero no para la salud: Greenpeace alerta de los microplásticos y tóxicos

2026-03-20 - 14:20

Abrir, calentar y comer se ha convertido en uno de los gestos cotidianos más extendidos en los hogares españoles. Rápido, cómodo y aparentemente seguro. Pero esa rutina tan normalizada podría tener un lado menos visible. Un informe reciente de Greenpeace alerta de que calentar alimentos en envases de plástico, incluso aquellos etiquetados como “aptos para microondas”, puede liberar cientos de miles de micro y nanoplásticos en cuestión de minutos. El documento, titulado Alerta: Microplásticos en la comida precocinada, revisa 24 estudios científicos recientes y apunta a un fenómeno preocupante. El calor no solo deforma el plástico; también favorece la liberación de partículas invisibles y de sustancias químicas potencialmente peligrosas que acaban directamente en los alimentos. Cocinas convertidas en laboratorios de ensayo “Las personas consumidoras creen que están tomando una decisión inofensiva cuando compran y calientan una comida envasada en plástico. En realidad, estamos siendo expuestos a un cóctel de microplásticos y sustancias químicas peligrosas que nunca deberían estar en nuestra comida ni cerca de ella”, ha declarado Julio Barea, responsable de residuos de Greenpeace. “Los gobiernos han permitido que las industrias petroquímica y del plástico conviertan nuestras cocinas en laboratorios de ensayo. Este informe demuestra que las afirmaciones corporativas de ‘apto para microondas’ no son más que fantasías”, añade. Los datos que recoge el informe ayudan a dimensionar el problema. Algunos experimentos han detectado entre 326.000 y más de medio millón de partículas liberadas en apenas cinco minutos de microondas. Una cifra que puede multiplicarse por siete frente a otros métodos de calentamiento como el horno. El tipo de plástico también influye. Materiales habituales como el polipropileno o el poliestireno liberan aditivos químicos al someterse a altas temperaturas. Entre esas sustancias se encuentran compuestos bien conocidos por la ciencia. Los bisfenoles, los ftalatos o las llamadas PFAS, apodadas “sustancias eternas” por su persistencia, se han relacionado en distintos estudios con alteraciones hormonales, problemas de fertilidad o enfermedades metabólicas. En total, se estima que más de 4.200 sustancias químicas potencialmente peligrosas están presentes en plásticos, muchas de ellas sin una regulación específica en envases alimentarios. Del envase a nuestro cuerpo Según la revisión de Greenpeace, al menos 1.396 de esas sustancias se han detectado en el cuerpo humano. La evidencia científica empieza a vincularlas con trastornos del neurodesarrollo, enfermedades cardiovasculares o diabetes tipo 2, aunque los expertos insisten en que aún queda camino para entender todos sus efectos a largo plazo. El problema se agrava con el uso cotidiano. Los envases reutilizados, envejecidos o rayados liberan más partículas que los nuevos. Y en paralelo, el consumo de platos preparados sigue creciendo. En España, aumentó un 3,8% en el último año, según datos del sector, impulsado por cambios en los hábitos de vida y la falta de tiempo. La comida de conveniencia ya no es una excepción, sino una norma que gana terreno incluso frente a la restauración tradicional. Este auge tiene su reflejo en la producción global. Los platos preparados mueven cerca de 190.000 millones de dólares y alcanzaron en 2024 un volumen de 71 millones de toneladas. Al mismo tiempo, los envases representan alrededor del 36% del uso total de plásticos, con previsiones de que su producción se dispare en las próximas décadas. La regulación avanza con lentitud El informe denuncia que las etiquetas como “apto para microondas” ofrecen una sensación de seguridad que no siempre se corresponde con la evidencia científica disponible. Para Greenpeace, el problema recuerda a crisis pasadas como las del tabaco o el amianto, donde las advertencias tardaron años en traducirse en medidas efectivas. “Nos están envenenando mientras intentamos alimentar a nuestras familias. El riesgo es evidente, hay mucho en juego y el momento de actuar es ahora. No podemos confiar en las promesas engañosas de las empresas y lobbies del plástico”, ha declarado Barea. “Los gobiernos deben actuar ya, mediante un Tratado Global sobre los Plásticos ambicioso que proteja la salud humana y reduzca la producción de plástico en origen”, concluye.

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