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ARCO 2026: la búsqueda del silencio entre la algarabía

2026-03-06 - 08:23

Aproximarse a las puertas de acceso a ARCOmadrid produce una extraña sensación. Se mezcla la expectación por encontrar propuestas innovadoras o desconcertantes, caminos artísticos que nos sorprendan, con la certeza de dar inicio a una ruta agotadora, a un gran atracón estético. El recorrido será más o menos ordenado, normalmente caótico, pero está asegurado retornar al punto de inicio hecho cisco al cabo de unas horas. Hay que elegir bien el calzado para afrontar una visión general de la feria. Tras las puertas del Valhalla, los guerreros fallecidos en combate se irán agolpando al cabo de las horas. La 'Grande bouffe' está a punto de comenzar. Los fuegos artificiales se disparan tras los primeros pasos. Galerías potentes como Thaddaeus Ropac, Thomas Schulte, Elvira González o Perrotin ocupan las casillas de salida, el lugar por el que todos los visitantes han de pasar. La jerarquía de la distancia al acceso. En el trasiego de gentes con quienes nos cruzamos en los primeros momentos, encontramos a Marta Rivera de la Cruz. "Venimos a realizar algunas adquisiciones para el Museo de Arte Contemporáneo", reconoce la Delegada de Cultura del Ayuntamiento de Madrid. "Lo que los técnicos de la comisión han determinado", recalca. En la Galería Elba Benítez está junto a Old Masters: Cézanne, de Oriol Vilanova (Manresa, 1980). Este artista presentará el proyecto Los restos en el Pabellón de España en la Bienal de Venecia que tendrá lugar en el mes de noviembre. La pieza adquirida es una chaqueta azul colgada de un clavo con postales de Cézanne asomando por un bolsillo, que una responsable despliega sin problema para comprobar que, efectivamente, se trata de ese pintor. Vilanova basa sus últimas creaciones en postales antiguas que ha ido recopilando, como testimonio visual de nuestra memoria. Cerca de ahí resuenan las proclamas de una protesta. Decenas de galeristas y algún artista solicitan una equiparación fiscal del mercado del arte en España y el resto de Europa. Adivinen quién se encuentra en una situación desventajosa. El IVA de las galerías de arte en España sigue gravando con un 21% las transacciones, mientras en otros países está en el 5 o 7%. La desigualdad es elocuente en un evento como ARCO, donde conviven en un mismo espacio galerías que aplican diferentes tasas por obras similares. "Es una protesta absolutamente lógica -reconoce Marta Rivera-. Para que el ecosistema de las artes plásticas aguante es necesaria una equiparación. Estamos haciendo que coleccionistas españoles compren sus piezas en el extranjero porque les resulta mucho más barato", concluye. María y Anna, de Fuga Gallery (Barcelona), dan la cara por los galeristas y lucen la chapa reivindicativa. No están presentes en ARCO, pero nos aseguran que el año próximo formarán parte de Opening, el programa en el que se incorporan nuevas opciones. Podemos afirmar que este asunto reivindicativo va a quedar vinculado a esta edición de ARCO 2026. Avanzando por algunas de las galerías internacionales presentes, que alcanzan más del 60% del total, llegamos a Galerie Lelong, una de las más prestigiosas del panorama actual, con sede en París y Nueva York. Su director, Tristan van der Stegen, nos muestra una radiante pieza: El sueño de Lucía de Jaume Plensa. "Está hecha en alabastro, un material transparente con apariencia de fragilidad. Es un poco como los seres humanos. Evoca la serenidad y la meditación", explica el director. En este maremágnum artístico encontramos otras instituciones que se interesan por lo que aquí se mueve. Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, reconoce que históricamente no existía conexión entre el arte contemporáneo y una colección centrada en clásicos modernos y pintura antigua, pero eso ha cambiado en los últimos tiempos. "Desde hace unos ocho años tenemos la colección de Francesca Thyssen, creada con nuevos medios como vídeo, performance e instalaciones; y también a Borja y Blanca Thyssen, centrados en la pintura contemporánea desde hace una década. Ellos son coleccionistas en activo y están coordinados con el museo para realizar sus adquisiciones, porque depositan allí sus obras. En el verano del año que viene se celebrará la primera exposición de su colección", confirma Solana. Siguiendo por el recorrido internacional, Esther Schipper es una de las galerías veteranas en ARCO. Lleva viniendo desde hace más de treinta años. Establecida en Berlín, París, Seúl y Nueva York, presenta pinturas coloristas como Mauerpark (2025), de Norbert Bisky, pero quizás la más llamativa sea una pieza conceptual del artista británico Ryan Gander. Untouched Ideas Machine, (2025). Funciona como los expendedores de tickets de la pescadería, aunque el aspecto es bien distinto porque se trata de una elegante chapa dorada, empotrada en la pared (la vemos en acción en el vídeo de apertura). En vez del número de turno ofrece una idea resumida en un breve texto. Son dos mil ideas que el artista estima no podrá llevar a cabo y las ofrece a cualquier interesado. "Nos habla de la mortalidad, de la limitación del tiempo, haciendo un juego también sobre la autoría”, nos aclara Violant Porcel, directora en España de esta galería. Si alguien se anima, cedo la idea que me asignó la máquina: POWERWALL CAST IN EXPANDING FOAM. Ánimo. Del plano que nos orienta en ARCO a un mapa de España, el histórico que reinterpreta el artista sudafricano William Kentridge en la galería napolitana Lia Rumma. Una reflexión sobre las rutas de la inmigración, plasmado por una sombra que arrastra un compás de navegación como si fuera un arado. Miradas que se cruzan en nuestro camino, tan poderosas como la de Hotline (2023), de Xenia Ausner, en Charim Galerie (Viena). Clásicos del siglo XX como un impresionante Rauschenberg que ha traído Thaddaeus Ropac: Bog song (Salvage), 1994. Un inquietante óleo de Alfonso Albacete, de 2024, en la madrileña Galería Fernández Braso. Las piezas que presenta Galería Maisterra son de figuras consagradas como Soledad Sevilla o Miguel Ángel Campano, pero también otras de jóvenes como Miguel Marina, al que el Museo Patio Herreriano dedica una exposición en Valladolid que, por cierto, acaba este domingo 8 de marzo. La Galería Max Estrella nos acerca una pieza y una realidad. La artista cubana Diana Fonseca la ha creado con trozos de pintura de las fachadas de La Habana. Una capital que vive una degradación insoportable desde hace demasiados años, bajo una tiranía indecente. Aturdidos por la caminata y los estímulos visuales, incapaces de limitar los estímulos con los que vamos topándonos, encontramos refugio en la trastienda de la Galería Elvira González tras bordear Esfera amarilla (1984) de Jesús R. Soto. Allí nos hemos citado con un artista de la talla de Juan Uslé, tan accesible como siempre, del que podemos ver algunos cuadros en diversas galerías. Conversando con él y con la propia galerista, ambos hacen hincapié en la equiparación del IVA y dan a entender que se trata de un problema endémico, independiente del color del Gobierno de turno, si es que algún color puede definirse allí. Quede aquí su enérgica petición, puntualizando Juan Uslé que no se basa en buscar un provecho personal, ya que él está representado por galerías en todo el mundo, sino que concierne especialmente a los jóvenes artistas para los que este tipo de trabas dificultan sus ventas y pueden llevarles al desánimo. En la charla, Uslé apunta claves que dan a entender el carácter de lo que estamos viviendo. "Las ferias son reuniones de carácter comercial e informativo, pero a los artistas no nos gustan. Tu obra se muestra en un contexto competitivo que puede resultar perjudicial". Efectivamente, estamos en una competición por captar nuestra atención. Los galeristas desembarcan con las piezas más poderosas para ejercer ese influjo, en ocasiones en una mezcolanza peligrosa. Uslé echa un vistazo al espacio que comparte su lienzo con una escultura de Juan Muñoz y una delicada pieza de Elena Asins, y reconoce que es un conjunto armonioso. "El diálogo funciona con estas dos obras, pero si te ponen al lado de una obra con sonido, con ruido, que se mueva, atiendes a lo que está vociferando y no a lo que te habla en silencio. El ruido de fondo que escuchamos en una feria resulta perturbador". La retrospectiva que el Museo Reina Sofía ha dedicado recientemente a Juan Uslé lleva a desgranar algunas otras reflexiones: "Los artistas somos gente inquieta. Estamos continuamente elucubrando cosas que luego intentamos hacer materialmente, pero mirar hacia atrás todo lo que has hecho es duro. Hay un componente de vinculación emocional muy fuerte al ver obras que trabajaste hace cuarenta años, por ejemplo. Recuerdas todo el contexto que te rodeaba". La mención a obras como Malatadas, que expone Jordi Pascual ahora en Madrid, aunque fuera de ARCO, rememora el tiempo en que residió en Nueva York. Despedimos al artista con el regusto de sus atinadas impresiones y buscamos la puerta de salida de ARCO 2026, con el plano de la feria ya casi deshecho. Siempre apasionante aunque extenuante, el recorrido por esta feria no permite sintetizar una conclusión de la edición que nos ocupa. Sería una osadía, porque están representados más de 1300 artistas que han aportado sus visiones a este caleidoscopio monumental de IFEMA, pero lo único importante serán aquellos tres o cuatro recuerdos que quedarán en nuestra retina, después de que nuestro cerebro se encargue de mandar a la papelera de reciclaje todo aquello que no merezca ser guardado. Algunas obras, encuentros y conversaciones como las aquí mencionadas, permanecerán.

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