'ARCO 2045. El futuro por ahora': el tiempo destensado
2026-03-04 - 12:13
Me siento con el desparpajo necesario y la voluntad delirante de salirme del surco o tocar con la lira destemplada para entregarme al bordo acto de parafrasear la 'Declaración de independencia del Ciberespacio': «En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No solo no sois bienvenidos, sino que tenéis el comportamiento de las rémoras. Por tanto, dejad paso libre, no toquéis nuestros velos sutiles porque aquí no ejercéis ninguna soberanía». Aquello que con tanta retórica anunciara John Perry Barlow se convirtió, en poco tiempo, en un panóptico libertario que, a la postre, nos ha convertido en hámsters sin escapatoria en la rueda de las viralizaciones. Evidentemente, el futuro que convoca la sección de ARCO es un presente que me atrevo a calificar como bizarro, signifique esto lo que buenamente sea. Las fronteras de lo artístico contemporáneo parecen no tener ya nada que ver, por sorprendente que suene, con la 'conducción algorítmica', como si todavía estuviéramos unos segundos antes del intermedio de la Supebowl de 1984. Incluso el 'Big Brother' es para nosotros algo que termina por derrapar en la obsolescencia del 'brother' para saludar a los colegas más cansinos. Boqueamos, como peces fuera del agua, en el 'por-siempre-ismo', tematizado por Grafton Tanner y, en el fondo, da igual emplazar lo que vendrá en 2045 o el lunes de la resaca post-ferial. Seguiremos atropellados por el 'más es más', continuaremos cumpliendo las profecías de la Ilustración Oscura. Mi recorrido por la sección de ARCO2045 ha tenido tres fases 'apresuradas': la lectura del 'texto' curatorial, el encontronazo con el montaje cuando propiamente no había otra cosa que 'el tenderete arquitectónico' y la revisión del 'work-in-progress'. Llegué a experimentar todas las fases que el psiquiatra japonés Kimura Bin describiera en su análisis de la temporalidad en relación con la enfermedad mental: 'post festum' (cuando las cosas han pasado ya que conduce a la melancolía), 'ante festum' (semejante a la experiencia del esquizofrénico, en una anticipación ansiosa) o 'intra festum' (una anómala plenitud que puede acarrear la neurosis obsesiva en la adherencia al presente o la epilepsia manifiesta como carencia que brota de una suerte de exceso). Entre la perplejidad hermenéutica, ausencia de obra o la inquietud de lo visto, podría elegir lo más socorrido: la descripción y la enumeración de los convidados. Vamos entonces a lo que permite una toma de tierra, por lo menos, 'nominal'. En la sección de 'ARCO2045: el futuro por ahora', comisariada por Magali Arriola y José Luis Blondet, se incluyen los siguientes artistas y galerías: Barbara Bloom (Capitain Petzel), Nicole Miller (Carlier/Gebauer), Alessandro Balteo-Yazbeck (Carmen Araujo), June Crespo (CarrerasMúgica), Alorra Calzadilla y Thomas Hirschhorn (Chantal Crousel), Ali Eyal/Helke Kabisch (Chertlüdde), Patricia Fernández (Commonwealth and Council), Rodolfo Abularach (David Noland), Candice Lin (François Ghebaly), Albert Serra (Mayoral), Sylvie Selig (Mor Charpentier), Paulina Olowska (Pace Gallery), José Luis Sánchez Rull (Pequod Co.), Liv Schulman (Piedras), Akira Ikezoe (Proyecto Ultravioleta) y Milena Muzquiz (Travesía Cuatro). Algunos de ellos, creadores consagradísimos, con muestras en grandes museos y presencia permanente en el 'bienalismo'; otros, emergentes con buen posicionamiento en el sistema. Y otros que aún no han conseguido un reconocimiento significativo. El futuro en este presente confusionista no tiene que tener la estructura de las aguas más puras imaginables. El barullo y la cacofonía son consustanciales a los eventos inerciales del «ferialismo». Lamento repetir una de mis letanías viejunas, pero es lo que honestamente debo escribir: no entiendo qué sentido puedan tener, a estas alturas de la 'jugada', estas secciones 'curadas' en ARCO. Si el Mercado ha conseguido 'normalizarse', todo esto son zarandajas o precarias formas de camuflar que había que vender, de alguna manera, algunos metros de los recintos de Ifema. Si algunos incautos todavía vienen hasta estos andurriales 'buscando lo nuevo', saldrán verdaderamente trasquilados. Aunque tampoco me desgarraré las vestiduras con estos 'ejercicios de decepción sistemática'. La sublimación debe, cuando el flipe es mayúsculo, encontrar una pauta de moderación. Lo que no tiene freno es la retórica curatorial que, en una dinámica tardo-surrealista, conecta no solamente un paraguas con una máquina de coser, sino también unas pinturas anodinas con unas cerámicas cuquificadas o una instalación escatológica. No pasemos pena por falta de palabrería. Ya tendrá todo el desbarajuste un tiempo de sedimentación en la Sala VIP donde algunos profesionales acamparán durante todas las jornadas: jornaleros de ARCO, artistas con el colmillo retorcido, 'international curators' residentes en Albacete, prescriptores de un 'prestigioso' coleccionista de vitolas de puros. En fin, la sección 'futurista' de ARCO, que hasta es 'resonante' (para aclararnos: está instalada en los dos pabellones), es un gozoso potaje de cuaresma en el que, como leo cada día en el gimnasio en el que me castigo, «no juzgamos». Regreso, en plan día de la marmota, al 'ropaje curatorial' y me entero de que han tomado en cuenta un vídeo que colgó David Lynch el 21 de agosto del 2020 en el que 'aclaraba' que llevaba gafas oscuras porque «el futuro que ve es brillante y luminoso». Con la que está cayendo, solamente podemos entender esto como un sarcasmo para no concluir que es la manifestación del cinismo o de la completa idiotez. También proponen «el déjà-vu como estrategia», una fórmula tan críptica que mejora el magnetismo de Uri Geller. Sonará rarísimo esta evocación de un tipo que doblaba cucharas. Os animo a adentraros en la 'meteorología' de esa sección del 'Futuro, por ahora'. Puede que hasta disfrutéis de esos velos tristísimos que compartimentan lo inhóspito o, en sintonía con eso que llaman «optimismo paradójico», comencéis a profetizar alguna 'buena nueva'. Mis sospechas hacen que experimente estas postrimerías precisamente como la lenta cancelación del futuro, como el estetizado y destensado modo del realismo capitalista.