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Arte "sostenible" en parajes naturales

2026-03-03 - 06:53

¡Qué difícil resulta categorizar el enunciado de esta hipótesis!, que en realidad son dos: el arte sostenible enriquece o sobra en los parajes naturales. Estos siempre componen una estampa artística, por lo que muestran o evocan. El conjunto formado no siempre es del agrado de todas personas, pues múltiple es la formación artística de cada cual. Hay quienes sienten un determinado paisaje en base a emociones previas; mientras que otras personas piensan en la conjunción. Los paisajistas holandeses del siglo XVII se detenían en el realismo, capturaban la luz natural como pocos lo habían hecho antes, se sentían emocionados por el paisaje local. Jacob van Ruisdael fue uno de los paisajistas más representativos del siglo XVII holandés. Pero la pintura está llena de paisajes naturales que enseguida se interiorizan; no solo pienso en Sorolla o en Pieter Brughel el Viejo. Hoy el paisaje ha decaído en su esencia. El incrementado viaje turístico a los enclaves naturales los ha desprotegido, como a aquel campo de amapolas de Zamora que fue arrasado por aparecer en las redes sociales. Demasiadas personas van y vuelven de un lugar único sin preguntarse sobre lo que es o puede ser. Si además hace buen tiempo, la luz y la temperatura son casi el único adorno del paisaje, no su biodiversidad con un decorado del aire despejado o globoso. Puede más el marco que la imagen artística. El paisaje que vamos a visitar pronto seguro que está promocionado. Hasta las web de periódicos serios marcan tendencia. Así llenan de curiosos ciertos lugares que mantenían interacciones no exageradas. Se dice que tras la pandemia se desató la vorágine viajante; como queriendo huir de las preocupaciones y laminarlas durante algún día de la semana. La necesidad de adornar debió llevar a colocar las tres esculturas El peine de los vientos de Chillida en San Sebastián; en verdad que con el tiempo lo natural, pleno de arte, ha acogido las esculturas metálicas, que parecen a la vez deseo y contrapunto. Emociona, al menos así me sucedió cuando estuve cerca de ellas y desde dentro miré hacia adelante y hacia atrás. Es una experiencia única estar en el centro de algo excelso y único; lo es el mar y sus aledaños, los son las construcciones que dibujan la ciudad. Porque muchos adornos adosados a los paisajes naturales tienen su cara y su cruz. Parece que se va extendiendo la tendencia a instalar obras de arte en entornos naturales; me temo que no ha habido antes una reflexión sobre las implicaciones ecológicas y culturales de dichas prácticas. Parece que se justificaba el “land art histórico y del arte ambiental” por su pretendida reflexión sobre la relación de la humanidad con la naturaleza. Aunque me causaba cierta intriga como se combinaban ambas en el Chillida Leku, cerca de Hernani; un lugar en el que debe sumergirse cualquier persona que quiera entender la relación entre naturaleza y arte espectacular. Siempre queda la duda de que muchas intervenciones contemporáneas, han sido impulsadas por fines comerciales o de entretenimiento. De ser así, corren el riesgo de minusvalorar la interacción y perpetúan (dejan ahí plantadas) actitudes culturales supuestamente perjudiciales hacia la naturaleza. Cabe citar, sin ánimo de crítica, la obra de Gisela Colon, The Future is Now, una instalación integrante de Desert X, en el desierto de Al Ula, en Arabia Saudí. También al artista sueco Karl Momen y su The Three of Utah, emplazada en Wendover, (Utah, EE.UU.). Quienes tengan más curiosidad pueden acercarse al libro Art Escapes. Hidden Art Experiences Outside the Museum, editado por Gestalten. Hay quienes ven en todo esto un fenómeno cultural de mercantilización de la naturaleza; algo así como un parque de diversiones o un escenario escénico. El caso es que la instalación de obras de arte en sitios naturales se ha vuelto cada vez más común. Parece ser que todo es consecuencia de cambios culturales, artísticos y ambientales más amplios. Es como la tarjeta de bienvenida a esas personas desconectadas con la naturaleza; para animarlas a entrar y ser parte de la misma. En un mundo dominado por la urbanización y la digitalización, muchas personas se sienten desconectadas de la naturaleza. En algunos lugares, se logra una conjunción seguramente deseada por los artistas. Configuran entornos únicos y en constante cambio que pueden influir profundamente en la interpretación y la experiencia de una obra de arte. No separadas, sino que da la sensación de que invitan a reflexionar sobre la relación entre la humanidad urbanita y la naturaleza sistémica. Incluso puede que las bellezas de ambas se superponen o complementan. Pocas personas calificarían como arte los molinos generadores de energía que “adornan” cada vez más espacios naturales. No solo cuenta la silueta del paisaje, sino sus afecciones a la flora y la fauna. Quienes la minimizan sostienen que las renovables tienen sus servidumbres. ¡Antes eólicas que depender de los combustibles fósiles!; aun a costa de instalarlos en lugares de protección natural específica, de figuras protegidas en la legislación europea. ¿Quizás piensan sus gestores en un hermanamiento entre futuro tecnológico y naturaleza? Me sacude la mente la imagen de los molinos en La Costa da muerte; Finisterre dónde casi nada es lo que parece. Hay pequeñas instalaciones, algunas temporales, que llevan consigo un mensaje de lo efímero; se integran con menos dificultad en una interpretación afectiva del lugar visitado. Estoy pensando en unas referencias de Hinojosa de Jarque (Teruel) promovidas por mi amigo el escultor Florencio de Pedro o en aquellas de Hecho (Huesca), que se han querido convertir en museos de arte contemporáneo al aire libre. En ambos casos fueron el resultado de estancias de artistas en las localidades. Gente sensible que quería mimetizarse con el territorio, en donde la despoblación lo dejó yermo. Hay otros ejemplos por España y Europa, pero estos sirven como muestra de una actitud diferente. Sin duda, el mejor lugar para las instalaciones artísticas, incluso aquellas concebidas para fomentar la apreciación de la creciente depredación de la naturaleza, sea en las inmediaciones o dentro de los asentamientos humanos. Allí son accesibles para muchas personas, sin causar alteraciones involuntarias en los hábitats naturales. El Arco del Triunfo parisino forrado con 25.000 metros cuadrados de tela de polipropileno reciclable de color plata con reflejos azulados,que soñó el artista búlgaro Cristo. Lo veía como un proyecto temporal sujeto a múltiples interpretaciones, como los anteriores forrados del Reichstag alemán o Le Pont Neuf; muchas lecturas de

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