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Artesanos y vendedores del damasquinado a mano celebran la designación como BIC: "Es esencial que se identifique el tradicional"

2026-01-31 - 07:15

La tienda de Julián Simón, en pleno casco histórico de Toledo, es, prácticamente, un museo dedicado al arte del damasquinado, un laborioso y antiquísimo trabajo artesanal, típico de la Ciudad de las Tres Culturas, que el 14 de enero fue declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Castilla-La Mancha. "Es un reconocimiento, no un premio", reconoce Julián con orgullo a 20minutos, en referencia a una vieja reivindicación de artesanos y comerciantes del damasquinado que, por fin, se ve cumplida, aunque con algunos matices. Con la ilusión y el orgullo de quien lleva toda la vida dedicado al damasquinado, Julián explica a este medio todo el proceso por el que una pequeña placa de acero blando se convierte en un auténtico tesoro: tras un baño en ácido, se forma sobre ella el dibujo deseado con hilo de oro de 24 quilates de forma extremadamente minuciosa. Después, se rellena el contorno con láminas también de oro, se comprime todo con un martillo y se mete la placa en un baño con sosa cáustica y nitrato de potasa, lo que da al acero un color negro casi azabache. Por último, con cinceles de diferentes puntas, se van "sacando brillos" al dibujo para dotar de detalles el trazo. El resultado: joyas, pendientes, colgantes y adornos de gran belleza y valor. Al menos, en teoría. Julián muestra una pieza, de motivos florales. "Las más sencillas de hacer, ya que siempre están bien independientemente de la ubicación del dibujo", explica y añade: "Conlleva seis horas de trabajo del artesano". "¿A cuánto se vende? A 74 euros. Y esa es la clave. Nadie quiere hacerlo a mano, porque el producto se vende demasiado barato para el tiempo que conlleva", apostilla. Un problema, continúa, que se agrava en función de la complejidad del dibujo: "Cuando es geométrico, es más especial: tiene más trabajo, más técnica, y, por tanto, más precio". Esta es solo una de las causas por las que el damasquinado hecho a mano es una técnica en peligro de extinción. La tienda de Julián es, de hecho, una de las dos únicas que quedan en Toledo que solo los venden hechos a mano. El elaborado a máquina, y técnicas de imitación como el damasquinado de electrolisis, han ganado fuerza en el mercado como producto más barato pese a su menor calidad y menor valor artesanal. Julián avisa, incluso, de la confusión de términos: "El damasquinado, como tal, es hecho a mano; luego con el hecho a máquina se usan términos como manufacturado, o artesanal, que pueden confundir". "Manufacturadas pueden ser muchas cosas. Algo hecho a máquina y completado a mano puede venderse como 'manufacturado', se tergiversa la idea", coincide desde su taller José Antonio Esteban Mateos, artesano de damasquinado y dueño de la otra tienda que continúa vendiendo solo damasquinados a mano. Actualmente, se estima que cerca del 70% del damasquinado de las vitrinas toledanas es de máquina, por un 30% de piezas a mano que se mantienen en los expositores. "No se trata de souvenirs: son joyas, no bisutería" La tienda de Julián es uno de esos lugares, tan frecuentes en Toledo, que parecen anclados en el tiempo. Los damasquinados artesanales y las típicas espadas toledanas llaman poderosamente la atención de los turistas cuando pasan por delante del comercio. Mientras atiende a este medio, entran dos visitantes chinas. El comerciante, a través de una app de traducción simultánea, las atiende explicándoles con todo detalle la técnica y la historia del damasquinado. "No se trata de souvenirs: el damasquinado es joya, no bisutería", cuenta. "Es algo que te pondrías en una boda, en una ocasión especial, algo que colocarías en casa; no algo que llevarías un día cualquiera por la calle", les comenta. Sin embargo, el precio termina por disuadir a las turistas, que parecen interesadas en artículos más baratos, a modo de recuerdo. "Es algo que hay que inculcar: el damasquinado es joya, no bisutería", reitera Julián. El artesano lamenta que este desconocimiento también se ha extendido al plano político, destacando que las autoridades de Castilla-La Mancha saben lo que es el damasquinado, pero "no conocen" la artesanía, y no la han promocionado. "El damasquinado de Toledo es una artesanía puramente local, de aquí, y creo que quizá nunca ha habido un apoyo al 100%", valora José Antonio. En ese sentido, Julián cree que la declaración como Bien de Interés Cultural es un primer paso, aunque incide en que "queda mucho por hacer". En primer lugar, destaca, el documento de la Junta refleja "desconocimiento" de la Junta al no acotar correctamente, opina, el ámbito de lo protegido. Artesanos y comerciantes discrepan sobre lo protegido El texto publicado en el Boletín regional decreta la "protección como bien inmaterial" del damasquinado, detallando su historia y el oficio puramente artesanal, y dando una amplia descripción del papel de los talleres y de la técnica tradicional, dándole protección argumentando "su asociación con la ciudad y el mantenimiento de sus técnicas tradicionales de producción". El Ejecutivo castellanomanchego ha destacado que lo que se distingue es "una manifestación cultural reconocida y compartida por toda la comunidad". Sin embargo, las interpretaciones del texto han generado debate entre las diferentes asociaciones: en el sector artesanal, organizaciones como la Fundación Damasquinado de Toledo y la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de la ciudad sostienen que lo que se está protegiendo es únicamente la técnica decorativa artesanal. Otras asociaciones del tejido productivo, como la Asociación de Fabricantes de Productos Artesanos de la Provincia de Toledo y la Asociación de Comercio de Artesanía de la Ciudad y la Provincia de Toledo, consideran que se está protegiendo el damasquinado en todas sus manifestaciones, también las técnicas industriales. "Sería esencial que se identificase el producto a mano" En ese sentido, Julián cree que, en el momento actual, es imprescindible que ambas técnicas convivan, pero es esencial que estén "debidamente identificadas". "El damasquinado a máquina o manufacturado da difusión por su productividad y sus precios, mientras que el hecho a mano preserva la calidad original de la técnica", sostiene. La clave, insiste, es la correcta identificación: "Etiquetas homologadas que diferencien claramente lo que está hecho a mano y lo que está hecho a máquina, e inspectores especializados que revisen que esto se cumple. Eso es lo necesario". "Sería esencial que se identificase, por alguna autoridad, el producto o los sitios en los que solo se vende a mano", coincide José Antonio. Una herencia histórica que sobrevive en los talleres En

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