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Así es el castillo de Wartburg, el gran escondite de Lutero en Alemania

2026-03-15 - 00:23

En la cima de una montaña de 410 metros de altitud, a solo 3,5 kilómetros de Eisenach, se halla el Castillo de Wartburg, el llamado «castillo de los alemanes» ya que durante el siglo XIX fue un lugar de encuentro para movimientos nacionalistas y reformistas alemanes y de jóvenes estudiantes que promovían la creación de un país unificado. La fortaleza, con casi mil años de antigüedad, es uno de los castillos más famosos de Alemania , no solo por su hermosa arquitectura sino también por los acontecimientos y los personajes históricos estrechamente vinculados a este edificio defensivo. El más famoso de todos esos personajes se llamaba Martin Lutero y la estancia estrella del recinto es su cámara privada, pues estuvo escondido en ella entre mayo de 1521 y marzo de 1522 tras haber sido excomulgado por el Papa León X y haber escapado de sus perseguidores. Durante esa etapa Lutero, protegido por el príncipe Federico el Sabio, tradujo del griego al alemán en once meses el Nuevo Testamento al alemán empleando el seudónimo «El Caballero Jorge». Muchos visitantes del castillo acuden a esta austera habitación siguiendo una leyenda que aseguraba que el diablo se había aparecido a Lutero. Se cuenta que el religioso reaccionó lanzándole un tintero y que alguna de esas gotas de tinta cayeron sobre la pared, lo que sigue despertando la curiosidad de esos huéspedes que incluso han intentado en algunas ocasiones llevarse un trozo de ese muro considerando que se trata de un símbolo de la lucha espiritual de Lutero. La fortaleza fue declarada en 1999 Patrimonio Mundial de la UNESCO , siendo el primer castillo germano inscrito en esta prestigiosa lista. Sus orígenes se remontan al siglo XI cuando fue fundado por Ludwig de Schauenburg y hasta 1440 Wartburg sirvió de residencia oficial a los señores feudales de Turingia, convirtiéndose en un afamado centro cultural donde se organizaba un concurso de trovadores. Tras el paso de Lutero por sus muros el castillo alcanzó un gran prestigio, lo que provocó que muchos ilustres personajes quisieran conocerlo como Goethe , quien lo visitó en varias ocasiones en el siglo XVIII. Un siglo después, Wartburg sufrió una de sus modificaciones más importantes de su historia cuando el castillo fue restaurado en estilo neogótico por iniciativa del Gran Duque Carlos Alejandro de Sajonia-Weimar-Eisenach. Sin embargo, se conservó su distribución típica de castillo medieval, con un patio interior central rodeado de edificios funcionales, siendo sus estancias más destacadas el Salón de los Caballeros, la Capilla Románica y las estancias donde Lutero residió, escenarios que sirvieron de inspiración a Richard Wagner para su célebre ópera «Tannhäuser», la quinta que lleva su firma. Se asegura que en este castillo Wagner dio alas a su fantasía encontrando la «plantilla acústica» para esta pieza estrenada en 1845 y el salón de celebraciones sigue siendo hoy día su gran símbolo. A solo dos kilómetros del Castillo de Wartburg se encuentra Eisenach, la ciudad donde nació Juan Sebastián Bach el 21 de marzo de 1685, lo que supone otra buena razón para visitar este territorio del estado de Turingia. Bach era el pequeño de los ocho hijos de una familia humilde pero de gran tradición musical, pues durante 132 años un Bach había sido organista de la Iglesia de San Jorge, que sigue exhibiendo hoy la pila donde fue bautizado, pero la desgracia se cebó en su entorno familiar y perdió a su madre a los nueve años y a su padre, Johann Ambrosius Bach, a los diez. Fue entonces cuando el pequeño Bach tuvo que marcharse a la casa de su hermano mayor Johana Christoph en Ohrdruf. Este había sido alumno de Johann Pachelbel y fue él quien le dio las primeras lecciones de instrumentos de teclado. Antes en su residencia natal había aprendido con su padre a tocar el violín y la viola al tiempo que estudiaba la Biblia. Esa casa es hoy el Museo Bach , el más grande de los dedicados al ilustre cantor y compositor que, según Spotify, es el compositor clásico más escuchado en la actualidad. El museo abrió sus puertas en 1907 y en su interior, unos 600 metros cuadrados, se expone el original universo de Bach, como un autógrafo, la enigmática Copa de Bach, notas, escrituras, instrumentos de música como un violín-trompeta o un acordeón de vidrio y la reconstrucción forense de su rostro auténtico tras analizar al detalle su cráneo después de unas excavaciones. Lo más popular en estas salas, que incluyen la restauración del estudio de Bach, su dormitorio y su cuarto de estar, es asistir a los conciertos en vivo de la Sala de los Instrumentos, donde el visitante puede sumergirse en el mundo de la música del siglo XVII gracias a las espinetas y los clavicordios de la época. Este último era uno de los preferidos de Bach porque al pesar sólo 15 kilos podía llevárselo de viaje. La colección musical rebasa las 900 piezas, de las que 29 fueron utilizadas por Bach, pero la más antigua es un órgano barroco de 1650 adquirido en una casa de subastas de Baviera. Las veladas musicales se suceden cada hora y también se puede sentir la música en algunas «sillas de burbujas» flotantes con cascos para la audición.

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