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Así es el sabueso polaco, el rastro de una historia que sobrevivió a las fronteras

2026-02-22 - 07:43

Las primeras menciones documentadas del sabueso polaco, conocido en su país de origen como ogar polski, se remontan a la Edad Media, con referencias a perros de caza utilizados por la nobleza polaca ya en los siglos XIV y XV. Durante siglos fue el compañero habitual de monterías reales y símbolo cinegético presente en tratados, crónicas y literatura. Su nombre también aparece en textos del siglo dieciséis y principios del diecisiete, incluyendo uno de los primeros manuales de caza con sabuesos publicados en Europa central. Aunque la etimología exacta de ‘ogar’ no está del todo clara, distintas teorías lo vinculan al color del manto y al característico ladrido que emite durante el trabajo. Como ocurre con la mayoría de sabuesos europeos, se considera que desciende de antiguos perros de San Huberto, con posibles aportaciones de líneas italianas e incluso cruces posteriores con foxhounds ingleses en el siglo XVIII. Sin embargo, no todo fue un camino de rosas para el sabueso polaco y las convulsiones políticas y las particiones de Polonia pusieron en jaque a la raza. La pérdida de territorios orientales tras la Segunda Guerra Mundial y la falta de una cría planificada redujeron drásticamente el número de ejemplares puros. Su reconstrucción comenzó en 1959, cuando el coronel Piotr Kartawik importó varios ejemplares desde lo que hoy es Bielorrusia y fundó el criadero “z Kresów”. A partir de esas líneas, Jerzy Dylewski redactó el primer estándar moderno y la raza fue reconocida oficialmente por la Federación Cinológica Internacional en 1966. Tradicionalmente empleado para la caza de liebres, conejos, corzos, jabalíes e incluso en la búsqueda de patos entre los juncos, hoy en día su uso en Polonia se sigue centrando en la caza del jabalí y el zorro, tras la prohibición de la caza de liebre con perros en el país. Fuera de su tierra natal sigue siendo una raza muy poco difundida, lo que contribuye a su rareza internacional. Temperamento y convivencia Se trata de un perro equilibrado, sereno y sociable, cualidades que no sorprenden en una raza desarrollada para trabajar en grupo durante largas jornadas. En el entorno familiar suele mostrarse tranquilo, también dentro de casa, y mantiene una relación cercana con las personas de referencia. Necesita contacto humano y no encaja bien el aislamiento. Suele convivir muy bien con otros perros y, en general, no presenta problemas de territorialidad. En la convivencia con niños, puede relacionarse bien siempre que la convivencia sea adecuada y bajo supervisión. Como buen sabueso, muestra independencia y una marcada capacidad para tomar decisiones. Esa autonomía, tan valiosa en el trabajo de perros de rastreo, implica que no sea la mejor elección para personas inexpertas o que carezcan de buena información y asesoría. Necesidades del sabueso polaco Es una raza que disfruta de recorridos largos, independientemente del clima, y agradece poder explorar usando su desarrollado olfato. Advierten los especialistas que tiene tendencias ‘escapistas’ debido al interés por seguir rastros, por lo que se recomienda que se trabaje la llamada de forma consistente desde edades tempranas. En cuanto a cuidados, la principal atención recae sobre sus orejas caídas, que exigen vigilancia regular, pues la ventilación limitada puede favorecer otitis. También pueden aparecer problemas asociados a su conformación, como el entropión, por lo que conviene seguimiento veterinario ante la presencia de lagrimeo persistente. Adaptado históricamente al clima polaco, es un perro resistente y generalmente sano, aunque, como cualquier raza, puede presentar predisposiciones específicas. Precisamente por su escasa difusión fuera de Polonia, quienes deseen ampliar información o contactar con criadores responsables pueden dirigirse a la Federación Cinológica Internacional (FCI), que puede facilitar referencias de clubes y programas de cría ajustados a estándares de bienestar y salud.

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