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Así fue el proyecto Islero, el plan de España para construir su propia bomba atómica

2026-03-06 - 05:43

Francia anunció que aumentará su arsenal nuclear tras la escalada bélica en Oriente Próximo, y otros ocho países —Alemania, Reino Unido, Bélgica, Países Bajos, Grecia, Polonia, Suecia y Dinamarca— también se sumaron a esta iniciativa de rearme. Sin embargo, España se ha desmarcado del plan impulsado por el Gobierno de Emmanuel Macron y ha reafirmado su compromiso con la no proliferación. Pero no siempre ha sido así. Y es que el país estuvo cerca de haber tenido su propia bomba atómica. Fue en plena Guerra Fría, durante el régimen franquista, cuando se impulsó el denominado Proyecto Islero. La posesión de armas nucleares se convirtió en el siglo XX en uno de los principales factores que definieron el equilibro de poder internacional. El acceso a la tecnología atómica pasó a ser un símbolo de prestigio y poder. Por eso, varios países valoraron la posibilidad de desarrollar su propio arsenal nuclear. Y, entre ellos, España. El régimen franquista se quedó prácticamente aislado tras la Segunda Guerra Mundial y atravesaba una situación económica precaria por la Guerra Civil. Durante esos años, el apoyo internacional era escaso. Sin embargo, el panorama cambiaría con el inicio de la Guerra Fría. La rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética provocó que muchos países redefiniesen su posición estratégica. Eso beneficio al régimen de Franco, que comenzó a recuperar relevancia para el bloque occidental por su anticomunismo y su posición geográfica. Ese giro se consolidó en 1953 con los Acuerdos de Madrid firmados con el país norteamericano. España permitió la instalación de bases estadounidenses en su territorio, como las de Rota o Morón, a cambio de ayuda económica y militar. Dos años más tarde, el país ingresó en la ONU, lo que supuso un paso importante hacia su reintegración internacional. Un arma nuclear como elemento disuasorio La tecnología nuclear comenzó a adquirir un valor estratégico. Poseer capacidad atómica no solo suponía una ventaja militar, sino también un símbolo de prestigio y de poder. España creó a finales de los años 40 la Junta de Investigaciones Atómicas, que más tarde daría lugar a la Junta de Energía Nuclear (JEN). El organismo estaba encargado de investigar la energía atómica y algunos de sus objetivos eran estudiar los yacimientos de uranio y desarrollar tecnología nuclear propia. El programa estaba enfocado en los usos civiles, como la producción de energía, pero algunos sectores del régimen empezaron a contemplar una posibilidad más ambiciosa: desarrollar una bomba atómica popia. El interés por disponer de armamento nuclear no surgió únicamente por prestigio internacional. También estuvo motivado por la independencia de Marruecos en 1956 y el deterioro de las relaciones bilaterales, que generaron inquietud en el Gobierno español por la situación de los territorios en el norte de África. Algunos militares, entre ellos el físico y general del Ejército del Aire Guillermo Valarde, pensaron que disponer de un arma nuclear podría servir como elemento disuasorio frente a posibles amenazas. También fue clave el apoyo del vicepresidente del Gobierno, Agustín Muñoz Grandes. El Proyecto recibió el nombre de un toro El Proyecto Islero, que recibió este nombre por el toro —bautizado con el mismo apelativo— que mató de una cornada al torero Manolote, comenzó a gestarse en 1963. El plan tenía como objetivo construir bombas basadas en plutonio, más fácil de obtener que el uranio. Según los cálculos de Velarde y su equipo, España podría llegar a producir decenas de bombas en pocos años si disponía de los reactores adecuados para generar plutonio. Todo el programa se mantuvo bajo estricta confidencialidad. El proyecto generó importantes reticencias dentro del propio régimen. Varios ministros temían que desarrollar una bomba atómica provocara sanciones internacionales y dañara las relaciones con Estados Unidos y Europa. El propio Franco se mostró prudente, por lo que permitió seguir con las investigaciones relacionadas con la tecnología nuclear, pero no autorizó de forma explícita la fabricación de un arma. Además, el accidente de Palomares, en enero de 1966, reforzó esa cautela. El posterior gobierno de Carrero Blanco volvió a poner sobre la mesa la idea de crear una bomba atómica española. También lo hizo el de Arias Navarro y el de Adolfo Suarez. Sin embargo, la transición cambió las prioridades. España buscaba entrar en la Comunidad Económica Europea y consolidar su papel en la OTAN. Además, el país se adhirió en 1987 el Tratado de No Proliferación Nuclear, impulsado por EEUU para frenar la expansión de armas atómicas.

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