Asturias, capital mundial de la poesía
2026-03-21 - 15:20
Estamos a 21 de marzo, y en el mundo se celebra el día mundial de la Poesía, una fecha proclamada en 1999 por la Unesco para reconocer el valor universal de la palabra poética y su capacidad de tender puentes entre culturas. Pero si hay un lugar donde esta jornada se vive con especial intensidad, ese es el Principado de Asturias. No es una afirmación exagerada ni un simple recurso retórico: en el norte verde, entre el mar y la montaña, la poesía no es un género literario más, sino una forma de participar en el mundo. Desde el Principado de Asturias , 'Asturias, capital mundial de la poesía' —como decimos con legítimo orgullo— el 21 de marzo adquiere un significado que va más allá de una fecha en el calendario. Aquí la palabra se mezcla con la bruma de la mañana, con el rumor del Cantábrico y con el eco antiguo de las montañas. La naturaleza asturiana, tan rotunda y tan íntima a la vez, parece escrita en verso libre: prados que ondulan como estrofas, acantilados que se alzan como metáforas, pueblos que guardan historias que piden ser contadas. Así, desde la humildad de un colorido y cantarín raitán, a la más bella historia de una sirena varada en aguas de un pueblo costero asturiano —como el de Tapia de Casariego— mar y bosque son capaces de inspirar y satisfacer el desenfreno creativo de los poetas y escritores. No es casualidad que Asturias haya dado aliento a voces fundamentales de la literatura. La huella de autores vinculados al Principado ha contribuido a consolidar una tradición en la que la sensibilidad y el compromiso se dan la mano. La poesía aquí no se encierra en los libros: se escucha en los recitales de múltiples escenarios, se comparte en los cafés, se declama en las plazas, se escribe —por otra parte— como lo hacemos aquí y en castellano, se canta en tonada al son de una gaita y se susurra en la intimidad de los hogares. Celebrar el día mundial de la Poesía en el Principado de Asturias es celebrar también la diversidad lingüística. Esta manera tan nuestra de hablar, con su musicalidad propia y su capacidad evocadora, es un instrumento poético de primer orden. Cada verso escrito de esta manera, es un acto de afirmación cultural, una manera de preservar y proyectar una identidad abierta y hospitalaria. La poesía, en este sentido, no sólo embellece estas maneras de hablar que tenemos los asturianos: además, las protege y renueva. El 21 de marzo coincide con el inicio de la primavera, y esa coincidencia adquiere aquí un simbolismo especial. Tras los meses de invierno, la luz regresa con timidez pero con firmeza; los días se alargan y el paisaje parece desperezarse. La primavera asturiana no irrumpe de golpe, sino que se anuncia con matices, como un poema que se revela poco a poco. Esa cadencia lenta, esa invitación a la contemplación, es -entiendo yo- profundamente poética. En un tiempo marcado por la prisa y la saturación informativa, la poesía ofrece un espacio de pausa. Asturias, con su ritmo propio, parece recordar que no todo debe medirse en términos de productividad. Hay valores que sólo se comprenden desde la sensibilidad: la solidaridad vecinal, el apego a la tierra, el respeto por la memoria. La poesía ayuda a nombrar esas realidades invisibles que sostienen la vida cotidiana. Además, el día mundial de la Poesía es una oportunidad para mirar hacia las nuevas generaciones. En institutos y universidades asturianas, cada vez son más los jóvenes que se acercan al verso sin prejuicios, que mezclan tradición y modernidad, que incorporan la poesía a las redes sociales, a la música urbana o a los formatos audiovisuales. Lejos de estar en crisis, la poesía se transforma y encuentra nuevas formas de expresión. Asturias, atenta a su herencia cultural, también mira hacia el futuro. La celebración de esta jornada invita a abrir espacios de encuentro: lecturas públicas, talleres, encuentros intergeneracionales, maratones poéticos. La poesía tiene la capacidad de reunir a personas muy distintas en torno a una experiencia común. Un poema leído en voz alta puede conmover por igual a quien lo escucha por primera vez y a quien lleva años frecuentando la literatura. Esa universalidad es uno de sus mayores logros. Aquí donde la niebla y la luz dialogan, el día mundial de la Poesía se convierte en una reafirmación colectiva. Reafirmación de que la cultura es un pilar esencial, de que la palabra tiene peso y responsabilidad, de que la belleza no es un lujo sino una necesidad. En tiempos de incertidumbre, la poesía no ofrece respuestas cerradas, pero sí preguntas más hondas y miradas más amplias. 'Asturias, capital mundial de la poesía' celebra el 21 de marzo con la convicción de que cada verso suma, de que cada voz cuenta. Aquí, donde el mar golpea los acantilados con ritmo constante y las montañas custodian la memoria, la poesía encuentra un hogar natural. Y mientras haya alguien dispuesto a escribir, a leer o a escuchar, la primavera seguirá llegando con palabras nuevas. Este año estrenamos una «maratón poética» de la cual darán oportuna información, los medios de comunicación. Lo hace también, como no, nuestro Presidente y promotor de esta internacional y singular obra poética, Graciano García en un poema contenido en su libro 'Una tierra, una patria, un alma'. El poema elegido de este año es 'Amanece': Amanece sin sol./ El día traerá otras cosas,/ hermosas muchas de ellas,/ como esa barca humilde/ que camina en silencio/ en busca de un poco de pan/ sin miedo a la niebla. Porque la poesía —como esta tierra— resiste, florece y perdura. Y cada 21 de marzo, desde el Principado de Asturias al mundo, recordamos que la palabra es uno de los mayores tesoros que compartimos los seres humanos.