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Aumento de peso, apatía y caída del pelo: así se manifiesta el hipotiroidismo en perros

2026-02-22 - 07:43

El hipotiroidismo es una de las enfermedades hormonales más frecuentes en perros y, sin embargo, también una de las más difíciles de detectar en sus fases iniciales. Por ese motivo, es importante conocerla y aprender a identificar sus síntomas para un tratamiento temprano. Se trata de una patología que puede afectar a animales de cualquier raza y edad, aunque se diagnostica con mayor frecuencia en perros adultos jóvenes, entre el primer y el octavo año de vida. Algunas razas, como el Setter Inglés, el Golden Retriever, el Schnauzer, el Cocker Spaniel o el Boxer, presentan una mayor predisposición y requieren una vigilancia más estrecha. De forma sencilla, el hipotiroidismo se define como la enfermedad que aparece cuando la glándula tiroides reduce de manera significativa la producción de hormonas tiroideas. Tal y como explica Cristina Ortega, veterinaria del Hospital Veterinario Puchol, "es la enfermedad que se produce cuando la producción de hormonas tiroideas se reduce significativamente". "Esto da lugar a un conjunto de graves consecuencias que complican la vida de estos perros", agrega. Y es que estas hormonas son esenciales para el correcto funcionamiento del organismo, por lo que su déficit acaba afectando a múltiples sistemas. Uno de los signos más habituales es el aumento de peso. La reducción del metabolismo provoca que cerca de la mitad de los perros hipotiroideos engorden de forma progresiva, incluso sin cambios aparentes en la alimentación. Este incremento suele verse reforzado por una menor actividad física, ya que el animal se muestra cada vez menos dispuesto al ejercicio. Aunque la obesidad canina está más relacionada con la sobrealimentación, un aumento rápido de peso sin causas claras puede ser una señal de alerta. Es la enfermedad que se produce cuando la producción de hormonas tiroideas se reduce significativamente La piel y el pelo también ofrecen pistas importantes. Según la veterinaria, más del 80 por ciento de los perros con hipotiroidismo presentan un manto pobre, fino, áspero y sin brillo. Además, es frecuente la aparición de la llamada alopecia endocrina, una pérdida de pelo que no provoca picor y que suele localizarse en los flancos, los muslos o zonas de roce. Además, también pueden aparecer otros cambios cutáneos como la hiperpigmentación, seborrea o un crecimiento anormalmente lento del pelo tras el rasurado. Y, por supuesto, estas alteraciones dermatológicas no siempre llegan solas. La disminución de las hormonas tiroideas también afecta al sistema inmunitario, lo que facilita la aparición de infecciones bacterianas en la piel, conocidas como piodermas. En estos casos, el perro sí manifiesta picor, se rasca con insistencia y desarrolla lesiones cutáneas características. El mismo mecanismo puede favorecer infecciones en el oído, dando lugar a otitis recurrentes que no terminan de resolverse si el hipotiroidismo subyacente no se trata. Otro de los signos más frecuentes, aunque a menudo pasa desapercibido por su evolución lenta, es la letargia. La mayoría de los perros hipotiroideos experimentan una disminución progresiva de su nivel de actividad. El animal se muestra más apático, evita el ejercicio y busca constantemente lugares cálidos o soleados, mostrando una mayor sensibilidad al frío. En algunos casos, son los cambios neuromusculares los que hacen saltar las alarmas y motivan la visita urgente al veterinario. Los perros afectados pueden mostrar descoordinación, debilidad muscular, caminar en círculos de forma compulsiva o incluso sufrir convulsiones. Más del 80 por ciento de los perros con hipotiroidismo presentan un manto pobre, fino, áspero y sin brillo De hecho, en razas grandes y en perros de edad avanzada, como los labradores, el hipotiroidismo puede asociarse además a una parálisis laríngea, que se manifiesta como dificultad respiratoria, especialmente durante el ejercicio o en situaciones de estrés. Ante todos estos síntomas, ¿qué podemos hacer? El tratamiento del hipotiroidismo debe ser siempre pautado por un veterinario y suele mantenerse de forma crónica, en muchos casos durante toda la vida del animal. Además del control hormonal, es habitual abordar de manera específica las complicaciones dermatológicas o infecciosas asociadas, ajustando terapias antibióticas o tratamientos tópicos cuando es necesario. En definitiva, el hipotiroidismo canino es una enfermedad compleja, de instauración lenta y con síntomas que pueden confundirse fácilmente con el envejecimiento o con otros problemas de salud. Más allá de los signos descritos, pueden aparecer también alteraciones reproductivas, digestivas u oftalmológicas. Por eso, ante cualquier cambio persistente en el comportamiento, el peso o el estado de la piel de un perro, la consulta veterinaria sigue siendo la mejor herramienta para llegar a un diagnóstico precoz y mejorar su calidad de vida.

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