TheSpaineTime

'Batman v Superman', 10 años después: la fallida obra magna de Zack Snyder que nunca supo lo que quería ser

2026-03-28 - 08:00

2016 fue un año crucial para el subgénero de los superhéroes. Casi simultáneamente se estrenaron dos de los títulos más esperados: Capitán América: Civil War y Batman v Superman: El amanecer de la justicia. La primera, para propulsar aún más el éxito ascendente del universo Marvel cinematográfico y la segunda para intentar revalidar y superar el éxito relativo de El hombre de acero de Zack Snyder. El problema fue que ambas franquicias eran muy diferentes entre sí. La primera se había ido construyendo con una estructura episódica, similar a la manera en que el universo Marvel había surgido en el mundo del cómic; la de DC/Warner, intentando ya desde la anterior entrega recrear el éxito de la trilogía del caballero oscuro de Christopher Nolan. Si el MCU funcionaba gracias a la acumulación de entregas y la creación de un universo compartido, el Batman de Nolan logró convertirse en un fenómeno de masas por su manera tangencial de reintroducir los mitos creados por Bob Kane y Bill Finger desde una perspectiva completamente alejada del mundo de las viñetas, casi como si el William Friedkin de French Connection y el Michael Mann de Heat hubieran tenido un hijo. Esa era la idea con El hombre de acero. Seguir esa estela realista/cruda, pero con un personaje aparentemente opuesto. Y la apuesta, divisiva, logró unos resultados similares e incluso superiores a Batman Begins. El problema fue que entre la finalización de la trilogía Nolan y el estreno del Superman de Snyder, el éxito de Marvel Studios reventó con la primera entrega de Los Vengadores en 2012. Un éxito que sentaría un precedente peligroso para el subgénero. Y que afectó directamente a los planes previos de Warner. Porque comparar la taquilla de 1.500 millones de dólares de Los Vengadores en 2012 con los poco más de 600 millones de El hombre de acero en 2013 hizo saltar las alarmas del estudio. Expectativas sobredimensionadas No es que las cifras de El hombre de acero fueran un mal resultado. Batman Begins logró 373 millones de dólares en 2005, y la primera entrega del universo Marvel, Iron Man de Jon Favreau, alcanzó una taquilla de 600 millones en 2008. Los resultados de la película superheroica de Zack Snyder eran superiores al primer Batman de Nolan y similares al primer Iron Man de Favreau. Pero muy alejados de los conseguidos por las dos últimas entregas del Batman de Nolan y de Los Vengadores de Whedon, ampliamente por encima de los mil millones de dólares. Ahí los planes de Warner dieron un giro de 180o. En la Comic Con de 2013, solamente un mes después del estreno de El hombre de acero, anunciaron que la secuela iba a introducir a Batman, Wonder Woman y la construcción de una Liga de la Justicia para rivalizar directamente con Marvel Studios. Un salto de gigante que dio lugar a una cinta ambiciosa, arriesgada y con elementos más que interesantes, pero la indecisión de lo que quiere ser (una secuela de El hombre de acero, una introducción de Batman, una adaptación sui generis de El regreso del caballero oscuro de Frank Miller, o un arranque del universo DC cinematográfico) hace que se convierta en un monstruo de mil cabezas. Luces y sombras de una obra megalómana En lo que se refiere a la introducción de ese futuro alternativo procedente de El cuarto mundo de Jack Kirby o la introducción de lo que acabaría siendo la Liga de la Justicia, eran relatos que necesitaban un espacio para ser desarrollados y que demostraron una ansiedad por construir de golpe un universo cinematográfico sin aire para que todos los elementos en juego respiraran. En cambio, todo lo relacionado con las consecuencias de la primera entrega, la relación entre Batman y Superman surgida del cómic de Frank Miller y la reconversión polémica de un Lex Luthor transformado en sosias de Mark Zuckerberg (no es casual la elección de Jesse Eisenberg), funcionan casi perfectamente, sobre todo en la versión extendida del montaje del director. Todo queda engarzado en una obra con aires de monumentalidad, donde destacan secuencias tan potentes como la reinterpretación del asesinato de los padres de Bruce Wayne, la mirada terrena desde los ojos de este último del apocalipsis metahumano del tercer acto de El hombre de acero, o la introducción casi como estrella invitada de la Wonder Woman interpretada por Gal Gadot. Un eje triple que da a la película sus mejores momentos. En ellos, la dirección dilatada y megalómana de Snyder más su amor por los tebeos de la generación Image de los 90 y su hipertrofia narrativa y gráfica se dan la mano de manera artificial con el grim and gritty de Alan Moore y Frank Miller, pero sin comprender lo que subyace debajo de dichos relatos. Una oscuridad impostada que, a veces, le resulta y en otros momentos lo emparenta con la candidez de los tebeos de la Silver Age pero pasada por un manto de betún. Lo que no quita para que cuando Batman v Superman se eleva, sobre todo en su representación iconográfica, consiga ponerse muy por encima del resto de producciones superheroicas del periodo. Una fuerza inconsciente, no intelectualizada, donde la cuatricromía del pasado se da la mano con la paleta cromática de la era digital de la mencionada era Image en secuencias como la batalla final entre los dos protagonistas del relato o el clímax final, que reinterpreta la famosa muerte de Superman de los años 90. Así, Batman v Superman se puede ver 10 años después como una película con valores y aciertos interesantes, pero a la que lamentablemente las decisiones empresariales apresuradas no la permitieron desarrollarse y madurar de una manera orgánica, convirtiéndose en una obra tan abrumadora y genial como tosca y desacompasada.

Share this post: