Beatriz Llaca, psicóloga, sobre la ansiedad: “Podemos disociarla, pero seguirá apareciendo”
2026-03-24 - 05:50
Irse de vacaciones, bajar el ritmo o tener unos días libres no significa estar en calma. De hecho, hay personas que empiezan a sentirse peor justo entonces. Les cuesta dormir, notan ahogo, nerviosismo o incluso síntomas físicos que no esperaban experimentar en un momento que, en teoría, era para descansar. Esa contradicción desconcierta, porque solemos asociar el descanso con el bienestar de forma automática. En el podcast Somos Estupendas, la psicóloga Beatriz Llaca explica muy bien por qué ocurre. Según la experta, muchas veces vivimos tan pendientes de lo externo que apenas dejamos espacio para conectar con lo sentimos. El trabajo, las responsabilidades o incluso los conflictos cotidianos pueden actuar como una especie de ruido constante que tapa otras señales más profundas. Cuando ese ruido desaparece, ya no hay tantas distracciones. Y es justo ahí, en ese silencio, cuando aparece la ansiedad. No porque descansar nos siente mal, sino porque al parar dejamos de esquivar aquello que llevaba tiempo pidiendo atención. Por qué la ansiedad aparece cuando paras Una de las ideas más interesantes que plantea Beatriz Llaca es que muchas veces percibimos la ansiedad como una enemiga. "No me estás dejando estar tranquila", pensamos. Pero en realidad, esto puede tener más que ver con todo lo que hemos ido posponiendo que con el descanso en sí. Muchas personas funcionan en piloto automático. Van enlazando tareas, compromisos, preocupaciones y obligaciones sin detenerse demasiado a pensar cómo están. No siempre de forma consciente, claro. A veces simplemente se sobrevive así. Se pone el foco fuera para no mirar dentro. Más trabajo, más planes, más asuntos que resolver. Todo eso mantiene la mente ocupada y deja en segundo plano lo emocional. El problema es que lo que no se atiende no desaparece. Podemos ignorarlo durante un tiempo, pero sigue ahí. Por eso, cuando llega ese momento en el que por fin podemos frenar, aparece con más fuerza. El cuerpo se relaja un poco, baja la exigencia externa y entonces aparecen las señales que antes quedaban ocultadas con el ritmo frenético del día a día. "Podemos disociarla, pero seguirá apareciendo” La frase de Beatriz Llaca lo resume así: "Podemos disociarla, pero seguirá apareciendo". Es decir, podemos intentar apartar la ansiedad o hacer como si no existiera. Pero eso no hace que se vaya. Solo estamos aplazando el momento de enfrentarnos a ella. En su reflexión, la psicóloga explica que cuando esos "fuegos" externos que nos mantienen ocupadas desaparecen, nos toca quedarnos solas con nosotras mismas. Y no siempre resulta cómodo. Muchas veces, parar implica conectar. Mirarse, escuchar lo que una siente y aceptar que hay algo que necesita atención. Eso no quiere decir que todas las vacaciones vayan a estar marcadas por la ansiedad. Significa que conviene entender lo que puede estar pasando para no vivirlo con culpa o desconcierto. Si aparece malestar justo cuando bajamos el ritmo, quizá no sea una señal de que algo va mal con ese descanso, sino de que llevábamos demasiado tiempo sosteniendo cosas sin encontrar el momento para procesarlas.