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Berta Lamas, madre de 10 hijos: «Somos tantos que, o pones normas o esto es una selva»

2026-03-14 - 17:23

Berta Lamas tiene una cosa clara sobre la organización de su casa: tiene que haber normas. Esta mujer y su marido, Enric García, han criado a sus 10 hijos a base de reglas y limitaciones. Eso sí, también les han ofrecido la libertad de rechazarlas. La familia García Lamas está compuesta por el matrimonio y los hermanos Eduardo, Patricia, Dani, Álex, Carlos, David, Pablo, Nacho, Inés y Berta. Viven desde hace décadas en Albacete, aunque los mayores ya empiecen a irse de casa. El primero tiene 35 años y la pequeña, alrededor de 10. «Yo he usado siempre el sentido común porque te sirve para no perder la cabeza. Hay que saber poner límites, un hijo no puede acabar contigo», contó la madre en una entrevista para El Español. En sus redes sociales confesó sus motivos detrás de esta filosofía de familia y por qué, para ella y su marido, eran los correctos en su situación. La mujer crea contenido en Instagram bajo el usuario @12encasa. «Vamos a ver, aquí en esta familia, que somos tantísimos, tiene que haber normas. No sé si es un escándalo para la gente, muchas veces cuando yo cuento que hay normas, que mi abuela ponía sus normas y se aceptaban. Yo es que no me planteaba otra cosa», recuerda. Cuando su abuela faltó, su madre impuso sus propias reglas, y así siguió el ciclo hasta que Berta creó su propia familia. «Había un montón de normas de mi madre no me gustaban, pero cuando me casé y empecé a educar a mis hijos, empecé sin darme cuenta a reproducir esas mismas normas, porque he visto que han sido buenas para mí». Las mismas leyes que a ella le fastidiaban de joven, le convirtieron en la mujer que es ahora: «A mí me han ayudado a hacerme una mujer, buena persona y todo eso es lo que se va inculcando en la familia». Afirma que en la guerra entre el gusto y el deber, suele ganar el segundo. «O pones normas, es una selva», declara. Eso sí, no todos están obligados a cumplirlas. Hay una segunda alternativa: «El que quiera cumplirlas, puede venir. ¿Que no quiere? Es libre de no venir». Lo que no está dispuesta a permitir en su casa es una «libertad absoluta». «Venir a las 3 de la mañana, unos a las 5, uno desayuna a las 11, otro a las 2 de la tarde, no como, porque he desayunado a la 1. No». Compara su situación con otros espacios de convivencia que se rigen a base de normas, como una piscina comunitaria: «Te vas a bañar en tu piscina de tu comunidad y tienes en mi piscina ponen 25 normas que hay que cumplir. Yo entro en esa piscina, las cumplo, no me planteo el no cumplirlas. Vas a la playa y hay una bandera roja, no te puedes bañar. Vas conduciendo, te tienes que poner el cinturón de seguridad». Para que sus seguidores la entiendan completamente les plantea una reflexión. «¿A qué nos referimos con dejarlos libres? La libertad se acaba donde empieza la libertad del otro». Siendo 12 personas en casa, las normas son un gesto necesario de respeto hacia la libertad del otro. «No nos gustan cuando somos adolescentes y jóvenes», reconoce Berta. No le preocupa esta oposición, «ya lo entenderán, igual que las entendí yo». A pesar del rechazo inicial, mantiene que «son normas puestas desde el amor y para el amor y para ayudarles a crecer como personas, pacientes, hospitalarias, caritativas con el que tienen al lado». No hay discusión. En casa de los García Lamas «esto es lo que hay». Esta situación se repite en otras familias numerosas de España, como los Peinador Morquecho de Burgos o los García Iglesias de Madrid.

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