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Bibiana Badenes, fisioterapeuta: "La neurociencia demuestra que cuando el cuerpo vive en alerta continua, el cerebro se vuelve más reactivo, menos capaz de escuchar y dialogar”

2026-02-11 - 17:45

Vivimos en la sociedad de la hiperestimulación, las vidas 'perfectas', la ansiedad y la presión por la productividad. En semejante contexto, el cuerpo tiende a permanecer en hipervigilancia crónica, que lleva consigo una reducción significativa de la capacidad de pensamiento crítico. Todo este proceso nocivo encadenado lo explica la neurociencia, "que confirma algo que el cuerpo sabe desde siempre: cuando vivimos en alerta constante, el sistema nervioso se organiza para sobrevivir, no para relacionarse", explica la fisioterapeuta experta en movimiento consciente e inteligencia corporal Bibiana Badenes. "Un cuerpo tenso informa al cerebro de que hay peligro" En un estado de alerta continua, "el cerebro prioriza la reacción rápida y reduce la capacidad de escucha, de empatía y de reflexión. Un cuerpo tenso informa al cerebro de que hay peligro, aunque no lo haya. Cuando esta señal se mantiene en el tiempo, el diálogo interno y externo se empobrece y las relaciones se vuelven más reactivas: interrumpimos más, escuchamos menos y respondemos desde la defensa". Badenes propone una nueva forma de entender el bienestar: regular el cuerpo para poder pensar, convivir y sostener la complejidad del mundo actual. "En la actualidad, gracias a la hipervigilancia y la saturación informativa, el miedo se ha convertido en un elemento normalizado de nuestras vidas. Ya no es un episodio puntual, sino un estado de fondo". Para la experta, esta situación no solo tiene consecuencias políticas o sociales, sino también físicas y neurológicas. "No podemos sostener una democracia sana con cuerpos permanentemente en estado de amenaza. Nuestro sistema nervioso no está diseñado para vivir en alerta constante. Funciona en ciclos de estrés, pausa y recuperación". Un cuerpo en hipervigilancia, y lo que dice la neurociencia La neurociencia demuestra que cuando el cuerpo vive en alerta continua, "el cerebro reduce su capacidad de pensamiento complejo. Nos volvemos más reactivos, más polarizados, menos capaces de escuchar y dialogar", explica la experta. "Y sin esa capacidad, la convivencia democrática se debilita desde dentro". Según Badenes, el problema no es solo macro (las guerras, los conflictos, la economía armamentística), sino micro. "El miedo se filtra en las conversaciones cotidianas, en los vínculos, en la manera en la que miramos al otro. Esa desconfianza pequeña es el combustible silencioso de las grandes estructuras de conflicto. La guerra necesita cuerpos tensos, sociedades anestesiadas y personas desconectadas de sí mismas. Cuando dejamos de sentir, dejamos de pensar. Y cuando dejamos de pensar, cualquier relato puede imponerse". Esta es la razón por la que Badenes defiende que la educación para la paz no es ingenua, sino profundamente política. "No se trata de evitar el conflicto, el conflicto es parte de la vida, sino de aprender a gestionarlo sin caer en el odio, la rigidez o la deshumanización. El cuerpo no es solo un vehículo físico, sino un espacio donde se entrenan habilidades sociales, emocionales y cognitivas". Prácticas somáticas para salir del estado de alerta corporal El movimiento consciente no busca rendimiento ni estética, busca regulación, escucha, pausa y presencia. Es una práctica que enseña a habitar el cuerpo sin violencia, a tolerar el desacuerdo sin desbordarse, a sostener la incertidumbre sin romperse. "No se trata de huir del mundo, sino de aprender a convivir con él sin anestesiarnos", afirma. Y añade: "La regulación corporal es una forma de resistencia. Porque un cuerpo regulado piensa mejor, dialoga mejor y elige mejor". Con estos conceptos, la experta propone, desde la inteligencia corporal, prácticas somáticas sencillas que ayudan a salir del modo alerta y a recuperar regulación, presencia y capacidad relacional. "Pausar y sentir el peso del cuerpo, especialmente en los pies y la pelvis, permitiendo que la gravedad sostenga. Este gesto básico informa al sistema nervioso de que no hay urgencia. También movimientos lentos y conscientes, sobre todo de la columna y la respiración, que amplían la percepción interna y reducen la hiperreactividad cerebral". Gestos de orientación, "como girar suavemente la cabeza y los ojos para reconocer el entorno, ayudando al cerebro a actualizar que el momento presente es seguro, además de escuchar las sensaciones corporales sin intentar cambiarlas, desarrollando una relación más dialogante con el cuerpo y menos basada en el control. Cuando el cuerpo se regula, también se regulan los vínculos. La voz se suaviza, la mirada se vuelve más disponible y el tiempo interno se desacelera. Desde ahí, es posible escuchar sin defenderse, expresar sin atacar y sostener conversaciones más humanas".

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