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Cómo hablamos a los perros y de qué manera influye su tamaño y la familiaridad que tengamos con ellos

2026-02-08 - 08:45

Hablarle a un perro con voz aguda, exagerar las expresiones faciales o modular el tono (similar al que se usa con un bebé) es un acto natural y cotidiano para millones de personas. Durante años, este tipo de comunicación dirigida a los perros ha sido observada, analizada y debatida desde distintas disciplinas, pero todavía quedaban preguntas importantes por responder. Una de ellas era hasta qué punto influyen factores como el tamaño del animal o el grado de familiaridad en la forma en que las personas se comunican con él. Un estudio reciente arroja nueva luz sobre esta cuestión al analizar cómo varía la comunicación verbal y gestual de mujeres cuando interactúan con su perro familiar o con uno desconocido, y cómo el tamaño del animal modula esas respuestas. Los resultados, además de ayudarnos a entender mejor la relación entre ambas especies, también nos invitan a reflexionar sobre cómo interpretamos y proyectamos emociones y expectativas en nuestros animales de familia. La voz dirigida a los perros no es casual La llamada habla dirigida a perros comparte características con el habla infantil, ya que ambos utilizan un tono más agudo, mayor variación melódica y expresiones faciales más marcadas. Este tipo de prosodia exagerada cumple varias funciones, entre ellas captar la atención del animal, mantenerla y expresar emociones positivas hacia él. Sin embargo, hasta ahora no estaba claro qué papel jugaba la familiaridad entre la persona y el perro en estos cambios de voz y gestos. Para abordar esta cuestión, el equipo investigador analizó cómo mujeres adultas modificaban su comunicación al interactuar con el perro del que eran titulares y con otro desconocido de la misma raza, en diferentes situaciones: captar la atención del animal, resolver una tarea y recitar canciones infantiles. El objetivo era aislar variables y observar qué cambios se producían realmente en función de la relación previa y del tamaño del perro. El tamaño sí importa Uno de los hallazgos más claros del estudio es que el tamaño del perro influye de manera significativa en la forma en que las personas nos comunicamos con ellos. Cuando las participantes interactuaban con perros pequeños, tendían a usar un rango de tono más amplio y a intensificar las expresiones faciales asociadas a emociones positivas, como sonrisas marcadas o gestos alegres. Este patrón no parece estar relacionado con una mayor cercanía emocional real, sino con factores perceptivos. Los investigadores apuntan a la posible influencia del esquema infantil de la neotenia, es decir, cuando los rasgos físicos como un tamaño reducido, ojos grandes y redondos o proporciones corporales evocan vulnerabilidad y nos despiertan respuestas de cuidado. Así, los perros pequeños activarían de forma más intensa este tipo de respuestas comunicativas, independientemente de si el animal nos es conocido o no. Familiaridad: menos cambios de los esperados De forma quizá sorprendente, la familiaridad con el perro tuvo un efecto más limitado de lo que cabría esperar. Según el análisis acústico, la única variable claramente afectada por este factor fue la altura media de la voz. Las participantes utilizaban un tono más agudo cuando se dirigían a un perro desconocido que cuando hablaban con el suyo propio. Este aumento del tono podría funcionar como una estrategia universal de acercamiento, una forma de parecer amistosa y no amenazante ante un ser con el que todavía no existe una relación establecida. En cambio, otros elementos como la amplitud del rango de tono o la intensidad de las expresiones faciales no variaron de manera significativa en función de la familiaridad, sino del contexto y del tamaño del animal. El contexto también moldea el mensaje El estudio también muestra que no todas las situaciones evocan el mismo tipo de comunicación. Las canciones infantiles, un registro claramente asociado al trato con bebés, generaron las respuestas visuales más intensas, con gestos faciales exagerados y una expresividad especialmente marcada. Este resultado refuerza la idea de que, más allá del perro concreto, las personas recurren a patrones comunicativos profundamente arraigados en su experiencia social y cultural. No se trata solo de ‘hablar al perro’, sino de activar marcos comunicativos que ya existen y adaptarlos al interlocutor no humano. Antropomorfismo o adaptación comunicativa Uno de los debates recurrentes en el estudio de la relación entre humanos y animales es hasta qué punto este tipo de conductas pueden considerarse antropomorfismo o la atribución de rasgos humanos en animales. Los resultados de este trabajo invitan a matizar esa idea. Más que proyectar cualidades humanas en los perros, muchas de estas estrategias parecen responder a mecanismos de comunicación básicos como son captar su atención, transmitir calma o mostrar una intención amistosa. Sin embargo, los autores señalan que la repetición constante de estos patrones, especialmente en contextos de alta carga emocional, puede contribuir a difuminar los límites entre animal y humano en la percepción del cuidador. Comprender estos procesos resulta importante para fomentar relaciones más equilibradas, que tengan en cuenta las necesidades reales del perro y no solo las expectativas humanas. Implicaciones prácticas Más allá del interés teórico, los hallazgos de este estudio tienen implicaciones prácticas. Conocer cómo el tamaño del perro y la experiencia previa influyen en nuestra comunicación puede ayudar a mejorar programas de educación canina, formación de profesionales y asesoramiento a familias adoptantes. Adaptar el tono, los gestos y las expectativas no significa tratar a todos los perros como bebés ni imponer una comunicación rígida, sino ser conscientes de cómo nuestros propios sesgos influyen en la relación. En este sentido, la investigación refuerza la importancia de una comunicación ajustada al individuo, al contexto y al momento vital del animal. Referencia: The effect of familiarity and dog’s body size on female owners’ dog-directed communication. Anna Gergely et al. Animal Cognition (2026)

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