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Cómo hablar del burka

2026-02-20 - 12:53

Cómo hablar del burka sin pensar en las mujeres de Afganistán, encerradas en sus cárceles de tela, que se hacen todavía más duras para aquellas que respiraron el aire de la libertad antes del retorno del gobierno teocrático de los talibanes en 2021. Cómo hablar sin tener en cuenta el riesgo de que las mujeres que no pueden vestir según les impone su entorno tengan la tentación de recluirse en ese entorno asfixiante. Y cómo hacer para cumplir la obligación cívica de no rendirse a quienes las sojuzgan. El burka no es una cuestión de religión —aunque parte del debate se establezca con esta premisa—, y por lo tanto tampoco de libertad religiosa (aunque lo fuera, no estaría por encima de los códigos que establecen las democracias y su sistema de separación entre la Iglesia y el Estado). No tiene que ver (lo que no impide que algunos puedan establecer la relación de modo interesado) con el racismo. Evadir el debate sobre una cuestión de principios porque lo presente un partido en concreto, en este caso Vox, es eludir una cuestión que puede no ser urgente pero nos interpela como demócratas. Lo explica muy bien el escritor franco-libanés Aamin Maalouf, premio Príncipe de Asturias 2010, que señala a la xenofobia como origen del naufragio de las civilizaciones lo que no está reñido con que condene explícitamente la ominosa prenda que cubre a la mujer de la cabeza a los pies, con una rejilla mínima para los ojos: "No existe —dice— un derecho a llevar burka, ni en París ni en Argel. Las mujeres que lo llevan, por imposición de un gobierno, de la familia, son víctimas de una manera o de otra”. Najat el Hachtmi, escritora y columnista de origen marroquí, no cree que exista un problema de seguridad o convivencia. Para oponerse al burka, ella también pone el foco en las mujeres que sufren esa violencia; en las niñas y adolescentes que reciben el mensaje de que serán buenas musulmanas solo si se tapan. El Tribunal Constitucional de Turquía, al argumentar en 1989 la prohibición del velo en las universidades del país en 1989, expuso que presentar el pañuelo islámico como obligación religiosa llevaría a la discriminación de quienes no lo llevaran, que podrían ser consideradas como opuestas a la religión o no religiosas”. Los asuntos que atañen a los derechos humanos y a la dignidad de las personas no pueden medirse al peso Así que no, el burka no es asunto de libre elección tampoco para los demócratas, que tienen la responsabilidad de abordarlo en toda su complejidad, aunque suponga el enorme esfuerzo de superar sus ‘marcos’ mentales y de intentar un texto legislativo en el que puedan encontrarse. Y, por supuesto, no puede minimizarse con el argumento de que en España hay pocas mujeres que lo llevan. Porque los asuntos que atañen a los derechos humanos y a la dignidad de las personas no pueden medirse al peso.

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