Cañas y Tapas llega a Málaga y abrirá en un edificio emblemático junto al Museo Picasso
2026-01-28 - 09:00
La calle Granada suma un nuevo inquilino gastronómico. Cañas y Tapas prepara su desembarco en Málaga tras cerrar el traspaso del alquiler del edificio que hasta ahora o cupaba el restaurante D'Platos, en una operación intermediada por la consultora Eurobienes, según han confirmado fuentes del sector. Se trata de la primera apertura de la marca en Málaga y en Andalucía, un movimiento que refuerza el atractivo hostelero del centro histórico. El establecimiento se ubica en el número 51 de la calle Granada, en la confluencia con Beatas, a escasos metros de algunos de los grandes polos turísticos y gastronómicos de la ciudad, como el Museo Picasso, la Alcazaba, la Catedral o El Pimpi. El edificio cuenta con casi 370 metros cuadrados, distribuidos en planta baja y dos alturas, además de terraza a pie de calle, una configuración que encaja con el modelo de negocio de la cadena. La intención de Cañas y Tapas es abrir durante la primera semana de febrero, ya que el local necesita únicamente una reforma ligera, centrada en el cambio de imagen y algunos ajustes estéticos. Al tratarse de un espacio que ya funcionaba como negocio de hostelería, la intervención será mínima y permitirá incluso realizar pequeñas mejoras una vez abierto al público. «Málaga es una plaza muy importante para nosotros», explica Sebastián Paz y Miño, responsable de la enseña en España, que cuenta actualmente con una veintena de restaurantes a nivel nacional, la mayoría en la Comunidad de Madrid. El objetivo de la cadena es que esta primera apertura sea solo el inicio de su implantación en la provincia, con la posibilidad de sumar dos o tres locales más en el futuro. Por su parte, la salida de D'Platos del local supone, al menos de momento, su adiós a Málaga, ya que la cadena granadina concentrará su actividad en su negocio de origen. Mientras tanto, el relevo confirma el dinamismo de la calle Granada, una de las arterias más codiciadas del centro histórico, donde cada movimiento hostelero es también un termómetro del pulso turístico y gastronómico de la ciudad.