Cae el número de cigüeñas en España y la culpa la tiene la basura (hay menos vertederos)
2026-03-02 - 13:23
La población de cigüeña blanca en España ha dado un paso atrás tras años de expansión constante. El último censo nacional realizado por SEO/BirdLife en la primavera de 2025, en el marco del VIII Censo Internacional de la especie, revela que los efectivos reproductores vuelven a niveles similares a los de hace dos décadas. Los resultados muestran un descenso especialmente acusado en regiones clave como Extremadura y Navarra, mientras que algunas zonas, como la Comunidad de Madrid, registran incrementos significativos ligados a la disponibilidad de vertederos. Por que, aunque parezca increíble, gran parte de la población de cigüeñas blancas españolas depende hoy de los vertederos para alimentarse. ¿Por qué comen basura las cigüeñas? Las aves son una especie oportunista, comen de todo, ya sea vegetal, animal, cazado o carroñeando. Desde hace un siglo, nuestros basureros les ofrecen una fuente abundante, predecible y concentrada de restos de comida que, en el medio natural, encontrarían dispersos y con más dificultad. Las aves aprovechan todo eso que a nosotros nos sobra son ingentes toneladas de alimentos, residuos orgánicos como restos de frutas, carne o alimentos procesados que llegan en grandes cantidades a los basureros. Ellas no hacen asco al recurso, pues les permite alimentar a sus crías con regularidad y mantener colonias numerosas cerca de estos puntos. Sin embargo, esta dependencia conlleva riesgos: además de la ingestión de plásticos o sustancias tóxicas, los vertederos transforman la dinámica natural de alimentación de la especie y condicionan su distribución, favoreciendo un crecimiento poblacional artificial en ciertas áreas más urbanizadas mientras otras zonas, sin acceso a estos recursos, pierden efectivos. Menos parejas en Extremadura y Navarra El nuevo censo de cigüeña blanca coordinado por SEO/BirdLife, que contó con la colaboración de cientos de voluntarios y asociaciones locales, permitió revisar miles de localidades y nidos. En total, se contabilizaron entre 33.500 y 34.000 parejas, una cifra muy cercana a la registrada en 2004 (33.217 parejas) pero inferior al pico estimado en 2014, cuando la población alcanzaba las 42.000 parejas. “Estamos ante un cambio de tendencia que obliga a prestar atención a la evolución de la especie en las próximas décadas”, señala SEO/BirdLife. El análisis regional ofrece un panorama desigual. Castilla y León mantiene cifras estables, mientras Extremadura pierde más de 2.500 nidos y Navarra experimenta un descenso notable. Por el contrario, la Comunidad de Madrid ha alcanzado un récord histórico de 2.500 parejas, vinculado a la presencia de los tres vertederos más importantes de la región: Madrid, Colmenar Viejo y Pinto. Esta dependencia parcial de la especie respecto a basureros refleja un vínculo directo con el modelo de consumo actual, aunque también implica riesgos como intoxicaciones, enredos en plásticos y transporte de residuos a humedales y zonas naturales. Algunas regiones septentrionales también muestran crecimientos inéditos. Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco, tradicionalmente con pocas cigüeñas, han registrado un aumento de nidos, un fenómeno que coincide con la expansión hacia el noreste y este de Europa. Este patrón podría estar relacionado con condiciones climáticas más favorables durante la reproducción y cambios en los hábitats de invernada. La mayor parte de la población europea migra al Sahel y al norte de África, donde las sequías y la caza ilegal siguen siendo amenazas importantes. Víctimas de la industrialización del paisaje El declive de la cigüeña blanca también se relaciona con cambios en la actividad agraria. La intensificación de cultivos, la disminución de la ganadería extensiva y la sustitución de pastizales y regadíos tradicionales por cultivos intensivos reducen los hábitats disponibles y el alimento natural de la especie, afectando directamente a sus colonias. A esto se suma la retirada de nidos de edificios, iglesias y tendidos eléctricos, algunas veces fuera de la época de reproducción permitida, lo que ha provocado desplazamientos hacia sotos, riberas y arboledas, alterando la distribución histórica de la especie. El caso de Cáceres es ilustrativo: el casco histórico ha perdido casi toda su población urbana, pasando de 180 nidos a apenas uno o dos activos. Los tendidos eléctricos continúan provocando colisiones fatales cada año, y la reducción de humedales y pastizales, junto a la proliferación de infraestructuras como plantas fotovoltaicas, disminuye el alimento disponible de forma natural. En este contexto, la cigüeña blanca se consolida como un bioindicador de la salud de la biodiversidad y de los impactos del cambio global. “Una de nuestras aves más comunes refleja cómo la actividad humana y el cambio climático modelan comportamientos y poblaciones. España juega un papel central en la conservación de esta especie en el suroeste de Europa”, destaca Blas Molina, técnico de SEO/BirdLife. El censo de 2025 marca un punto de inflexión y subraya la necesidad de mantener un seguimiento constante de la especie. La conservación de humedales, la gestión adecuada de los vertederos y el respeto a los nidos históricos se presentan como medidas clave para asegurar que la cigüeña blanca siga siendo un símbolo vivo de los paisajes españoles en las próximas décadas.