¿Cambian los perros con los años? La ciencia confirma que su personalidad también evoluciona con el tiempo
2026-03-02 - 14:43
Quien haya convivido con un perro desde que era cachorro hasta su vejez tiene bastante claro que no es el mismo ejemplar a los dos años que a los diez. Cambia el cuerpo, cambian los ritmos y cambian las prioridades. Pero ¿cambia también su personalidad en sentido estricto, como ocurre en las personas? Durante mucho tiempo, la idea dominante ha sido que el temperamento canino era relativamente estable. Sin embargo, las dos investigaciones más recientes, una liderada por William J. Chopik y Jonathan R. Weaver de la Universidad Estatal de Michigan y otra por Borbála Turcsán, de la Universidad Eötvös Loránd, de Hungría, han aportado datos sólidos acerca de que la personalidad de los perros es al mismo tiempo estable y moldeable. Cambia con la edad, y también parece influida por el entorno y por la relación con sus convivientes. Menos actividad, más calma El estudio de Chopik y Weaver, publicado en 2019, analizó a 1.681 perros de más de 50 razas. Los convivientes completaron cuestionarios que evaluaban cinco dimensiones de personalidad canina: miedo, agresividad hacia personas, agresividad hacia otros animales, actividad/excitabilidad y respuesta al adiestramiento. Uno de los hallazgos más consistentes fue que la actividad disminuye de forma gradual y sostenida a lo largo de la vida. Los perros jóvenes son más activos y excitables pero con el paso de los años, la tendencia es hacia una mayor calma. No se trata de un cambio brusco, sino de una curva descendente constante. La investigación de de la Universidad Eötvös Loránd, que siguió durante cuatro años a 217 border collies evaluados mediante pruebas conductuales estandarizadas en Viena, confirmó algo similar e incluso los individuos que siguen siendo comparativamente ‘los más activos’ dentro de su grupo muestran, en términos absolutos, menor nivel de actividad y búsqueda de novedades conforme envejecen. En otras palabras, el perro más inquieto de joven puede seguir siendo el más inquieto de su grupo a los diez años, pero será menos inquieto que cuando tenía dos. La agresividad en la madurez Uno de los resultados más llamativos del estudio estadounidense fue la evolución de la agresividad. Tanto la dirigida hacia personas como hacia otros animales mostró un patrón en forma de campana, esto es, niveles más bajos en perros jóvenes, un pico entre los seis y ocho años, y un descenso posterior en edades más avanzadas. Este dato resulta especialmente relevante porque rompe con la idea de que la agresividad es un rasgo puramente juvenil o exclusivamente asociado al deterioro cognitivo. La madurez intermedia parece ser una etapa crítica en algunos individuos. La investigación húngara no se centró específicamente en agresividad, pero sí observó que la capacidad de tolerar la frustración permanecía relativamente estable con el paso del tiempo, lo que sugiere que no todos los rasgos siguen la misma trayectoria. Predisposición al aprendizaje Existe una creencia extendida de que los perros son más adiestrables cuando son muy jóvenes y que después todo cuesta más. Sin embargo, el estudio de Universidad Estatal de Michigan encontró que la capacidad de respuesta al entrenamiento aumenta desde la etapa de cachorro y alcanza su punto máximo entre los seis y ocho años, antes de iniciar un descenso gradual. La explicación propuesta por los especialistas en comportamiento canino es que los perros jóvenes se distraen más y también son más excitables, lo que interfiere en el aprendizaje estructurado. A medida que maduran, mejoran su autocontrol y concentración, lo que favorece el trabajo. El descenso en edades avanzadas, además, no es abrupto. Los datos sugieren que un perro mayor puede aprender a un ritmo comparable al que tenía de joven. La idea, por tanto, de que “a un perro viejo no se le pueden enseñar cosas nuevas” no encuentra respaldo en estas investigaciones. Otro hallazgo interesante es que la exposición a clases de obediencia se asoció con rasgos más positivos a lo largo de la vida. Los perros que habían participado en clases de educación canina mostraban menos agresividad y, de forma particularmente interesante, menor nivel general de miedo, uno de los rasgos más estables en el tiempo. Curiosidad y resolución de problemas El trabajo húngaro aportó una perspectiva complementaria al evaluar a los perros mediante pruebas directas de exploración, frustración, obediencia y resolución de problemas. Los investigadores observaron que la atención y la capacidad de resolver problemas mejoraban hasta aproximadamente los seis años y luego se mantenían relativamente estables. La búsqueda de novedades, en cambio, empezaba a declinar alrededor de los tres años. Por su parte, la tolerancia a la frustración y la sociabilidad apenas cambiaron con la edad, lo que refuerza la idea de que la personalidad no evoluciona de manera uniforme. Es decir, algunos rasgos son más plásticos y otros más resistentes al paso del tiempo. La influencia mutua El estudio de Míchigan también comparó la personalidad de los perros con la de sus titulares, utilizando el modelo humano de los cinco grandes’ (apertura a la experiencia, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo). Encontraron paralelismos en cuatro de las cinco dimensiones. Las personas más extrovertidas describían a sus perros como más activos y excitables, y quienes puntuaban alto en responsabilidad calificaban a sus perros como más receptivos al entrenamiento. Las personas más amables los describían como menos agresivos, y quienes mostraban mayor tendencia al malestar emocional los percibían como más temerosos. Las investigaciones no permiten afirmar si los perros cambian por influencia del entorno compartido o si las personas tienden a elegir individuos que encajan con su propio perfil. Probablemente intervengan ambos factores. En conjunto, los datos apuntan a que la personalidad canina no es una fotografía fija, sino una película en movimiento. Hay estabilidad relativa y los individuos mantienen su posición comparativa dentro de un grupo, pero también hay cambios previsibles con la edad. Comprender estas trayectorias puede aliviar muchas tensiones en la convivencia y comprender que el cachorro desbordante tenderá a serenarse. También es importante asumir que un perro adulto en su plenitud puede mostrar desafíos específicos, y que un perro sénior no deja de aprender por el simple hecho de cumplir años. Toda la evidencia científica sobre los cambios de personalidad en la vida de los perros invita a entender en qué momento se encuentra cada ejemplar y qué margen de evolución sigue teniendo. Porque, al igual que las personas, los perros no son los mismos a lo largo de su vida. Referencias: Old dog, new tricks: Age differences in dog personality traits, associations with human personality traits, and links to important outcomes. William J. Chopik y Jonathan R. Weaver. Jornal of Research Personality (2019) Individual and group level personality change across the lifespan in dogs. Borbála Turcsán et al. Scientific Reports (2020)