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Carolyn Bessette, la diva de los 'boomers' que sedujo a John Kennedy... y a una generación

2026-02-20 - 10:13

Eran solo 35 los elegidos. Viajaron a la isla de Cumberland, en la costa de Georgia, sin saber a qué iban. Eran los invitados a la boda de John Fitzgerald Kennedy Jr. –el hijo del 35.o presidente de Estados Unidos, que fue asesinado en 1963– y de Carolyn Bessette, publicista de Calvin Klein. Acudían a la boda del príncipe de América y la it girl del momento. Una boda exclusiva, inundada de glamour... y muy secreta. Los 35 elegidos esperaron en una capilla pequeña y rústica mientras avanzaba el atardecer del día 21 de septiembre de 1996. Ellas llevan vestidos de verano; ellos, traje y corbata. Cuando se abren las puertas de la capillita y aparece la novia se quedan embelesados. «Ni Scorsese lo hubiera hecho mejor», ha contado Carole Radziwill, una de las invitadas. El efecto fue mágico por el contraste de luz y por la novia, que lucía un vestido tubo de crepé de seda blanco perla con escote desbocado diseñado por Narciso Rodríguez. Un vestido lencero, era algo inusual para una novia, y le quedaba como un guante. Carolyn no llevaba joyas. Ninguna. El peinado era una sencilla coleta. Unas sandalias de tiras, guantes largos y un velo de tul (un toque nupcial tradicional) completaban el atuendo de la novia. Con aquel vestido, Carolyn quitaba el hipo. Era el colmo de la elegancia. Cae la noche. Los invitados cenan al aire libre bajo unas carpas, cerca del mar, alumbrados solo con velas, que multiplican el romanticismo. Arranca el baile de los novios. Ella se ha puesto la chaqueta de él porque ha refrescado. Los novios se mecen acaramelados; a ratos, John –muy galante– le besa la mano a Carolyn. La celebración discurre rebosante de sonrisas de primos Kennedy, también están allí el tío Ted (Edward Kennedy), los padres y las dos hermanas de Carolyn y los amigos íntimos. Al día siguiente, los recién casados se van de viaje a Turquía. En esa ocasión esquivaron a los paparazzi que tanto atormentaban a Carolyn. Veremos una recreación de esa boda en Love story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette, la miniserie de Disney+ protagonizada por Paul Anthony Kelly y Sarah Pidgeon como John y Carolyn, y con Naomi Watts en el papel de Jackie Kennedy Onassis, la madre de él. Jackie también fue uno de los tormentos de Carolyn Bessette: no llegó a conocerla (Jackie murió de cáncer en 1994), pero estaba harta de que la compararan con ella. Ambas tenían una virtud en común: la elegancia. La de Carolyn era discreta, minimalista, parecía no forzada. Le gustaban las faldas de tubo, los pantalones vaqueros, los colores blanco y negro... Claro que eran prendas de Prada, Hermès, Yohji Yamamoto o Calvin Klein. Ella los enriquecía con su estilo y su belleza lánguida. Desprendía un carisma especial que parecía natural, aunque cuentan quienes la conocieron que practicaba con ahínco el autocontrol. Su refinamiento sencillo, su manera de ser chic es lo que la condujo hasta John F. Kennedy Jr., el príncipe de América. Carolyn era hija de una maestra y administradora escolar y un ingeniero. Pura clase media. Desde pequeña, Carolyn destacó por su belleza: era de las chicas guapas de la escuela superior y en la Universidad de Boston posó como modelo para un calendario del campus donde estudió Educación Primaria. Compatibilizó los estudios con trabajos temporales en boutiques. Y en una de esas tiendas, en la de Calvin Klein del centro comercial de Chestnut Hill en Newton (Massachusetts), llamó la atención de Kelly Klein, la mujer de Calvin Klein. Le impactó el enigmático atractivo de Carolyn. Y se la llevaron a Nueva York, donde ascendió rápido: se movía bien con la alta gama de Calvin Klein y salía por las noches a los garitos de moda. Hasta las tantas. Le gustaba bailar. Comía poco: «Se alimentaba de uvas, café y Marlboro Light», contó su exnovio Michael Bergin, modelo y actor en Los vigilantes de la playa. Y siempre fue misteriosa. En eso coinciden todos los que han hablado sobre ella: no le gustaba hablar de sí misma. Era muy reservada. Hermética. «Cautivadora y desconocida», así la calificó su exnovio. No concedió entrevistas ni hizo declaraciones. Las fotos que hay de ella son robadas, paseando a Friday, su perro, por las calles de Manhattan, llegando a eventos del brazo de John... o peleándose con él: existen varios vídeos de trifulcas de la pareja, y hay quien ha esparcido la idea de que estaban a punto de separarse antes del accidente que los mató. La pareja irradiaba glamour. John dirigía la revista George; Carolyn creaba tendencias sin pretenderlo, vivían en un loft en Tribeca, navegaban en Martha's Vineyard, el paraíso de los Kennedy... Allí se dirigían a la boda de la prima Rory Kennedy el 16 de julio de 1999. John pilotaba la avioneta Piper Saratoga, lo acompañaban su mujer, Carolyn, y su cuñada Lauren. Salieron tarde, se dice que porque tuvieron una bronca. Desaparecieron del radar esa noche mientras sobrevolaban el océano Atlántico. Encontraron sus cuerpos cuatro días después y esparcieron sus cenizas en el mar. Pero no han sido olvidados. Seguirán escribiendo, filmando, inventando sobre ellos. Porque las tragedias fascinan.

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