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Carrera para sobresalir en la visita del Papa a España

2026-02-27 - 03:13

El portavoz de la Conferencia Episcopal, César García Magán, afirmaba este jueves que el próximo viaje del Papa a España será «un motivo de gozo y esperanza». Y aunque el diagnóstico no resulta exagerado, lo cierto es que la carrera por posicionarse y significarse en la que será la primera visita de León XIV a nuestro país no ha hecho más que comenzar. De hecho, García Magán lo ha experimentado en primera persona. Mientras, asediado por las preguntas de los periodistas que cubren la información religiosa, trataba de mantener la reserva de la agenda del Pontífice en nuestro país hasta que fuera confirmada por la Santa Sede –como suele ser habitual en estos casos– desde el Congreso de los Diputados le enmendaban la cautela y confirmaban que León XIV será el primer Papa en dirigirse a los parlamentarios españoles. La situación era tan desconcertante que la Oficina de Prensa del Episcopado se veía obligada a salir al paso y confirmar que se «ha hecho una solicitud a las presidencias del Congreso y del Senado para una sesión conjunta con el @Pontifex León XIV, por indicación de la Santa Sede» a través de una publicación en X. Y en esa línea de los obispos de mantener la incógnita hasta el refrendo papal, matizaban que «ni el encuentro ni dónde podría tener lugar están confirmados». Un esfuerzo inútil. Fuentes parlamentarias ya habían dejado claro que será el lunes 8 de junio, en una sesión conjunta en el Congreso. «Hay hambre después de 15 años sin recibir un Pontífice», había dicho poco antes García Magán en esa misma rueda de prensa, en una expresión que acabaría profetizando ese ansia institucional por situarse en el centro del foco mediático y simbólico de la visita. Una realidad que no ha faltado dentro de la propia Iglesia católica. Desde que el viaje comenzó a ser algo más que una posibilidad, las diócesis españolas se lanzaron a una carrera de ofertas para que el Papa les visitara. Invitaciones a centenarios, inauguraciones o referencias al origen agustino de Prevost no han faltado como excusas para que recalara hasta el último rincón de España. Y no solo eso. La archidiócesis de Madrid se veía obligada el 19 de enero a publicar una nota para desmentir las informaciones que avanzaban el programa del Santo Padre del 6 al 12 de junio. «No se ajustan a la realidad», decía la nota, que añadía que «la difusión de datos no confirmados resulta errónea y dificulta, además de interferir, en el trabajo serio y discreto que requiere el planteamiento de una posible visita del Santo Padre». La fuente de aquellas publicaciones era un mensaje que se viralizó a través de Whatsapp y que detallaba a la perfección las actividades del Papa en Madrid (del 6 de junio al 9 por la mañana) y apuntaba las fechas en que se encontraría en Barcelona (9 y 10 de junio) y las Islas Canarias (11 y 12). Lo cierto es que el mensaje era algo más que un simple rumor, puesto que recogía el programa remitido al Vaticano pocos días antes. Así, la nota respondía a una exigencia de la Secretaría de Estado –molesta con las filtraciones, según pudo conocer este diario– para poner fin a los rumores. Unos días después, desde el entorno de la diócesis de Madrid dejaban caer que la visita podría retrasarse a octubre , una fecha que en la práctica nunca ha estado sobre la mesa. Algunos lo interpretaron como una maniobra para tratar de deshacer ese «dar por hecho el viaje» que había molestado a la Secretaría de Estado. El debate de fondo entre los obispos gira en torno de a quién le corresponde organizar la visita. En el último viaje papal, el de Benedicto XVI en 2011 a Madrid, el máximo responsable fue el cardenal Antonio Ma Rouco, arzobispo de Madrid. Sumaba entonces el ser el presidente de la Conferencia Episcopal con el hecho de que el Pontífice solo visitaba la diócesis madrileña para presidir el encuentro con los jóvenes. Aquel antecedente sirvió al actual arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, para reivindicar el rol de organizador. Sin embargo, las circunstancias no son las mismas. Por un lado, al frente de los obispos se encuentra el arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, y por otro, el viaje no se circunscribe a los actos en Madrid. Así, el cardenal Juan José Omella, que cumplirá 80 años en abril, vive este viaje como broche a su pontificado en Barcelona ; mientras que los obispos de las Islas Canarias también reclaman su parte de protagonismo. Los vídeos que el miércoles difundía la Conferencia Episcopal para celebrar el anuncio vaticano evidenciaban estas diferencias. En el primero de ellos participaban Argüello, Omella y Cobo, con unas breves palabras cada uno. En los otros dos, los cardenales de Madrid y Barcelona exponían sus razones. Cobo aseguraba que León XIV viene a «recibir y dar un abrazo a una Iglesia concreta, como es la Iglesia de Madrid». Omella, recordaba que el Papa «viene a bendecir la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia» Los obispos canarios, por su parte, convocaban una rueda de prensa en la que afirmaban que la visita de León XIV «es la forma de animar a nuestro pueblo por cómo se ha comportado con los migrantes». Mensajes localistas para un viaje apostólico . Durante su pontificado, Francisco practicó una doble modalidad de viaje: los apostólicos en los que convocaba a la Iglesia de todo un país y en los que decía visitar la ciudad que le acogía, pero no la nación en la que estaba ubicada. Preguntado por ABC sobre cuál de estas dos modalidades correspondía al próximo de León XIV a España, García Magán ha explicado que «el Papa viene a esas diócesis indicadas, pero viene a España» en lo que ha denominado «un doble abrazo a toda la realidad eclesial». «Toda la Iglesia en España, todos los obispos y fieles están invitados». También fue Francisco quien, preguntado por la razón por la que no venía a España , afirmó: «Iré cuando haya paz» . Nunca aclaró a qué se refería con aquella frase. Para algunos, hablaba de las condiciones políticas, otros en clave intraeclesial, decían que se refería a las tensiones internas entre los obispos. Muerto Francisco, la duda quedará para siempre, pero lo cierto es que la ansiada paz episcopal sigue sin consolidarse.

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