Castillos, cerveza y chocolate: el 'road trip' perfecto por Bélgica
2026-03-12 - 06:43
Semana Santa es el momento ideal para hacer una pausa, desconectar de la rutina y regalarse una escapada diferente. Y qué mejor manera de darse un respiro que visitando un país europeo con un atractivo turístico único. Considerado el corazón de Europa, Bélgica destaca por su gran nivel de vida, su riqueza cultural y por comprender un territorio que se puede recorrer en pocos días. Porque Bélgica tiene mucho que ofrecer por muy poco. A esto hay que sumarle una gastronomía capaz de conquistar cualquier paladar. ¿A quién no le gustan las patatas fritas o el chocolate? Ambos forman parte de la identidad belga y se encuentran en infinidad de tiendas y puestos. Además, es posible desplazarse fácilmente entre algunas de las ciudades medievales más bonitas del mundo, aprovechando así el viaje al máximo. Bruselas: la capital europea La primera parada obligatoria es Bruselas, la capital política de la Unión Europea. El corazón de la ciudad es la emblemática Grand Place, rodeada de fachadas gremiales doradas y considerada una de las plazas más bonitas de Europa. A pocos metros está el icónico Manneken Pis (el niño haciendo pis), la más famosa y divertida fuente belga. Para unas buenas vistas, el Atomium no puede faltar en el itinerario, ya que ofrece una bonita panorámica de Bruselas. Además, los amantes del arte no deben perderse los Museos Reales o descubrir la ruta del cómic, dedicada a personajes belgas emblemáticos como Tintín. Si se dispone de más tiempo, se puede recorrer el Barrio Europeo, que concentra los principales edificios e instituciones de la UE, incluyendo el Parlamento Europeo. En lo gastronómico, Bruselas ofrece delicias como sus puestos callejeros de patatas fritas y gofres o los chocolates artesanos que perfuman las Galerías Saint-Hubert. Tampoco pueden faltar las cervezas trapenses para acompañar un plato de mejillones al vapor con patatas (moules-frites). Brujas: una ciudad de cuento Brujas parece salida de un cuento. Una de las joyas de Flandes, repleta de canales, puentes de piedra y calles adoquinadas que, en conjunto, forman una de las ciudades medievales más bonitas de Europa. La Grote Markt o Plaza Mayor de Brujas y su campanario Belfort marcan el centro, y si se anda unos metros, se puede visitar la Plaza Burg, una de las más concurridas de la ciudad. En la misma plaza se encuentra la Basílica de la Santa Sangre, que se dice que guarda unas gotas de la sangre de Cristo. También es un plan ideal recorrer sus canales en barca y apreciar sus fachadas góticas perfectamente conservadas. Brujas también es famosa por su chocolate artesanal y su cerveza, por lo que es obligatorio degustar ambos para vivir la experiencia completa. Gante y su belleza medieval Gante mezcla la historia medieval con el ambiente universitario. Vecina de Brujas, esta ciudad destaca por su centro histórico, sus antiguas iglesias y sus calles empedradas, a menudo llenas de estudiantes. El imponente Castillo de los Condes de Flandes es lo que más resalta del casco antiguo, mientras que en los muelles de Graslei y Korenlei se pueden apreciar las elegantes casas gremiales sobre el agua. Otro de los puntos más importantes es la iglesia de San Nicolás, situada en pleno centro, con su fachada gótica y su imponente campanario. En lo gastronómico, se pueden recorrer sus tabernas y degustar platos típicos como el estofado flamenco (carbonnades flamandes), acompañado de patatas y, en su versión gantesa, con un toque de mostaza artesana. Amberes y su tradición joyera A menos de una hora en coche de Bruselas se encuentra Amberes, uno de los grandes puntos comerciales de Europa durante el siglo XVI por la importancia de su puerto. Gracias a la riqueza que generó, se construyeron edificios como el Ayuntamiento, reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Famosa por el comercio de diamantes, Amberes destaca también por sus boutiques de diseñadores y su tradición joyera. Entre sus principales atractivos están la Estación Central, una de las más bellas del mundo; la Catedral de Nuestra Señora, que guarda obras maestras de Rubens; y la iglesia de San Carlos Borromeo, el templo barroco más antiguo de Flandes. En la mesa, la cerveza y los platos flamencos acompañados de patatas fritas son siempre un acierto.