Castillos, pandillas y 'precumbres': la UE son 27 países... y siempre gana Alemania
2026-02-13 - 05:16
Y tú, ¿qué quieres ser de mayor? Esa es la pregunta que se hace a Europa desde hace muchos años, y la respuesta sigue sin llegar. La UE sigue saber qué quiere ser: si una federación, como pide Mario Draghi, o una amalgama de Estados miembros que van al rincón de pensar... solo para pensar pero no para decidir. El retiro de líderes de Alden Biesen, cerca de una Lieja gris este jueves, con la campiña belga convertida en sede de una cumbre que suele ser más estirada de lo que se presentó en el castillo, ha servido para ver que no hay una sola Europa. La clave está cuando en todas esas visiones del continente y del proyecto comunitario no confluyen. La UE, en realidad, da vueltas en círculos. Vuelve a debates que deben resolverse rápido porque la estrategia lo pide y porque las dependencias se han convertido en problemas. Alden Biesen se convirtió en el castillo de los deseos para la Unión, pero no tanto en un lugar para las realidades. En realidad, hay mucha fantasía y dos fórmulas que aunque no lo parezcan pueden ser incompatibles: más UE, más integración, en un lado; un levantamiento de nuevo de todo en sistema normativo de la UE, basado en la desregulación. En algún punto ambos modelos se pueden encontrar, pero hasta entonces: parálisis. Los retiros como este tendrían que estar preparados para que las tensiones de los encuentros encorsetados en Bruselas se quedasen precisamente allí: pero simplemente en Alden Biesen se trasladó el escenario a algo más bucólico, digno de los Bridgerton ahora que han vuelto a escena: castillo, lluvia, un acceso verde y fotogénico; y detrás de las puertas, lo de casi siempre. Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Y la UE, de momento, parece quedarse en debates eternos alejados, también de manera física, del día a día de los ciudadanos, que solo quieren ver hechos tangibles. Alemania y Francia se han mostrado como un matrimonio, de nuevo, de conveniencia. Otra fantasía es pensar que el eje franco-alemán es eso, un eje. Hace tiempo que ya no. Unos quieren -al menos de boquilla- una integración rápida sobre las bases que ya existen (París) y otros casi levantar la estructura de la UE desde cero, al menos la normativa (Berlín). Son dos posiciones maximalistas que, como siempre, acabarán en un punto medio que, después de tanta pompa, parecerá poco; es la enésima mala gestión de las expectativas por parte de la Unión. Y por otro lado, Berlín también va con Italia en cuanto a los planes sobre cómo hacer la UE más competitiva. Quieren ser más quirúrgicos, abogan por la ortodoxia y la desregulación y creen que no hay que invertir a lo grande, sino desde las decisiones más concretas que eviten un endeudamiento de la Unión que, dicen, luego no se pueda corregir. Friedrich Merz es un canciller pragmático: si sale bien el plan con Francia, conservará el histórico dúo que ha pilotado Europa; si no, podrá decir que ha fundado una nueva amistad con la Italia de Meloni que, después de todo, está vista como un socio fiable. La UE son 27 países y por h o por b siempre gana Alemania; ya lo dijo Gary Lineker. Sobre todo ello hay una pregunta: ¿qué es la competitividad? Elige tu propia aventura. La competitividad es un elemento etéreo que sirve para llenar discursos y que no es sino una eliminación de las dependencias que se han alimentado durante años: tiene que ser el shock el que saque a la UE de esas comodidades. En energía lo fue la invasión rusa de Ucrania, en lo militar está siendo EEUU y en lo tecnológico las ambiciones de China. Y no es algo nuevo, ya lo avisó Borrell hace tiempo. El problema viene cuando por no hacer las cosas de una en una estas se acumulan y ahora toca hacerlas de tres en tres: entender, aprobar y reformar. España, por su lado, quiere ser un personaje discreto en esas fantasías. Sánchez eligió un segundo plano sin subirse al carro de las cumbres paralelas y apartándose de la organizada por Alemania e Italia, que forman esa nueva sociedad. España no está de acuerdo con la desregulación masiva que proponen Berlín y París, pero tampoco con que se hagan citas 'fuera' del formato a 27 aunque hubo dimes y diretes con si hubo o no invitación o si la cosa fue más de rechazo 'monclovita'. Macron, con reservas y tensiones, sí que estuvo. De nuevo, cada uno elige su propia aventura o su propia pandilla. Sánchez -corriendo el riesgo de caer en la irrelevancia- va con Von der Leyen, Merz con Meloni, el presidente francés con todos. En los castillos hubo dragones y princesas, guerreros y seres mitológicos. Y mitología parece la eterna manía de hablar del "esta vez sí" de Europa. Esa versión definitiva que nunca es tal, ahora sobre competitividad: pero se acaban las excusas. Antes cuando se hablaba de deuda común o de cooperación reforzada o de acabar con la unanimidad, sonaba a fantasía, pero se acabaron las quimeras porque hubo deuda común en la pandemia, y salió bien, la ayuda a Ucrania de 90.000 millones se ha hecho con 24 socios y no con 27 y la Europa a dos velocidades ya existe con Schengen o el euro, e incluso con la propia cooperación reforzada. Alden Biesen puede ser el escenario de las espadas y los escudos para defender una Europa más potente o, en cambio, el castillo en el que un proyecto sigue encerrado en las mazmorras a la espera de que otros decidan sobre su futuro.