Cayetana de Alba, una duquesa de canela y clavo
2026-03-28 - 06:30
María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva era doña Cayetana cuando cruzaba el umbral del hoy santuario de los Gitanos, otrora convento del Valle. El mismo en el que reposan sus restos. Fue ella quien lo solicitó así y sus hijos respondieron al deseo de su madre, una devota más que vivió y se desvivió en todos los términos en los que una mujer puede entregarse, para que su corporación —de orígenes trianeros—, tuviera un futuro entre ambicioso e ilusionante. Se cumplen cien años del nacimiento de una personalidad irrepetible, pero también de una cofrade irredenta que nunca permitió que el aire rozara a su Virgen de las Angustias, ni que el tiempo mellara las llagas del Señor de la Salud, sanando a besos todas sus duquelas. Las conexiones entre doña Cayetana y la corporación de la Madrugada son tantas que resultaría injusto elegir algunas expresamente. Pero como uno de los sentidos que siempre ha tenido presente la hermandad de los Gitanos ha sido el de dar cumplido sentido a la dignificación de su memoria , conviene no olvidar varios de los elementos capitales que hicieron de la duquesa una hermana más sobre tan larga nómina. Ahora bien, su papel como benefactora es a todas luces conocido, y nunca cayeron en saco roto todas esas donaciones que permitieron que esta noble madrileña de corazón sevillano pudiera transformar al completo aquella iglesia que hoy por hoy pugna por ser la quinta basílica de la ciudad de Sevilla. Y si lo hace es gracias en buena parte a doña Cayetana. En 2007, bajo decreto pontificio, monseñor Amigo Vallejo consagró el templo en santuario. El nombre completo del templo pasó a ser el de Santuario de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias Coronada. Hogar, eso fue Cayetana de Alba para los Gitanos. Uno marcado por el respeto y la cordialidad, por la fe y la convivencia, por la inclusión y la fraternidad. De ahí que todas las juntas de gobierno de la hermandad que la conocieron siempre tuvieran a bien darle su sitio a la duquesa, ya fuera como camarera de la Virgen de las Angustias, u ofreciéndole, tras su último aliento, un túmulo funerario que representa el amor heredado a sus seis hijos sin distinción. Seis angelitos custodian a quien fue una suerte de madre para tantos y tantos hermanos de la hermandad de los Gitanos. Uno por cada hijo que han venido a reunir, en su simbología, la importancia que las tradiciones tenían en la vida y en la muerte de quien fue catorce veces grande de España. «El día que la conocí las tilas en casa eran continuas», reconoció Pepe Moreno, antes de saber de su «grandiosidad», la cual compaginaba con su «sencillez». Entre otras conocidas referencias, como los respiraderos o los candelabros de cola del palio, destaca el manto azul regalado que al final acabó bautizando sin quererlo. Uno que puede contemplarse en la exposición 'Cayetana: grande de España' , y que fue bordado en hilo de oro sobre terciopelo burdeos de Lyon por Fernández y Enríquez. Fue estrenado en 1997, lleva el escudo de la Casa de Alba en el centro y presenta un dibujo que lo convierte en uno de los mantos más identitarios de la Semana Santa de Sevilla. No se quedaron ahí las concesiones de la jefa de la Casa de Alba, puesto que en la parte de acceso al camarín de la Virgen de las Angustias hay diversos cuadros que retratan la vida de Jesús y María bajo la denominación de 'Escala dolorosa' , y que fueron pintados por Raúl Berzosa. Diez años después de nacer doña Cayetana, se perdieron las dos primitivas imágenes de la Salud y de las Angustias entre las cenizas moradas de San Román. Noventa años más tarde de aquel infausto recuerdo, las circunstancias y el porvenir de la cofradía recorren un itinerario absolutamente distinto. En un nuevo compás. Cientos de hermanos han contribuido al nuevo esplendor de esta errante corporación, y a nadie le cabe duda del rol esencial que mantuvo en su crecimiento la duquesa de Alba, cuyo recuerdo es ya centenario. Su familia siempre ha sentido como suya a nivel sentimental a los Gitanos. Tanto es así que su hijo Cayetano llegó a ser costalero once Madrugadas del Señor de la Salud, al igual que otros de sus familiares han permanecido invariablemente unidos en torno a la devoción de doña Cayetana. Ése será sin duda su mayor legado: que la Casa de Las Dueñas siga siendo un lugar en el que reencontrarse aunque sea una vez al año.