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Charli XCX 1 - Taylor Swift 0: el festival de Berlín es sacudido por 'The Moment'

2026-02-15 - 20:45

Ninguna estrella del pop que se precie puede prescindir de su documental sobre su gira. Charlie XCX no iba a ser menos. Más aun cuando 2024 fue su verano, el denominado como “brat summer”. Lo recordamos, por si os pasa lo mismo que a mí y no sabéis lo que hicisteis hace cinco minutos ni dónde habéis dejado la cartera: verde neón ácido, tipografía Arial patillera, y ganas de vivir desprejuiciadamente y hacer lo que a uno le viniera en gana. The Moment busca retratar esta efímera sensación y la angustia creativa que sucede a un éxito arrollador. Charlie tiene que estar a la altura de las expectativas en la brat-gira que va a culminar el brat-summer, y como el brateo o bratismo ha alcanzado tal dimensión, todo el mundo quiere opinar al respecto y hacerse con su parte del pastel. Se enfrentan así dos visiones: la de la colaboradora, confidente, y amiguichi nicotinosa Celeste (Hailey Benton Gates) y la de el creativo petimetre psicópata Johannes (encarnado por un brillantemente cómico Alexander Skarsgard). Mientras las chicas sólo quieren pasárselo bien, como en la canción de Cyndi Lauper, el malvado creativo busca la divinización de la choni de Essex. Desde la puesta en escena a los efectos especiales o la interacción con el público, las decisiones de Johannes recuerdan demasiado a los momentos estelares de The Eras Tour, de Doña Perfecta Swift: el momento brazalete lumínico, el ascenso aéreo a la corte celestial y el tono marcadamente familiar. La balanza va girando hacia el negocio y no hacia el ocio, destrozando por el camino los nervios y el cutis de Charlie. Rodada y editada por su habitual colaborador Aidan Zamiri con un mareante frenesí propio de la Generación Z, no se sabe muy bien si The Moment es una genialidad o un churrazo hipster. A favor de lo primero nos encontraríamos con una de las más realistas y crueles representaciones del showbiz popero que se han visto recientemente en la pantalla, que abarca desde la música a la avaricia de los patrocinadores. De lo segundo, la turbadora sensación de que, en el fondo, esos malvados directivos que quieren absorber la naturalidad y espontaneidad de Charlie son los que han decidido que The Moment tenga la forma que tiene. Y los que han puesto los cuartos (y las mitades) para fichar a Skarsgard, a Patricia Arquette (como jefa del estudio), al estudio A24 y a Sean Price Williams, realizador de The Sweet East, como director de fotografía. ¿Dónde acaba la ironía y crítica a sus compañeras de generación, con Taylor Swift como gran ejemplo, y empieza la adulación al colosal espectáculo pop del siglo XXI? El final del filme parece apoyar la lectura gamberra. Vemos a Charlie rendida, al ritmo de un tema que no es de la estrella, sino de Richard Ashcroft, la Bitter Sweet Symphony de The Verve, y repartiendo estopa de la buena a la empresa de entretenimiento más poderosa del planeta. Otra cosa no, pero Charlie, “esa gitana canastera” de Essex según la bautizó mi buena amiga Laura, mantiene intacta su capacidad de camelar al personal con su trabajo.

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