China renuncia al bazuca monetario y apuesta por algo más peligroso
2026-03-01 - 08:43
China tiene margen fiscal y monetario para lanzar el mayor estímulo de la última década. Sin embargo, no lo hará. En enero, las ventas de automóviles cayeron cerca del 20% interanual según la Asociación China de Fabricantes de Automóviles. La inflación se situó en apenas el 0,2%, muy lejos del objetivo oficial del 2%. El crédito doméstico pierde impulso. Aun así, Pekín ha decidido mantener el crecimiento en torno al 5% sin activar una expansión masiva del gasto. No es falta de capacidad. China cerró 2024 con un superávit comercial superior al billón de dólares, según la Administración General de Aduanas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) señala en su última revisión que el país dispone de espacio fiscal adicional si fuera necesario. El Banco Popular de China mantiene tipos por encima de los mínimos históricos posteriores a la crisis financiera global. El margen existe. El entorno externo no obliga a la contención. Las exportaciones han resistido. África incrementó alrededor de un 25% sus importaciones desde China en el último año, el sudeste asiático cerca de un 15% y la Unión Europea en torno al 7,5%, según datos comerciales oficiales. Además, la tregua comercial con Estados Unidos ha reducido la volatilidad arancelaria. El tipo de cambio se ha mantenido estable frente a la cesta de divisas, según datos oficiales del Banco Popular de China. Nada impide técnicamente un estímulo mayor. Y, sin embargo, el plan quinquenal 2026-2030 que el Consejo de Estado presentará ante el Congreso Nacional Popular el próximo mes de marzo formalizará esa decisión. El crecimiento rondará el 5%. Un límite elegido. El problema es interno La inversión en activos fijos muestra su ritmo más débil en décadas si se excluye el periodo de la pandemia. En 2024 el crecimiento acumulado fue inferior al 3%, frente a tasas superiores al 8% hace una década, y es el registro más bajo desde finales de los años noventa si se descuenta el impacto excepcional de la Covid. Al mismo tiempo, el crédito a los hogares crece muy por debajo de los niveles previos a 2020. Entre 2023 y 2024 el crecimiento interanual pasó del 12% al 10%. Un año después se situaba en torno al 6%. En noviembre se esperaban 450.000 millones de yuanes en nuevo crédito minorista y la cifra final fue de 390.000 millones. La inflación roza el cero. No hay presión de demanda. Por otro lado, el sector inmobiliario continúa ajustándose. Las ventas siguen por debajo de los niveles anteriores a la crisis del sector y varios promotores han tenido que reestructurar deuda. El FMI advierte que el endeudamiento asociado a vehículos financieros de gobiernos locales constituye un riesgo estructural y amplía el perímetro real de la deuda pública. El problema es que parte de ese riesgo ya se ha trasladado al balance del Estado a través de refinanciaciones. Ese es el punto de partida. La apuesta de Pekín China no solo renuncia al bazuca monetario. Está probando algo más incierto. Confía en que el ajuste inmobiliario, la disciplina financiera y los estímulos selectivos al consumo sean suficientes para reequilibrar la economía sin una expansión masiva del crédito. Eso implica aceptar varios riesgos al mismo tiempo. Inflación baja durante más tiempo del previsto. Consumo débil que tarda en recuperarse. Inversión que no rebota con fuerza. Si la demanda interna no despega, el crecimiento podría estabilizarse por debajo del 5% sin que exista una crisis visible que fuerce una reacción inmediata. Para los mercados, esa decisión cambia el marco. Sin bazuca fiscal, es menos probable un rebote inmediato de las materias primas industriales o de las constructoras vinculadas a infraestructura. El foco se desplaza hacia sectores ligados al consumo interno y a la tecnología. En baterías, uno de los sectores estratégicos, la industria de fosfato de hierro y litio acumula 36 meses consecutivos con pérdidas y opera en torno al 50% de su capacidad instalada, según datos sectoriales. El exceso no desaparece con más crédito. Mientras tanto, la estabilidad del yuan frente a la cesta de divisas reduce el riesgo de volatilidad cambiaria para inversores extranjeros y para empresas europeas con exposición a China, pero también limita la posibilidad de un impulso competitivo vía depreciación. A su vez, un crecimiento sostenido pero contenido implica menor probabilidad de shock inflacionario global procedente de la demanda china, algo que influye directamente en expectativas sobre los tipos de interés internacionales y los flujos hacia mercados emergentes. En el plano monetario, el Banco Popular de China ha reducido tipos con prudencia. En los últimos cinco años el recorte acumulado supera ligeramente los 100 puntos básicos. En el último ajuste el mercado anticipaba una rebaja cercana a 30 puntos básicos y la autoridad monetaria aplicó apenas 10. El margen técnico existe, pero el nuevo escenario podría ser más difícil de gestionar que una desaceleración abrupta. Las economías pueden recuperarse de un choque, pero les cuesta más salir de una fase prolongada de crecimiento moderado y expectativas de precios a la baja. El precedente japonés pesa en ese cálculo. Japón entró en los años noventa con un sistema financiero sobreexpuesto al inmobiliario tras años de crédito abundante. El ajuste posterior derivó en crecimiento débil y presiones deflacionistas persistentes. China combina hoy inflación reducida, población en edad de trabajar en descenso desde 2022 y crédito desacelerándose. La diferencia es que intenta enfriar su economía antes de que el desequilibrio se agrave.