Cinco razones por las que deberías visitar Toulouse esta temporada
2026-03-05 - 17:13
Antes de entrar a hablar de los puntos fuertes de esta ciudad del sur de Francia hay que destacar uno de los motivos por los que es buena idea tenerla en el radar: está cerca. En avión desde Madrid se tarda una hora y hay compañías low cost que cubren el trayecto. Desde Barcelona son unas cuatro horas, eso sí, pasando por lugares llenos de encanto que bien merecen una parada. A esto hay que añadir que se trata de una ciudad no tan cara como otras zonas del país vecino y que está llena de planes aptos para todos los gustos. Si todavía no estás convencido, aquí van algunas razones de peso que te ayudarán a dar el paso. A todo color A Toulouse se le conoce como "la ciudad rosa" debido al tono de la tierra que se utilizó para fabricar los ladrillos de las fachadas del centro. Ese tono tan característico que logra que las calles sean mucho más luminosas y alegres. Pero el rosa no es el único color que se puede ligar con Toulouse. El azul pastel es otro de sus grandes iconos, un pigmento que logró colocar a esta ciudad en el mapa comercial y con el que generó una buena cantidad de ingresos. Hoy, ese tono lo podemos ver en todo tipo de souvenirs (desde jabones a pasteles o caramelos) pero también en las contraventanas de sus edificios, logrando una armonía y un equilibrio que transmite paz. Museos para todos Además de los monumentos clave como los que tiene cualquier ciudad, Toulouse juega en otro nivel cuando se habla de museos. Uno de los más visitados es la Cité de l'Espace. Un gran espacio en el que aprender y sorprenderse con todo lo relacionado con el espacio. Además hay varias actividades con las que acercarse más a la vida fuera de la Tierra. Toulouse es la cuna de la aeronáutica desde 1890, fecha en la que el ingeniero local Clément Ader consiguió despegar el primer aparato de motor más pesado que el aire. Ahora es sede de una de las empresas aeronáuticas más importantes del mundo Airbus, que cuenta con un espacio de exposición. Y para recordar su historia nada mejor que la Piste des Géants, lugar desde el que despegaron esos intrépidos aventureros, donde también se encuentra un bonito museo. Y sí, Antoine de Saint-Exupéry, aviador y autor de El Principito, tiene un lugar especial. En el plato En Toulouse se come muy bien, y lo mejor es que no hace falta complicarse para comprobarlo. El plan más fácil es entrar en el Marché Victor Hugo, el mercado más famoso de la ciudad, y dejarse llevar por el olor a pan recién hecho, queso y charcutería. Aquí puedes improvisar un aperitivo de barra o sentarte en alguno de sus restaurantes para probar cocina local. Y si lo que te apetece es un plato que te abrace en temporada fría, apunta el gran clásico: el cassoulet, el guiso contundente del suroeste a base de alubias y carnes. Entre bistrós con ambiente, buenos vinos de la zona y una tradición gastronómica que se nota en cada esquina, Toulouse es de esas ciudades que se recuerdan también por el estómago. Gran patrimonio Su centro histórico, compacto y caminable, mezcla plazas elegantes, iglesias de ladrillo tradicional y rincones con aire medieval sin necesidad de grandes caminatas. La Place du Capitole, con su fachada majestuosa, es el corazón de la ciudad y un lugar en el que siempre pasa algo, ya sea un mercadillo, un campeonato o una exhibición. Muy cerca, la basílica de Saint-Sernin impone con su tamaño y su sobriedad románica, y basta con entrar un momento para notar que estás en un lugar importante. Y si lo que buscas es una postal de las que se guardan, el paseo junto al Garona al atardecer, cuando la ciudad rosa se vuelve todavía más cálida, es uno de esos planes sencillos que funcionan siempre. Alrededores con encanto Otra ventaja de Toulouse es que, si te quedan ganas de seguir explorando, lo tienes muy fácil. El Canal du Midi, Patrimonio de la Humanidad, sale prácticamente de la ciudad y regala paseos tranquilos tanto a pie como en bici o en barco. Y si te apetece un plan de postal, en poco más de una hora puedes plantarte en Carcassonne y recorrer su ciudadela amurallada, una de las más impresionantes y mejor conservadas de Europa. Hacia el norte, Albi es otra escapada redonda. Famosa por su gran catedral de ladrillo, por el museo de Museo Toulouse-Lautrec y por ser la puerta de entrada a una de las zonas con los pueblos más idílicos de Francia.