Clémence Biel, coach experta en psicología infantil: "Hay 6 tipos de madres tóxicas, con repercusiones diferentes"
2026-02-20 - 06:13
Reconocer la 'herida materna' y liberarse de los patrones heredados que condicionan la vida adulta no es tarea sencilla, pero en algunos casos (afortunadamente no en la mayoría) es imprescindible. Se trata de esas familias en las que la madre ejerce un papel diferente al esperable, lejos de proporcionar seguridad y amor a su hija. Clémence Biel, coach certificada con formación en psicología infantil y neurociencia, especializada en la relación madre-hija y autora del libro '¿Y si el problema fuera tu madre'? (Kitaeru Libros), analiza qué pasa cuando en un hogar la figura dominante es una madre tóxica, y los 7 tipos más comunes de este perfil. El cimiento sobre el que se construye la identidad adulta ¿Qué ocurre cuando la relación con tu madre, ese vínculo que la cultura idealiza como el más fuerte y amoroso, es en realidad tu mayor fuente de culpa, ansiedad y autoexigencia? "Cuando los cimientos que van a construir la identidad adulta no son sanos, la vida entera se resiente: se repiten patrones de dependencia, relaciones insatisfactorias, auto-boicot, somatizaciones o un miedo constante a 'acabar como mi madre'", dice Biel. Biel denomina 'herida materna' al conjunto de creencias, miedos y patrones de comportamiento que una hija interioriza en la infancia a partir del vínculo con su madre y que, ya de adulta, la mantienen atrapada en la culpa, la autoexigencia o la sensación de no ser suficiente. En la práctica, esto se traduce en dificultad para poner límites, miedo a decepcionar, relaciones sentimentales tóxicas, hipervigilancia, problemas psicosomáticos o una autoestima frágil". Los 6 tipos de madres tóxicas, y sus consecuencias Existen distintos perfiles de madres tóxicas (víctima, sofocante, controladora, narcisista, indiferente, impredecible...) y cada uno tiene un impacto específico en la hija: desde la fusión emocional hasta la invalidación sistemática de sus emociones o la inversión de roles, cuando la niña acaba cuidando de la madre. Estos perfiles no son rígidos, de hecho, "a menudo son complementarios. La mayoría de las veces, una madre presenta comportamientos de varios perfiles combinados. Pueden superponerse o alternarse según la etapa de desarrollo de la hija o las circunstancias de la madre". A pesar de sus diferencias, estos perfiles presentan tres puntos en común según la experta: "la inmadurez emocional, el narcisismo (ya sea visible o disfrazado) y una profunda inseguridad. En cada caso, las heridas de infancia de la madre le impiden amar a su hija de manera adecuada. Sus comportamientos disfuncionales no son más que las estrategias de adaptación que ha utilizado desde pequeña para aliviar su sentimiento de inseguridad y satisfacer sus necesidades". 1. La madre víctima La madre víctima se considera a su vez víctima de la vida. Se define en función de las pruebas y dificultades que ha superado. Explica a quien quiera escucharla que la vida la ha maltratado. A falta de sentirse digna de amor, aprendió que podía conseguir un poco de atención haciéndose la víctima que necesita ser cuidada. La madre víctima se ha quedado atascada en la postura de la niñita vulnerable. En el caso de la hija, la coach experta en psicología infantil explica que "la niña que creció junto a una madre víctima piensa que es responsabilidad suya llenar el vacío que nota su madre. Desde la infancia, siente compasión por ella y experimenta una profunda tristeza. Entonces moviliza todos sus recursos para ayudarla. Es como si la hija se sintiera obligada a pagar por las desgracias de su madre". 2. La madre sofocante La mamá asfixiante se jacta de tener una relación de fusión con su hija, convencida de que es algo bueno y que todos deberían envidiar su cercanía. Su hija lo es todo para ella. Se percibe a sí misma como una especie de supermamá, intachable y admirable. Considera que su hija es una extensión de sí misma y que, por lo tanto, puede permitirse invadir su espacio personal. La mamá asfixiante se aferra a su hija para compensar su propio miedo al abandono: 'Eres mi razón de vivir'. "En la edad adulta, la hija de la madre asfixiante no es consciente de las fronteras de su persona. No sabe dónde empieza y dónde termina. Duda de lo que siente porque no alcanza a diferenciar sus emociones de las de su madre. Experimenta dificultades para tomar sus propias decisiones, ya que siente que no tiene permiso para hacerlo". 3. La madre controladora La madre controladora es profundamente ansiosa. No tolera la incertidumbre, y su ansiedad solo se calma cuando su entorno es predecible. Anticipa todo y controla cada aspecto de su día a día para protegerse de lo inesperado. Su vida está organizada en función de reglas que se impone a sí misma y a los demás. Considera a sus hijos como cosas que supervisar. Con respecto a su hija, la ve como una extensión de su propia persona y proyecta en ella toda la presión que ella misma se impone. En la edad adulta, la hija de la mamá perfeccionista está aterrorizada ante la idea de hacer algo mal, ya que ha interiorizado la voz crítica de su madre. Aplastada por las exigencias del patriarcado y de su madre, que le piden que sea perfecta, tiene un miedo patológico al fracaso. 4. La madre narcisista La mamá narcisista está obsesionada consigo misma y siempre busca probar que es mejor que las demás mujeres. Lo que le importa es proyectar una buena imagen de sí misma y ser percibida como superior a los demás. La mamá narcisista suele ser encantadora en público y apreciada por su carisma. Busca desesperadamente que todo gire a su alrededor. La hija de la madre narcisista es propensa a la ansiedad y a los trastornos de la conducta alimentaria. Se siente sola, porque las personas que la rodean no ven su angustia y están encantadas con su madre. En la edad adulta, el miedo al rechazo y el recuerdo de las tácticas manipuladoras de su madre pueden hacerla recelosa, en especial hacia otras mujeres. 5. La madre indiferente La madre indiferente no parece descuidar las necesidades materiales de su hija. Pero, en la intimidad, es fría e insensible a sus necesidades emocionales. Prefiere mantener distancia, ya que la proximidad la incomoda. Su indisponibilidad emocional acostumbra a provenir de un tipo de apego evitativo que desarrolló durante su infancia. Al reprimir sus propias emociones, es incapaz de acoger las de su hija. Al crecer, la hija se enfrenta a una pared cuando intenta conectarse con su madre. Esta última no se interesa por ella y las conversaciones son superficiales. Sus intercambios se reducen a reproches sobre las tareas del hogar o los resultados escolares. La hija debe ser transparente, seguir las directrices y no pedir nada. 6. La madre impredecible La mamá impredecible no logra regular sus emociones. Es muy susceptible y pierde rápidamente la calma. Es capaz de pasar de ser amable y cariñosa a despiadada y mordaz, y en casa todo cambia según sus estados de ánimo. Para la hija, esto se parece a una montaña rusa emocional. Está confundida y desconfía de su madre. Intenta, como puede, anticipar sus reacciones prestando atención a cada uno de sus gestos, palabras y expresiones. Vive en la incertidumbre y el miedo constante a desagradarla. Siempre está alerta.