Consolidaciones y culpas
2026-01-29 - 12:10
El terrible accidente ferroviario de Adamuz no ha variado en exceso el panorama demoscópico en nuestro país, al menos en lo que a intención de voto se refiere. El cambio tectónico que se ha venido produciendo en los últimos meses -un giro a la derecha sin precedentes- parece consolidado con claridad, y a ello ayuda tanto el contexto internacional, como la propia situación política española. Así, las dos fuerzas políticas que ahora están en la oposición, el Partido Popular y Vox, superarían entre ambos y con holgura los doscientos diputados. La formación que dirige Alberto Núñez Feijóo conserva sin discusión el primer puesto entre las preferencias políticas de los españoles y no ve peligrar, a día de hoy, su victoria en las urnas. Con una fidelidad de voto cercana al 80%, si ahora mismo se celebraran elecciones lo normal es que obtuvieran en torno a los 140 escaños, lejos de la mayoría absoluta, pero más lejos del PSOE, con el que duplicarían la distancia que ahora tiene y desde luego muy lejos de un Vox al que se queda más cerca de duplicar que de triplicar. Los de Santiago Abascal son los que tienen los votantes más fieles y lograrían alcanzar, con el apoyo de nuevos votantes y de ex votantes del PP, un número de escaños que podría superar a los que obtuvieron en 2019, cuando fijaron su techo electoral en 52. En la izquierda el desánimo sigue cundiendo y, tras el accidente, la fidelidad del votante socialista cae hasta el 60%, el nivel más bajo de los últimos meses. Los de Pedro Sánchez pueden acabar cayendo incluso por debajo de los cien diputados, pero, a diferencia de lo que ocurrió en noviembre de 2019, esta vez ya no hay ninguna muleta a su izquierda en la que apoyarse, en tanto que las formaciones que compiten por ese espacio extremo aparecen tan debilitadas que apenas superarían las diez actas entre ambas. Esta tendencia, con un tablero político inclinado a la derecha por primera vez en la historia de la democracia española, puede arruinar cualquier intento del gobierno por revalidar su mandato en la próxima legislatura. Se trata de un escenario nuevo en nuestro país, pero que está plenamente alineado con las lógicas de la política en todo occidente: el mundo está girando a la derecha y España, tampoco en esto, iba a ser una excepción. Por lo que hace al accidente de ferrocarril ocurrido en la provincia de Córdoba, dos tercios de los españoles creen que se podría haber evitado, pero esta percepción está sesgada con claridad por el recuerdo de voto: los que votan a los partidos en el gobierno lo tienen menos claro que los que votan a los partidos de la oposición, por lo que no es descabellado colegir que, si el gobierno lo ocupara el PP, es posible que las percepciones se invirtieran y fueran los votantes de la derecha los que menos apoyaran esa idea de que el accidente pudo evitarse. En lo que el conjunto de la ciudadanía coincide es en que las causas se deben tanto al estado de la infraestructura, como a la falta de mantenimiento de nuestro sistema ferroviario. Y sin embargo, fruto de décadas de orgullo colectivo con nuestro ferrocarril de alta velocidad, los españoles siguen creyendo de manera mayoritaria que el tren es un medio seguro, y apenas uno de cada tres ha perdido su confianza en este medio de transporte tras el accidente. Lo que parece haber cuajado en nuestra conversación pública es la idea de que cualquier catástrofe es aprovechada de inmediato para llenarlo todo de bulos, y así lo creen casi dos tercios de los españoles. Una conversación pública de baja calidad es un desastre que no podemos permitirnos, porque si algo caracteriza a una democracia liberal como la nuestra es que es un régimen de opinión pública; un sistema que necesita de una opinión formada y de un debate razonable para poder existir. En el último episodio de su podcast “La Europa de las Letras”, la cartógrafa literaria Mercedes Monmany rescataba una cita del gran escritor danubiano Sándor Márai: “Desaparecidos los héroes, entran en escena los comediantes”. Y uno no puede dejar de sentir algo de melancolía cuando recuerda que a cargo del ministerio de Fomento hubo no hace tanto personas como Josep Borrell o Ana Pastor...