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Constelaciones familiares: el negocio del karma genealógico sin aval científico

2026-03-02 - 02:43

Fuuuuuu... Aaaah... ¡Fuuu! ¡Aaaaaahhh! Los estridentes resoplidos y gritos del chamán que está 'poseyendo' a la consteladora no sorprenden a nadie. Minutos antes, cuando aún conservaba el control de su cuerpo y de su voz, ella misma nos había prevenido: «Es posible que salgan palabras en lenguas chamánicas porque se necesitan energías muy poderosas. No os asustéis». Así que, cuando comienza a agitar la mano derecha en alto y el pie se lanza a un movimiento rítmico en el vacío –como si accionara el pedal de una máquina de coser inexistente– nadie parece inquietarse. Pese al contraste entre su figura frágil y la cadencia cortante de bufidos , vocales abiertas y consonantes fricativas, el grupo permanece dócil, atento, casi reverencial. Tampoco se altera el ambiente cuando alterna la voz onomatopéyica del chamán –«¡fliuuu! ¡aaahhh!»– con la dulzura subyugante que la consteladora había empleado hasta ese momento para darnos instrucciones con perfecta claridad: «Que salga una persona más del presencial, no voy a decir a quién representa». Cierto que, a los más descreídos y entrados en años, la escena nos evoca aquel mítico «porcusamiento» televisivo en el que el robótico Micael mudaba en el meloso Carlos Jesús, desde el mismo «momento en que usted lo ha nombrado». Pero pese a que la broma no deja de retozar en mi mente, me obligo a recordar que lo que estoy viviendo es muy serio, cuanto menos para mis compañeras de taller (soy el único hombre, aunque más tarde se incorporará otro a través de la pantalla) y sus sinceras intenciones. Y serio, mucho, por las consecuencias . Porque aunque mi mente se empeñe en procesarlo con el tamiz del juego o la diversión, para ellas la sesión puede cambiarles la vida. O al menos, eso desean. Es la mañana de un frío sábado de enero y nos encontramos en un centro de yoga ubicado en una de las zonas residenciales más caras de Madrid. Descalzos, con ropa cómoda, desde las nueve de la mañana asistimos a una sucesión de problemas personales con aparente origen en su genealogía, a los que Graciela del Campo Vara –junto al chamán que la posee– trata de dar una explicación rayana con lo sobrenatural . Aunque ahora se autodefine como «terapeuta holística y facilitadora de constelaciones familiares », en diciembre de 2020 Del Campo volvió a recobrar una fama mediática –a la que había renunciado al cambiar su trabajo como periodista para centrarse en las constelaciones– cuando se hizo viral una publicación en Instagram en la que, desde la más pura doctrina de lo que practica, afirmaba que «la mujer violada no es una víctima, eligió ese destino como parte del proceso de sanación del sistema familiar». Tal sentencia fue calificada como «un ultraje sin precedentes a la mujer y, de una manera flagrante, a las que han sido y son víctimas de violencia de género y sexual» por el Colegio Oficial de Psicología de Madrid. Una «auténtica barbaridad» para los psicólogos, que dieron traslado a las administraciones de lo que consideraban que «podría incitar a la realización de un delito». Pero seis años después, el incidente parece zanjado con la retirada de la publicación que lo originó y Del Campo Vara sigue poniendo en práctica la doctrina de la que deriva aquella afirmación. Hoy, ocho de las participantes en el taller – previo pago de 149 euros en presencial o 119 si es online– harán pública su inquietud para que sea constelada mientras los demás –49 euros en presencial y 29 si es a través de la red– no sólo seremos espectadores de primera fila de su enmarañado pasado familiar sino que, si somos requeridos (y lo seremos), acabaremos representando a alguno de los protagonistas de su árbol genealógico. «Las constelaciones familiares ya nacen viciadas. No se trata de una técnica que pueda ser bien o mal utilizada sino que desde su propia invención por Bert Hellinger se trata de una propuesta irracional de carácter mágico y esotérico que se presenta como una verdad absoluta sin aportar ninguna evidencia científica», explica a ABC Luis Santamaría del Río, teólogo y miembro fundador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas. «Lo que llegó a afirmar Graciela del Campo no son posturas extremistas sino una aplicación de las doctrinas del fundador. He podido comprobar los efectos negativos de las constelaciones en la escucha y el acompañamiento a las víctimas: familias rotas, hijos denunciando a sus padres por falsos abusos sexuales que supuestamente han descubierto en una constelación, personas que no pueden sanar correctamente el duelo porque rompieron con su familiares por indicaciones de estos pseudoterapeutas...», añade Santamaría del Río desde su experiencia con los afectados. Las constelaciones familiares fueron creadas por Bert Hellinger, un sacerdote secularizado que, junto a su mujer, fusionó su observación de cómo actúan «las fuerzas ocultas» en los zulúes sudafricanos, en su etapa como misionero, con conceptos que cabalgan entre la psicología y lo esotérico, como el psicodrama, el pensamiento sistémico transgeneracional, la escultura de familia, el misticismo cuántico y la teoría de resonancia mórfica. Se fundamenta la teórica existencia de unos «órdenes del amor» que garantizan el buen funcionamiento familiar, pero que cuando se rompen acaban afectando, a través de una «energía superior», a toda la descendencia . Así, cuando se quiebra el rango u orden natural y un hijo trata de hacer de padre; la pertenencia a la familia queda en cuestión porque alguien es rechazado; o se rompe el equilibrio entre las pérdidas y ganancias dentro de la familia, las futuras generaciones verán condicionada su vida. Pese a su evidente falta de base científica, la técnica se ha popularizado en los últimos años como una especie de oráculo con el que resolver problemas del presente. «Estoy aquí porque fui a que una amiga me echara las cartas y me dijo: 'tú lo que necesitas es constelar'», confiesa la compañera que se sienta a mi izquierda. A poco que se busque, las redes sociales no paran de devolverte propuestas de consteladores que ofrecen sus variantes de la técnica. Graciela del Campo se encuentra entre los premium, así como sus precios. Pero la oferta no se reduce a consteladores de formación endogámica, sino que la práctica se ha popularizado entre psicólogos oficiales; abogados que buscan así acabar con los problemas de herencia sin necesidad de juicio; colegios que creen que de esta forma pueden desentrañar los problemas de comportamiento de sus alumnos: y, hasta clínicas veterinarias para ordenar los problemas de comunicación dentro de la «familia multiespecie». Su práctica, como procedimiento psicoterapéutico, se realiza en un grupo, formado por personas que no tienen ningún vínculo entre sí. Una de ellas, la que es constelada, enuncia su problema o inquietud y la facilitadora va haciendo preguntas sobre su familia para explorar los posibles traumas vividos (enfermedades, fallecimientos prematuros, rupturas, violaciones o maltratos) a la par que invita a algunos de los participantes a incorporarse a la constelación, para representar a uno de los ascendientes o, en ocasiones como en el caso de las dirige Del Campo Vara, a los problemas que se plantean, como la enfermedad o las dificultades económicas. En su web, Del Campo niega que las constelaciones tengan que ver con la astrología o el esoterismo y sostiene que es «una potente herramienta de transformación y crecimiento personal que nos permite localizar el origen inconsciente de cualquier desequilibrio en la vida». Fiel a Hellinger, está convencida de su eficacia: «Una sesión de Constelaciones Familiares individual equivale a 100 terapias ». En esa experiencia personal, no tarda en tocarme la función de padre. Antes he visto como mis compañeras parecían transfigurarse cuando eran llamadas para su papel. Más que representarlo parecen transmutarse, asumir por completo el rol y se mueven por la sala como dominadas por una fuerza sobrenatural . Pese a que no conocen nada del caso, se muestran expresivas, de acuerdo a esa «energía que les llega desde el campo» según explica más tarde Graciela. Unas sonríen; otras se esconden asustadas en un rincón de la sala; las hay que están al borde del llanto y las que, en un acto de extrema emoción, acarician o abrazan a la constelada, en una especie de vicario perdón intergeneracional. Quizá porque soy un descreído y asisto a la sesión con la aséptica mirada de quien sólo intenta comprender, esa energía no parece poseerme cuando soy requerido. Mi conexión con el «campo» parece fuera de cobertura , pero eso no evita que sienta una gran responsabilidad: lo que haga o diga será interpretado –«traducir» lo llama Graciela– por la consteladora e influirá en el importante «descubrimiento» con respecto al problema y en la posible solución que se le propondrá. Semejante carga me hace quedarme inmóvil. Aunque luego pienso que igual tampoco es buena idea representar a un padre inactivo e inexpresivo. Sólo las indicaciones de la consteladora me sacan de esa estática interpretación: «Acércate a tu hija»; «transmítele tu energía con las manos en sus hombros»; «ocupa tu verdadero lugar en el orden familiar: ponte detrás de ella». Y no faltan las «frases sanadoras», que la facilitadora nos invita a repetir: «Papá, te perdono. Ya no peleo más contigo». Ya casi al final de la constelación, cuando parece que mi inexpresiva representación ha funcionado, Graciela invita al 'papá' a dar un consejo a su 'hija' sobre su futuro. El mandato me descoloca y tengo que improvisar una respuesta que no rompa ese rol de neutralidad que me he autoimpuesto. Constelamos sobre las dificultades de una mujer que busca que el dinero llegue a su vida directamente y no a través de otras personas. «Emprende, hija mía, inicia tu propio negocio y no confíes solo en la suerte», acierto a decir. Me consuela que el improvisado consejo sea aplaudido tanto por la constelada como la facilitadora. Porque ese es uno de los graves riesgos que los expertos encuentran en quienes practican esta pseudoterapia : la excesiva influencia del constelador. «Se produce una atribución delirante al establecerse, sin ninguna base científica, una relación de causa/efecto entre acontecimientos del pasado de la familia con la problemática actual. El estado de sugestión de algunas personas es tan grande que incluso el constelador puede crear un falso relato de cosas que incluso no has vivido», explica a ABC José Miguel Cuevas , doctor en Psicología y experto en sectas. Cuevas lleva años denunciando el uso de las constelaciones, una «psicoterapia que provoca destrucción» en las personas pero que incluso algunos de sus colegas psicólogos han incorporado en sus sesiones. «Tenemos el enemigo en casa», nos dice. «Nuestro código deontológico recoge que antes de utilizar métodos que no están contrastados científicamente, como este, hay que alertar al paciente, pero estoy convencido que muchos psicólogos no lo hacen», explica. «Aunque todavía es peor en caso de estos supuestos terapeutas sin apenas formación, que ni siquiera tienen un código deontológico», añade. Margarita Ortiz-Tallo, de la Universidad de Málaga, es una de esas psicólogas que defienden la técnica. Es la autora, junto a Gabriele Gross, de la clínica Buchinger, de uno de los pocos artículos científicos sobre constelaciones familiares. Tras una justificación del encuadre teórico del método pasa a describir el caso de una paciente que constela una «dependencia emocional». El descubrimiento es que la 'paciente' sufrió abusos sexuales por parte de su madre, mientras que su madre no «estaba libre emocionalmente» para ella porque su hermana acababa de fallecer, justo cuando la constelada había nacido. La conclusión es que esa dependencia emocional, que se manifiesta en una relación con un hombre casado que «no le conviene», deriva de «algún conflicto con los padres». Gracias a la constelación, dice el artículo, la mujer «ha sido capaz de cortar su relación con el señor casado» y 18 meses después «mantiene una relación de pareja saludable y estable con una persona libre». En sus conclusiones reconoce las limitaciones «para la comprobación científica de la eficacia terapéutica» de la técnica, ya que sus efectos sólo se pueden comprobar a medio y largo plazo, por lo que en el transcurso de ese tiempo «pueden ocurrir otras muchas situaciones en la vida que permitan la evolución o el cambio». El artículo se publicó en 2014. Ortiz-Tallo sigue ofreciendo las constelaciones familiares a sus pacientes. Otro de los riesgos de esta técnica, que vivimos en primera persona en el taller, es el alejamiento de las soluciones reales al proporcionar una falsa explicación del problema, que en la práctica nunca lo resolverá. Lo experimentamos en una de las consteladas, que busca remedio a las enfermedades autoinmunes que sufre ella y su hijo. La constelación es una de las más intensas, que requiere incluso una nueva 'visita' del chamán . En este caso, lejos de mi anterior estatismo, mis compañeras sí se dejan poseer por el 'campo' y contribuyen positivamente a la sorprendente 'traducción' de Graciela: «María [nombre ficticio] es policía, y lo es por un motivo. Y en esta vida, tu karma tiene que ver con lo que hiciste en vidas pasadas y es el motivo por el cual hoy te has vuelto del otro bando. Y esto tiene que ver con las enfermedades tuyas y de tu hijo, es kármico. Necesitas poder aceptar tu karma, el trabajo está hecho». «Hoy doy por zanjada esa búsqueda. Ya está, hoy lo acepto y lo revelado aquí está bien así. Gracias», responde entre lágrimas desde «el campo», la mujer que representa a María en la sala, porque ella sigue el taller online. «Me ha venido una bocanada de aire frío y estoy totalmente erizada», concluye la consteladora tras su revelación. Yo también estoy agitado, pero por razones menos místicas. Esta vez no me corresponde dar el consejo de papá. «Hija, ve al médico. Insiste. No te conformes hasta que averigüen qué te pasa», le hubiera dicho. Pero me quedo callado. Y por primera vez deseo que el «campo» tenga algo de cierto y sea capaz de hacerle llegar a María esas palabras. Termina la sesión. Nos despedimos. Mientras me calzo, intuyo que por mi parte será para siempre, pero mis compañeras se emplazan para próximos eventos. «Eso lo tienes que constelar el próximo día», le ha dicho Graciela a alguna de ellas durante la sesión. La mayoría están en el taller porque, tras participar ocasionalmente, se han inscrito en la «formación profesional» que ronda los 800 euros, aunque con ocasión del 'gold friday' hay ofertas al 50% de reducción. Incluso hay algunas que se encuentran en una mentoría, dirigida también por Del Campo, para iniciar carrera profesional en este campo. «Voy a dejar mi trabajo como periodista para crear mi propia consulta de regresión a vidas pasadas », nos ha contado una de las participantes que se deja mentorizar por Graciela. Me quedan claras dos cosas: que el negocio crece donde hay necesidad humana, y que los estudios de Periodismo ofrecen salidas que nunca habría imaginado. Ya en la calle, el último copo de nieve de esta mañana de enero me hace pensar en la fría realidad de tantas personas necesitadas que, como decía Chesterton , acaban creyendo en cualquier cosa. Quizá lo más inquietante no es el chamán ni la revelación kármica. Lo más desasosegador es esa necesidad. La necesidad de encontrar sentido al dolor, de creer que todo responde a una lógica oculta que puede descifrarse en compañía de desconocidos una mañana de sábado por 149 euros. Y el único resoplido ahora es el de viento helado. Poco espiritual, nada chamánico, todo muy real.

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