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Controlar el acceso para proteger a los menores

2026-03-24 - 06:10

Existe un consenso social, sanitario y legal en que ciertos productos no deberían ser consumidos por menores de edad, pues están dirigidos a un público adulto. Para evitar que lleguen a las manos equivocadas, existen mecanismos y políticas para limitar el acceso y que los menores no puedan adquirirlos. Un ejemplo es lo que ocurre con las bebidas energéticas. El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 ha anunciado que pondrá en marcha una normativa para prohibir su venta a menores de 16 años. Para las que tengan más 32 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros, esta prohibición aumentará hasta los 18. Este nuevo reglamento sigue la línea marcada por comunidades autónomas como Galicia, donde ya se prohíbe la venta de bebidas energéticas y vapeadores con nicotina a menores de 18. En Asturias, se ha impulsado una ley que restringe la venta, suministro y consumo de estas bebidas a menores de 16 años y obliga a los establecimientos a verificar la edad antes de vender. En estos casos se ve cómo el foco legislativo está puesto en el control de la venta, es decir, evitar que quien no tenga la edad legal para comprar el producto se haga con él. Sin embargo, con otros productos también dirigidos a un consumo adulto, como pueden ser las alternativas al tabaco tradicional (dispositivos de vapeo, tabaco calentado o bolsas de nicotina), el debate regulatorio está más enfocado a las características concretas del producto. Control del acceso para evitar que lo compren menores El proyecto de real decreto sobre productos relacionados con el tabaco, que prevé restricciones para los vapeadores y las bolsas de nicotina, así como en el anteproyecto de ley antitabaco, están más enfocados al qué que al cómo evitar su compra por parte de los menores. Al contrario que con las políticas públicas del tabaco tradicional, que se comercializa a través de un sistema de expendedurías con licencia y supervisión administrativa. En contraposición, muchos productos alternativos al tabaco pueden encontrarse no solo en estancos, sino en tiendas especializadas, comercios generalistas y plataformas digitales. Debido a esta diversidad de canales y a la ausencia de un sistema de autorización específico para los puntos de venta equiparable al del tabaco convencional, la supervisión efectiva del cumplimiento, especialmente en materia de verificación de edad, puede resultar compleja. Por eso, representantes del sector y autoridades como la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia han planteado que el reto debería centrarse más en reforzar el control sobre los canales de venta. Una propuesta sería incluir sistemas de licencia para determinados puntos de venta o el uso de tecnologías avanzadas de verificación de edad. En algunos mercados, de hecho, ya se están probando soluciones tecnológicas basadas en verificación digital de identidad que permiten confirmar la mayoría de edad del comprador antes de completar una compra online. El objetivo debería estar encaminado a diseñar una regulación que no solo tenga en cuenta las características de los productos, sino también los canales a través de los cuales llegan al consumidor. A la hora de buscar la protección de los menores, es clave ofrecer mayores garantías de seguridad y cumplimiento normativo para los consumidores adultos. Productos sin combustión Aún existe mucha desinformación acerca de los productos alternativos al tabaco tradicional. Justamente es este conocimiento el que reclaman cada vez más ciudadanos. Las compañías tabaqueras llevan años en proceso de transformación e invirtiendo en programas de innovación e investigación científica para ofrecer al fumador adulto alternativas de potencial riesgo reducido. Un ejemplo es el vapeo, dispositivos recargables que calientan un líquido (con o sin nicotina) para crear un vapor que se inhala. A esta categoría también pertenecen las bolsas de nicotina, que no contienen tabaco y que se consumen colocándolas entre el labio y la encía. Al no implicar combustión, ambos productos generan niveles significativamente más bajos de sustancias tóxicas en comparación con los cigarrillos convencionales. Aunque la mejor alternativa para la salud es dejar de fumar o no empezar a hacerlo nunca.

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