'Cortafuego', la película española que arrasa en Netflix: las claves de su éxito
2026-03-02 - 19:53
La nueva sensación de Netflix tiene sabor español: Cortafuegos. Estos últimos días de invierno, la plataforma ha calentado su podio con un adrenalínico thriller de incendios forestales que ha ido escalando posiciones y se ha propagado por los rankings de medio mundo en poco más de una semana, tras su estreno el pasado 20 de febrero. La tercera película de David Victori, que no rodaba un largometraje desde la estupenda No matarás, y que había conseguido desenvolverse con algo más que oficio en series como Sky Rojo, ha comenzado su andadura por la puerta grande, llegando al número 1 en 28 países y entrando en el ranking de lo más visto en 43. Protagonizada por una excelente Belén Cuesta, la historia nos transporta a una casa en medio del bosque, donde una madre acude con su hija con el fin de dejar atrás una tragedia familiar, la pérdida de su marido. Con la ayuda de sus cuñados y del hijo de estos, empaquetará pertenencias y tirará viejos recuerdos, dispuesta a vender un rincón que para ella ahora solo representa pérdida. Pero la desaparición de la niña unida a un repentino incendio que se expande con rapidez por las inmediaciones del lugar, pondrá en jaque sus planes, sumiéndola en una desesperada búsqueda contrarreloj en la que nada es lo que parece. Sin afán por adelantar más detalles de una historia que oculta más sorpresas que un campo de minas, la nueva producción con la factoría de la N roja reúne todos sus ingredientes estrella, y consigue aumentar exponencialmente su sabor gracias a un planteamiento visual y a un trabajo actoral que no dan tregua al espectador. La propia Cuesta adelanta algunos de los trucos del cineasta para mantener la cohesión de un engranaje perfectamente articulado que se precipita raudo y veloz al foco del fuego interior de sus personajes. Divertido y angustioso "Lo más interesante de este proyecto ha sido trabajar con David, porque es un director muy poco habitual, con una forma diferente de rodar, de entender a su equipo y lo que crea. Ha sido una maravilla", recordaba entusiasmada durante una entrevista en el podcast de La script, no sin añadir que la producción también fue agotadora. "No es un rodaje que se detenga en ningún momento, por lo que siempre íbamos hacia delante". Una experiencia que describe como "divertida", a pesar de que la película no deja de ser "angustiosa". Esta inmersión se consiguió con un método de rodaje mucho más teatral de lo habitual, donde el equipo podía rodar setenta u ochenta páginas del guion sin cortar en ningún momento, dejando con ello mucho material para probar cosas diferentes durante el proceso de montaje. Pero lo más importante, una manera idónea para conseguir mantener el nivel de intensidad requerido de las interpretaciones, que en palabras de la entrevistadora se encuentran en todo momento "en lo más alto de la angustia", manteniendo un perfecto "rácord emocional" durante cada uno de los 107 minutos que dura la cinta. El corazón de las tinieblas Victori apuesta por planos secuencia captados por una cámara que se mueve con libertad por el espacio, ofreciendo una visión periférica que va de lo general a lo íntimo, conectando —casi atando— a sus personajes con el paisaje en todo momento. Este recurso actúa como resorte fundamental para crear una ficción que se cayó en la marmita de las pesadillas nada más abrirse el primer plano secuencia que precede a los títulos de crédito. Una elección formal que no se debe en absoluto a un afán por epatar al espectador con virtuosismos baratos, sino a una voluntad por acompañar a los personajes en cada momento, casi soplándoles en la nuca, acorralándolos hasta la extenuación y el paroxismo. Algo que nos brinda la oportunidad de ser testigos de primera mano de un descenso a la locura por una montaña rusa en llamas. Un elemento fundamental para mantener el pulso de la cinta que, lejos de decaer en algún momento, aumenta de revoluciones a medida que avanza. Una decisión que sin duda no será del gusto de todos, pero que sí opera bajo una coherencia formal que nos mantiene pegados al conflicto central. Es posible que sus responsables fuercen el guion para conseguir los consabidos golpes de efecto de una historia tan condicionada por el algoritmo de la gran N. Incluso cuando estos resultan osados, granguiñolescos o, directamente pueriles, la coherencia emocional de todo el recorrido, su conjunción entre forma y fondo, hace que la película llegue a buen puerto, saldándose como un vibrante entretenimiento muy por encima de la media.