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Crítica de 'Amarga Navidad' (***): Feliz choque inesperado: Almodóvar lanza su vehículo contra sí mismo

2026-03-19 - 18:50

Hay 'algo' que convierte esta película de Almodóvar en especial y que, sin ese 'algo', sería otra más diluida entre la comodidad del líquido amniótico de su última y penúltima filmografía, un mero esfuerzo en el diseño de contarse, explicarse, mostrarse, justificarse. Y 'Amarga Navidad' , que transcurre durante gran parte de ella por ese camino en el que Almodóvar arma un melodrama dentro de otro melodrama para hablar de sí mismo y de sus procesos creativos, tan contados, explicados y justificados, tiene el gran momento de 'la verdad', de la 'autocrítica', siempre y cuando uno confíe en que este director tan poco inclinado a lo natural y lo humilde no haya decidido impostar su voz y fingir un ataque de modestia al señalar por qué esta película y otras varias suyas están impregnadas de una perjudicial 'almodovarina' que las acartona e invalida. Es como si confesara que se ha conformado pronto, que las ha trabajado poco. Ese algo más se produce cuando un personaje, maravillosa Aitana Sánchez Gijón , le echa en cara a Leonardo Sbaraglia (en realidad, a Pedro Almodóvar, pues Sbaraglia es un trasunto del manchego que lo absorbe en lo íntimo y lo creativo) que ha perdido su sitio, su mirada, que repite película tras película temas, obsesiones y aprensiones. Y Sbaraglia-Almodóvar admite que se ha equivocado con la historia que nos cuenta ahí (y con algunas otras), que ha agrandado personajes sin interés y ha olvidado a otros que sí lo tenían, y que ni siquiera ha visto que el gran protagonista de la película, el mejor personaje, lo ha tenido siempre delante y..., o pero..., a esas alturas ya hemos visto esa 'Amarga Navidad' confundida y llena de desequilibrios que no le gusta ni a él. La otra está en el tintero y ya no la veremos a no ser que haga una segunda parte. Esta confesión de Almodóvar, o de Sbaraglia, o de Aitana Sánchez Gijón le otorga un valor excepcional a 'Amarga Navidad', pues incluye dentro una crítica tan directa, precisa y feroz como si la hubiera hecho el propio Carlos Boyero, su némesis. Hay otras muchas confesiones esparcidas por el argumento sobre la relación personal de Almodóvar (incrustado en el personaje de Sbaraglia) con su pareja, que interpreta muy entonado Quim Gutiérrez, y con su universo creativo, cuya afilada punta encarna Aitana Sánchez Gijón, que es quien le da vida real a las ficciones y quien, sin serlo realmente, es la auténtica protagonista del amargor navideño. El argumento es un juego de matrioska en el que Almodóvar escribe un guion en el que un director escribe un guion en el que una directora escribirá un guion, y en la pantalla vemos la vida cotidiana de ese director (Sbaraglia) y la puesta en escena de lo que escribe: la directora (Bárbara Lennie) sufre la muerte de su madre, viaja a Lanzarote a acompañar en su crisis a su íntima colaboradora (Victoria Luengo) y encuentra inspiración en una amiga rota por la muerte de su hijo (Milena Smith). Y el trenzado de ficciones, unas dentro de otras, es diáfano y patente (no te pierdes) por la habilidad narrativa de Almodóvar, aunque adolece de esos desequilibrios y reiteraciones que él mismo apunta, y por supuesto está cargado de ese gusto particular por la estética, los colores y la composición habituales de su cine. Alguna nota de humor entre los dramas que la ponen Carmen Machi, Patrick Criado o Rossy de Palma ; y su momento homenaje a Chavela Vargas, con su parte de 'diseño' hasta que les llega la lágrima a Lennie y Luengo; la sentida y hermosa canción de Amaia Romero; los increíbles paisajes de Lanzarote, y esa grisura de ceniza y lava muerta que subraya la tristeza de ese mundo femenino volcánico que contiene el magma y las energías del mundo. 'Amarga Navidad' es una película que progresa, que va del territorio más reconocible y fatigado (agotado) del director hasta otro inesperado, aparentemente espontáneo, en el que duda y reniega de lo ya desgastado de su obra, la que estamos viendo y quizá de parte de la anterior. Una película que va, digamos, de lo 'almodovariano' de siempre hasta lo casi, casi 'antialmodovariano'. Alguien tenía que decirlo, y quién mejor que él.

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