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Crítica de 'El joven Sherlock' en Prime Video: Guy Ritchie quiere reinventar al personaje de Conan Doyle... otra vez

2026-03-04 - 06:13

Hay quienes tienen un número de la suerte, y hay a quienes la suerte les llega gracias a un detective de larga trayectoria y hábitos dudosos. Como Guy Ritchie, sin ir más lejos: en 2009, cuando su carrera se tambaleaba debido a los fracasos de Revolver y RocknRolla, el director encontró una tabla de salvación en Sherlock Holmes, convirtiendo a Robert Downey Jr. y Jude Law en el sabueso de Baker Street y su socio el doctor Watson. Aunque se haya dado algún otro batacazo por el camino (¿alguien recuerda Operación U.N.C.L.E.?) y aunque la tercera aventura de Holmes y Watson en pantalla grande se haya pospuesto sine die, el Ritchie de 2026 no está ni mucho menos tan agobiado como el de hace 17 años. Sin embargo, regresa a la Inglaterra victoriana con El joven Sherlock, protagonizada por Hero Fiennes Tiffin como un Holmes primerizo y todavía más bandarra. ¿Merecerá la pena este viaje al pasado? Vuelve el Holmes macarra La primera pregunta que plantea El joven Sherlock es si sus ocho episodios aportan algo que no podamos encontrar en otros pastiches sobre el personaje de Conan Doyle. Sin ir más lejos, El secreto de la pirámide (1985) sigue siendo una visión muy disfrutable de sus orígenes, con todos los números para figurar en una lista de clásicos ochenteros gracias a su trama repleta de sectas egipcias e intrigas de internado Aunque, en puridad, esta El joven Sherlock tenga como showrunner a Matthew Parkhill, y si bien está basada (o más bien "inspirada", según los créditos) en las novelas de Andy Lane, la presencia de Ritchie nos da la respuesta: más macarrismo. Al fin y al cabo, aquí encontramos al futuro detective pasando una temporada entre rejas y siendo rescatado por su hermano Mycroft (Max Irons), quien lo envía a trabajar como criado en un college de Oxford. De esta manera, y aunque no se haya anunciado como una precuela, sabemos que este Holmes tiene mucho más que ver con el de Robert Downey Jr. que con el de los relatos originales. Y, como tal, en sus aventuras habrá tantos tortazos como deducciones, muy a pesar de un establishment representado tanto por su hermano como por un Colin Firth de épicos bigotones cuyo personaje atiende por Sir Bucephalus Hodge, nada menos. El planteamiento de la serie, sin embargo, cuenta con su activo más valioso en ese James Moriarty (Dónal Finn) cuya presencia atiende a un cliché ya archisabido: el de los futuros rivales que comenzaron como amigos del alma. No se trata solo de que el actor irlandés y Fiennes Tiffin luzcan una química espectacular, sino que la relación entre ambos personajes añade interés a la serie más allá de los asesinatos de rigor. El triunfo de un tal James Moriarty Como era de esperar, esta primera temporada de El joven Sherlock enfrenta a sus protagonistas a un misterio, centrado esta vez en una princesa china (Zine Tseng) y en una sarta de profesores y académicos que van cayendo como moscas. Una pena, entonces, que dicha intriga vaya perdiendo fuelle y yéndose por peteneras, en parte debido a su necesidad de retorcerse capítulo a capítulo. Menos mal, entonces, que el reparto en general, y los protagonista en particular, se las apañan para darle interés a este juego. Aunque el parecido entre su personaje y el de Conan Doyle sea casi nulo (poderes deductivos aparte), Fiennes se las apaña para hacer verosímiles unos orígenes envueltos en melodrama, incluyendo una hermana desaparecida y una madre (Natasha McElhone) encerrada en un muy victoriano y tenebroso psiquiátrico. Pero el verdadero hallazgo de El joven Sherlock está en el Moriarty de Dónal Finn. Una contrafigura que encaja a la perfección con Holmes, pero cuya tensión con el futuro detective (cimentada, mira tú por dónde, en las diferencias de clase) resulta patente desde el principio. El tira y afloja entre ambos resulta lo mejor de la serie, y anima a seguir adelante para descubrir cómo acabará desembocando en las cataratas de Reichenbach. Por lo demás, estos episodios apuntan a una paradoja que habría encantado a su protagonista. Porque, si bien podemos disfrutarlos sin problemas como un misterio de época, su valor como pastiche holmesiano resulta más bien flojo: allá donde el escritor solo necesitaba un par de asesinatos misteriosos para darle vidilla a sus historias, El joven Sherlock (al igual que las anteriores películas de Ritchie) no se queda contenta si no ha convertido el caso en una intriga internacional. Advertido de esto, el espectador puede decidir: si la versión made in Guy Ritchie del detective le interesa, esta serie le ofrecerá una variación sobre el mismo tema que podría contar incluso como un reboot. Y, si no es así... pues Asesinato por decreto, Elemental, doctor Freud o la misma El secreto de la pirámide siguen estando allí, para quienes quieran disfrutar de otras variaciones sobre el detective igual de excéntricas, pero más apegadas a su espíritu.

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