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Crítica de 'Hellboy: El hombre retorcido': al demonio rojo le sienta muy bien la serie B

2026-02-09 - 19:15

No lo ha tenido fácil Hellboy para continuar en el cine una vez cerrada la potente etapa creativa de Guillermo del Toro (las películas de 2004 y 2008). El relanzamiento de 2019, complicado desde el rodaje, no funcionó y el segundo reinicio, de perfil más acotado, generó dudas en su surgimiento y ha tardado más de la cuenta en llegar a España. Sin embargo, vale la pena acercarse a Hellboy: El hombre retorcido. El cuarto filme sobre el personaje creado en el cauce del cómic por Mike Mignola supone su entrada en el terror, en concreto, en el folk horror, temática que en estos últimos años ha resurgido. Desarrollado en 1959, muestra al demonio rojo, en esta ocasión encarnado por Jack Kesy (visto en Deadpool 2 y que coge el relevo de Ron Perlman y David Harbour), en una zona de los Apalaches sumida en la oscuridad por las brujas y la figura indicada en el título. Con el propio Mignola entre los implicados en el guion, Hellboy: El hombre retorcido está firmada por Brian Taylor, director junto a Mark Neveldine de Gamer, las dos febriles entregas de Crank y Ghost Rider. Espíritu de venganza. Crítica de 'Hellboy: El hombre retorcido' Guillermo del Toro familiarizó con el universo Hellboy desde el despliegue y la vistosidad fantástica. En su fallida pero rescatable aportación, Neil Marshall apostó por su distintiva tosquedad y por los rasgos de serie B. Hellboy: El hombre retorcido, la materialización de la tercera etapa cinematográfica, abraza esa esencia B del personaje desprendiendo el encanto de las películas de terror que saben que en lo menor y lo pequeño están sus bazas. Al demonio rojo le favorecen la incursión en el folk horror y, sobre todo, la naturaleza episódica de la historia, su condición de vivencia intensa y peligrosa pero sin la envergadura de otras. Un espíritu que además casa con lo canalizado en no pocas de las experiencias e investigaciones plasmadas por Mike Mignola, presente en el guion. Brian Taylor, el coguionista Christopher Golden y Mignola sumergen a Hellboy y a su querida compañera Jo entre brujas, muertos que se levantan, almas torturadas y una figura demoniaca que las reclama. Las menciones a la carga oscura de aquellos perdidos y aislados parajes de los Apalaches y a la maldad enraizada en la misma tierra (atrayente también la referencia a los túneles como venas) contribuyen a ese ambiente de pesadilla en los bosques. Hellboy: El hombre retorcido parte del arrebatador detalle de la situación que surge de manera inesperada a raíz de un incidente durante la misión original. Los dos miembros de la AIDP pierden la carga que debían transportar y que custodiaban en tren y acaban inmersos en algo distinto. La estructuración en capítulos y la curiosa digresión expositiva para explicar qué son las bolas de bruja (una adoradora del diablo indica la 'receta' a un cuervo que la mira) constituyen apuntes indicativos del perfil y la guía del relato. En su segundo trabajo en solitario, Taylor, que convenció al aficionado con la negrísima y juguetona Mamá y papá, sabe llevar el tono y avivar la comentada sugerencia de lo menor, terreno en el que la producción exhibe cuidado. La detectable modestia no impide un aspecto formal resultón, incluido el uso digital. Las escenas con más potencia, la del cuerpo femenino 'vacío', 'desinflado' y yacente en la cama cual traje abandonado momentáneamente, la de la serpiente que sale y entra por los orificios de la bruja y el aspecto del viejo avaro elevado a Crooked Man poseen el punto de la serie B que despierta aprecio. Aunque se sigue echando de menos a Ron Perlman, Jack Kesy sorprende en su encarnación de Hellboy, superior a la de David Harbour y en la que fluyen la rudeza y los matices y el tormento derivados de su origen (aquí focalizado en el dolor por la madre bruja). En lo menos conseguido, la narración no logra que el personaje a cargo de Adeline Rudolph trascienda lo funcional, si bien el cierre suaviza dicha sensación. Y, a pesar del factor del regreso al lugar del que se huyó y del personaje que quedó atado a lo oscuro, lo relacionado con Tom (Jefferson White), en la práctica el coprotagonista, tampoco termina de convencer.

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