Crítica de 'Hoppers': Pixar se reinventa con una increíble comedia ecologista
2026-03-04 - 14:53
Pixar ha tenido que reinventarse como estudio desde la llegada de Pete Docter al mando. Pese a una racha inicial compuesta por las excelentes Soul, Luca y Red, su potencial éxito se vio limitado a estrenos directos a streaming; y seguido por secuelas, spin-offs y películas originales rehechas a última hora tras mandatos cuestionables. Por suerte para la compañía, su mejor jugada se mantuvo intacta: un ansia por incorporar talentos frescos y prometedores a su equipo habitual. Daniel Chong es uno de ellos. Tras una breve beca en Pixar, había partido para crear Somos Osos, una fantástica sitcom animada centrada en tres oseznos tratando de vivir en sociedad, estrenada por una Cartoon Network en pleno estado de gracia. Esta ya plasmaba tanto su particular sentido del humor como sus inquietudes como autor, entre ellas una fascinación por el fino equilibrio que existe entre humanos y animales en el orden natural de las cosas. Docter no le quitó el ojo de encima, y cuando la serie concluyó, le llamó de inmediato. Es fácil ver por qué. Y es que su salto al largometraje, en vez de diluir su identidad autoral, la ha refinado. Hoppers no es solo la mejor obra de Pixar desde esa Red: es tal vez la película más graciosa que han firmado nunca. Chong, también responsable aquí de la historia (a cuatro manos con Jesse Andrews, guionista de Luca), acude a sus intereses recurrentes para contar la historia de Mabel, una universitaria decidida a evitar la construcción de una nueva carretera y salvar a los animales del claro local... infiltrándose en su mundo en forma de castor robot. Chong termina llevando esta premisa al límite absoluto, con un crescendo gradual de set-pieces absolutamente delirantes (lo creáis o no, esta película incluye la secuencia de persecución más emocionante del año), pero siempre poniendo por delante su amor por la comedia absurda. Y es, en el fondo, lo que la hace funcionar a las mil maravillas, brillando en especial en sus momentos más macabros. Y sí, la película bromea tanto y de tantas formas que también se cuestiona a sí misma, como confirman los gags referenciales comparando su premisa con la de Avatar de James Cameron. Pero bromas aparte, Hoppers es muchísimo más heredera de Pompoko, la infravaloradísima joya de Isao Takahata. Y es que aunque su naturaleza (de nuevo, bromas aparte) de película infantil la limite en ciertos aspectos, su encomiable trasfondo la convierte, precisamente, en algo muy efectivo e incluso necesario para ese mismo público infantil: una sincerísima fábula ecologista acerca del poder de la comunidad. Por ello, si hay algo a cuestionarle, no creo que resida en su tesis. Quizá no termine de perfeccionar su núcleo emocional, que pese a resultar efectivo recae a veces en un exceso de flashbacks dedicados a subrayar cosas que ya sabemos. Pero al mismo tiempo, resulta muy refrescante toparse con una película de Pixar distinta, una que no opta por girar alrededor de un arduo deseo de hacerte llorar en favor de una desternillante aventura cómica con una tesis digna de elogio. Es todo un primer paso para un estudio que, al fin, parece camino a reinventarse.