Crítica de 'Scream 7': qué ha pasado con el espíritu meta de esta saga, la nostalgia no lo salva todo
2026-02-27 - 14:13
Si algo ha caracterizado a la saga Scream a lo largo de sus 30 años de historia es su ruptura de las normas del cine de terror y su carácter meta, que la han convertido en una fuente inagotable de inspiración para los slashers posteriores, aunque esto implicara en ocasiones decisiones de guion arriesgadas que provocaron que películas como la tercera o la cuarta entrega fueran reivindicadas con el paso del tiempo. Por todo ello, Scream 7 nos hace preguntarnos qué ha pasado con ese carácter meta que envolvía magistralmente la historia de Ghostface y la eterna final girl Sidney Prescott. En esta misma línea, la séptima entrega comienza muy bien y cuenta con un primer tercio muy disfrutable, con un museo de los horrores de la saga que recuerda al mejor espíritu de la franquicia y algunas muertes sorprendentes, sin renunciar al humor negro. Su escena inicial brilla gracias a la pareja conformada por los actores Michelle Randolph y Jimmy Tatro- sorprende que en esta ocasión sean intérpretes novatos, después de que las seis anteriores entregas comenzaran con rostros de la industria asentados como Drew Barrymore, Jada Pinkett Smith o Samara Weaving-, pero esto se diluye muy pronto, y no lo salvan ni los momentos más nostálgicos ni los más tiernos de la familia de Sidney. Scream 7 sobresale cuando es autoconsciente de que es un título por y para Sidney Prescott (Neve Campbell), un filme que apela completamente a la nostalgia y referencia tramas del pasado. Una vuelta a los orígenes. Aunque aquí ya encontramos el primer problema: se siente como una crítica a aquellos que disfrutaron de las dos anteriores entregas, con menciones constantes a Nueva York y a la ausencia de Neve Campbell en la sexta entrega, obligándola incluso a disculparse por no estar presente. A partir de entonces, la película va de más a menos. Aunque muchos atribuirán las malas críticas a la polémica con Melissa Barrera, lo cierto es que objetivamente Scream 7 es una de las entregas más flojas de la saga y se percibe como una película heredada -o un marrón, según se mire- para Kevin Williamson, quien tan solo había dirigido una película hasta el momento y no recibió precisamente buenas críticas. Esta herencia se evidencia en la presencia de intérpretes como Jasmin Savoy Brown y Mason Gooding, los hermanos Mindy y Chad Meeks-Martin en las dos anteriores entregas, cuya presencia en Scream 7 se torna por ratos rebuscada e incomprensible, sumándose a una serie de personajes con poco carisma. Y es que la resolución de Ghostface no puede importar menos ni resultar más deus ex machina, en un tercer acto injustificable y repleto de decisiones de guion incoherentes. No obstante, se agradece la tierna y compleja relación, repleta de traumas, entre Sidney Prescott y su hija Tatum -un bonito homenaje al nombre del personaje de Rose McGowan en la primera película-, interpretada por una correcta Isabel May. Entre las grandes bazas del filme, el reencuentro entre Sidney y Gale Weathers (Courteney Cox), así como los cameos de Matthew Lillard o David Arquette, entre otros. También es de alabar la valentía en el uso de la IA y los deepfakes para traer el terror a los tiempos modernos, aunque el resultado recuerde más al tipo de uso que haría un niño de 10 años o una abuela de 80. Más allá de las polémicas, Scream 7 se siente como una película sin carisma ni alma, que ha dejado por el camino lo mejor de esta saga slasher y que ni el fanservice ni la nostalgia consiguen salvar. Una película para pasar el rato, pero de la que se esperaba muchísimo más al reunir de nuevo a la dupla Kevin Williamson y Neve Campbell.