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Crece la polémica por los 'influencers' en las galas de cine: "El beneficiario de su presencia son ellos mismos"

2026-03-11 - 06:13

A estas alturas del siglo XXI, debería estar claro que nadie escapa a la economía de la atención. Ni siquiera el cine. Así lo demuestra la reciente polémica en torno a eventos como los premios Goya y el Festival de Málaga, donde influencers y 'creadores de contenido' parecen estar desbancando en las alfombras rojas a actores, actrices, directores y demás fauna menos presente en redes sociales. Desde el 28 de febrero, cuando la gala de los 'cabezones' se celebró en Barcelona, los medios han hervido con críticas y réplicas a esta presunta invasión. Mientras algunas voces la justifican alegando su poder para atraer miradas (y patrocinios que ayuden a financiar las galas), otras la deploran, acusándola de desalojar a rostros con menos atractivo en las nuevas palestras de la celebridad, pero con más importancia en eso de hacer películas. "La ignorancia ya no se disimula: se exhibe" Si bien esta controversia llevaba años incubándose, llegó a su cénit conforme figuras tales que Dulceida, Laura Escanes, Marina Rivers, Iera Paperlight o Carla Flila desfilaban por la alfombra roja de los Goya. Fue entonces cuando Yolanda Ramos, Carmen Maura y otros intérpretes comentaron la situación de forma más o menos indignada. Así, mientras Maura sentenciaba "los influencers me parecen muy bien, pero no hacen cine", Ramos explicaba a través de su Instagram que había visto la gala en su casa y en pijama. "Excepto cuando fui nominada y al año siguiente, ni antes ni después me han invitado nunca", recordó la actriz, que compitió como actriz revelación por Carmina y amén en 2015. Bien desde la prensa, bien desde sus propias redes, otros actores y actrices como Norma Ruiz, Julián Villagrán, Fernando Ramallo, Andrea Duro y Marc Biarnés han opinado sobre un fenómeno que, a su juicio, da protagonismo a rostros muy relacionados con las industrias de la moda o de los cosméticos, pero no con la del cine. Biarnés, de hecho, recordaba en su Instagram que entre los influencers invitados no había ninguno especializado en contenido cinematográfico. La última en sumarse a esta reacción ha sido Isabel Coixet, con un artículo para El País titulado 'Alfombra roja, cerebro en blanco'. "Hemos llegado a un punto en que la ignorancia ya no se disimula. Se exhibe. Se monetiza", protesta la directora catalana, denunciando el desinterés de los influencers por ese mismo cine que presuntamente ayudan a promocionar mientras guionistas, técnicos y otros profesionales con menos glamour son excluidos del ojo público. "Ningún estudio ha demostrado jamás que el hecho de que una persona con dos millones de seguidores aparezca en la alfombra roja aumente en un solo espectador la taquilla de una película", sentencia Coixet. "Lo que sí aumenta es el número de seguidores de dicha persona. El único beneficiario de su presencia son ellos mismos". "Somos un medio de nuestra generación" Por otra parte, si dijéramos que las palabras de algunos influencers desmienten esas acusaciones, estaríamos faltando a la verdad. El ejemplo más comentado ha sido el de Ona Gonfaus en Málaga: cuando se le pedía que recomendase una película española reciente, esta creadora de contenido (567.000 seguidores en Instagram) respondía "la última de Ocho apellidos...". Lo cual podría referirse, bien a Ocho apellidos catalanes (2015) u Ocho apellidos marroquíes (2023). Tras las reacciones poco caritativas a su respuesta, Gonfaus ha asegurado que se quedó "en blanco" frente a los micrófonos. "Creo que todo el mundo tiene derecho a que le pasen cosas así, pero no significa en absoluto que no me guste el cine español o que no lo consuma", afirma. También en Málaga, Lola Lolita (4,3 millones de seguidores) justificaba su presencia invocando la visibilidad que aporta al certamen. "La presencia de gente que tiene mucha exposición y mucha visibilidad me parece esencial", explicaba la influencer. "A nivel de cine, no pinto nada, pero sí a nivel redes", proseguía, señalando que ella y las demás figuras "somos un medio, pero de nuestra generación". Sara Fructuoso aportó su granito de arena, también haciendo hincapié en la exposición mediática. "Realmente ¿quién critica a quién? No se sabe, ¿no? Entonces, si están ahí, pues yo pienso que será por algo", sentenció la "creative director & fashion girl" con 272.000 seguidores. "Al final somos otro tipo de oficio artístico, claro que sí." Todo por los patrocinios Dimes y diretes aparte, para explicar este fenómeno viene bien tener algo de cultura cinematográfica. La suficiente, al menos, para acordarse del consejo que le daban a Robert Redford en Todos los hombres del presidente: "Siga el dinero". Y, para seguir el dinero, ni siquiera es necesario recurrir a informes confidenciales ni 'gargantas profundas'. La propia Academia de Cine (vía Europa Press) da la clave señalando que los influencers presentes en la alfombra roja de los Goya acuden a ella "asociados a los patrocinadores". Es decir, a las marcas que, mediante sus inversiones, hacen posible la celebración de eventos a todo lujo. Queda al gusto de cada cual la necesidad de dicho lujo en una industria que, como la del cine español, está aquejada de una estrechez crónica. Pero estas palabras dejan en evidencia que, si las galas y los certámenes del cine español quieren presupuesto, necesitan pasar por el aro y aceptar la presencia de rostros cuyo interés no guarda relación con el arte de hacer películas, sino con el de generar titulares y stories. Al hilo de esto, podemos señalar fenómenos menos llamativos, pero mucho más preocupantes. Como, por ejemplo, la creciente presencia de influencers en los pases previos de películas, en detrimento de críticos y periodistas. O el hecho de que plataformas y productoras elijan nuevos talentos en función de su presencia en redes, y no del talento interpretativo. Que el cine es un arte asociado a la imagen, y que, como tal, da prioridad muchas veces a la forma sobre la sustancia, es algo que sabemos desde los años de las películas mudas. Otra cosa, cada vez más preocupante, es el hecho de que dichas imágenes resulten más y más huecas conforme pasa el tiempo. Solo el futuro sabe si esta tendencia colapsará o si, en cambio, dará lugar a una situación completamente nueva. Y tal vez peor.

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