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Cuando el hogar se convierte en una trampa: los objetos cotidianos que ponen en riesgo a perros y gatos

2026-02-09 - 06:16

Aunque muchas veces no lo pensamos, los peligros a los que se exponen nuestros perros y gatos no siempre está fuera de casa. Según la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales (RSPCA), algunas de las principales causas de intoxicación se encuentra en el propio hogar, en productos de uso cotidiano, alimentos comunes y tratamientos mal empleados que, sin darnos cuenta, pueden convertirse en una amenaza grave e incluso mortal. Un ejemplo de esto son los pesticidas. Veneno para ratas, insecticidas, herbicidas o cebos para babosas están diseñados precisamente para atraer a los animales, lo que los hace especialmente peligrosos en entornos compartidos con mascotas. La RSPCA recomienda evitar en la medida de lo posible el uso de raticidas y optar por métodos de control de plagas más humanitarios, ya que, incluso cuando se colocan "fuera de su alcance", muchos animales son capaces de encontrarlos, con consecuencias devastadoras. Algunos productos suponen un riesgo específico según la especie. Los gatos, por ejemplo, son extremadamente sensibles a ciertos insecticidas de uso común. La permetrina, presente en algunos antiparasitarios formulados exclusivamente para perros y en sprays para plantas o insectos, puede provocar reacciones fatales en felinos, que no pueden metabolizarla. "Incluso el contacto estrecho con un perro tratado puede ser suficiente para causar una intoxicación grave", advierte la RSPCA, que insiste en leer siempre las etiquetas y consultar con el veterinario ante cualquier duda. Los medicamentos humanos son otra fuente frecuente de accidentes. Analgésicos tan habituales como el paracetamol o el ibuprofeno pueden resultar letales para los animales, especialmente para los gatos, en los que dosis mínimas pueden causar daños irreversibles. La permetrina de los antiparasitarios caninos puede ser suficiente para causar una intoxicación grave en un gato También las cremas tópicas, antihistamínicos u otros fármacos de venta libre representan un riesgo si el animal los ingiere directamente o los lame de la piel de su tutor. Por eso, nunca debemos medicar a un animal sin indicación veterinaria y tenemos mantener todos los fármacos, humanos y veterinarios, bien guardados. La comida es un terreno lleno de trampas. Chocolate, uvas, pasas, cebolla, ajo o productos con cafeína son bien conocidos por su toxicidad, pero no son los únicos. El consumo de huesos cocidos puede provocar perforaciones intestinales, mientras que la masa cruda con levadura puede fermentar en el estómago del animal, generar alcohol y causar una distensión abdominal potencialmente mortal. El alcohol en sí, presente no solo en bebidas sino también en productos de limpieza o cosmética, puede desencadenar desde desorientación hasta coma y muerte. En el caso de los perros, incluso el lúpulo utilizado para elaborar cerveza resulta altamente tóxico. Otros peligros pasan aún más desapercibidos, como por ejemplo, el xilitol, un edulcorante común en chicles y productos "sin azúcar" que puede provocar hipoglucemias severas y fallos hepáticos en perros; o los imanes pequeños, especialmente los de neodimio, pueden atraerse dentro del aparato digestivo y causar perforaciones internas. También las pilas, en particular las de botón, generan quemaduras químicas graves si se mastican o ingieren; y los pegamentos, cuerdas, cintas y adornos pueden causar obstrucciones intestinales que requieren cirugía urgente. El jardín tampoco está exento de riesgos. Algunas plantas ornamentales, como los lirios, son extremadamente tóxicas para los gatos: una mínima cantidad de polen puede resultar mortal. El mantillo de cacao, ciertos fertilizantes o los huesos y semillas de frutas caídas al suelo también pueden provocar intoxicaciones u obstrucciones graves. No obstante, desde la RSPCA insisten en que la mayoría de estos accidentes son prevenibles. Revisar el hogar con la misma mirada crítica que se tendría para un niño pequeño, almacenar productos peligrosos de forma segura y consultar siempre con el veterinario ante la mínima sospecha puede marcar la diferencia.

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