Cuatro años de guerra en Ucrania y un final todavía incierto: "Es posible que se alcance un acuerdo de mínimos este verano"
2026-02-24 - 05:03
Este martes se cumplen cuatro años desde que las primeras columnas de tanques rusos penetraron en territorio ucraniano para iniciar lo que Vladimir Putin llamó 'operación militar especial', un eufemismo de lo que en realidad fue un intento de invasión a gran escala de Ucrania y que se ha convertido en el mayor conflicto bélico en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Cuatro años de guerra que han dejado miles de víctimas y un país devastado por las bombas sin que se vislumbre todavía un acuerdo de paz en el horizonte. Lejos de encorsetarse en las fronteras de Ucrania, el conflicto ha tensionado el tablero geopolítico internacional, enterrando definitivamente la aparente estabilidad que dejó el final de la Guerra Fría. La grieta entre Occidente y Rusia vuelve a ser profunda, quizás más que en tiempos de la URSS, y en medio de esa polarización ha emergido China para reclamar su espacio como actor protagonista. El quinto año de guerra comienza esta semana repleto de incertidumbre. "En términos militares nos encontramos con una situación de estancamiento. Si miramos la línea del frente del año 2023 y la actual, vemos que el dibujo es muy parecido. Habría que mirar el mapa con mucho detalle para apreciar las diferencias", afirma Gracia Abad, vicedecana de Investigación y profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Nebrija. Y el mapa no engaña. Aunque las tropas rusas han ido ganando algo de terreno, su avance ha sido poco más que testimonial porque Moscú ocupa a día de hoy el mismo territorio ucraniano que hace tres años: prácticamente la totalidad del Donbás (Donetsk y Lugansk) y buena parte de Zaporiyia y Jersón. Ni siquiera ha sido capaz de recuperar el control total de esas cuatro provincias que se anexionó unilateralmente en 2022 y que la posterior contraofensiva ucraniana le arrebató en parte. "Rusia sigue sin tener el control total del Donbás porque en Donetsk todavía hay áreas disputadas en las que está habiendo combates desde casi el comienzo de la guerra, por ejemplo en Kramatorsk y Sloviansk. El avance ruso está siendo muy lento y la mayoría de analistas coinciden en que lo va a seguir siendo. Si continúa avanzando a este ritmo, en el mejor de los casos podría tardar dos años en controlar totalmente el Donbás", apunta la profesora, que no contempla que Rusia pueda doblegar militarmente a Ucrania a corto o medio plazo. El avance ruso está siendo muy lento y la mayoría de analistas coinciden en que lo va a seguir siendo. Si continúa avanzando a este ritmo, en el mejor de los casos podría tardar dos años en controlar totalmente el Donbás Sí advierte, en cambio, que las condiciones de vida de la población ucraniana han empeorado y que este invierno está siendo el más duro desde el comienzo de la invasión: "En los últimos meses ha habido un tremendo deterioro de la situación humanitaria y estamos claramente ante la peor situación desde el comienzo de la guerra, con un gran número de desplazados internos y un escenario muy complicado en las regiones próximas al frente". "Rusia ha concentrado sus esfuerzos en agravar las consecuencias del conflicto para la población civil y ha intensificado la destrucción de infraestructuras civiles en amplias áreas del país para cortar el acceso a suministros básicos como agua, luz y calefacción. A eso se suma que, después de cuatro años de guerra, los materiales para la reparación de infraestructuras y viviendas empiezan a escasear", añade. El giro de timón de EEUU cambia el escenario Lo que ha cambiado radicalmente desde el inicio de la guerra es la posición de EEUU y el punto de inflexión hay que buscarlo en la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca a principios de 2025. El cheque en blanco que la anterior administración Biden ofreció a Zelenski para combatir la invasión rusa se ha terminado y Europa soporta ahora la mayor parte del esfuerzo bélico. "Estados Unidos ha pasado a tener una aproximación al conflicto mucho más pragmática y basada en intereses cortoplacistas. Trump ha modificado la política de ayuda y, aunque después de suspenderla se ha reanudado, lo que antes eran donaciones se han convertido en préstamos y Zelenski se ha visto obligado a aceptar determinadas condiciones", dice Abad. Más que ayudar a Ucrania, el objetivo principal de Trump parece centrado en lograr un alto el fuego que refuerce su protagonismo como garante de la seguridad mundial. Olvidada ya su bravuconada de poner fin a la guerra en 24 horas, el republicano está impulsando las negociaciones entre Moscú y Kiev, con la mediación de Washington. La última ronda de esos contactos tuvo lugar la semana pasada en Ginebra, aunque sin avances nítidos: "Haber sentado a rusos y ucranianos en una mesa de diálogo ya podría considerarse un logro para Trump, pero necesita algo más porque las negociaciones se están enquistando y no se ven progresos". Ante ese estancamiento, Abad considera que Trump tiene prisa por poner encima de la mesa algún tipo de avance: "Prometió acabar con la guerra por la vía rápida y no lo ha conseguido. Ahora tiene las elecciones de mitad de mandato a la vuelta de la esquina (las midterm elections de noviembre) y las encuestas dicen que su grado de apoyo está cayendo en picado en EEUU, así que necesita un golpe de efecto para reflotar su imagen. Lograr un alto el fuego en Ucrania podría ayudarle y va a hacer todo lo posible para conseguirlo antes del verano. Los analistas más optimistas creen que es posible que se alcance un acuerdo de mínimos". Las encuestas dicen que el grado de apoyo a Trump está cayendo en picado en EEUU, así que necesita un golpe de efecto para reflotar su imagen Armando Jiménez, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria, cree que ese acuerdo "es posible que llegue este verano", aunque recalca que Ucrania "ha dejado de ser el eje central" de las negociaciones paralelas que mantienen Washington y Moscú: "Las tensiones entre Rusia y Estados Unidos están ahí y el asunto más importante ya no es Ucrania, sino los misiles balísticos con ojivas nucleares. Ha vencido el tratado de reducción de armas estratégicas START III y existe el temor a que haya una proliferación de arsenales nucleares. Es algo que está generando muchísima inestabilidad a nivel global y el primer objetivo es alcanzar un acuerdo sobre este punto". La cuestión territorial, un obstáculo insalvable Aunque las negociaciones están en marcha, hay un abismo que separa a Zelenski de Putin: el reparto del territorio. Para el líder del Kremlin, las conquistas de sus tropas en suelo ucraniano son innegociables y reclama, además, que Kiev le entregue la totalidad del Donbás. Esas condiciones son, sin embargo, inaceptables para el presidente de Ucrania. "Después de todo el esfuerzo realizado y de la enorme cantidad de bajas civiles y militares que ha sufrido el país, es absolutamente inasumible para Zelenski y, además, la población ucraniana no aceptaría que su gobierno cediera ante esas pretensiones", dice Abad. La profesora cree, no obstante, que EEUU está intentando "convencer" a Zelenski para que tolere ciertas cesiones territoriales: "A Trump le vale cualquier tipo de acuerdo con tal de que haya un alto el fuego y no tiene ningún inconveniente en aceptar la actual línea de frente, que supone la partición de facto de Ucrania. A cambio, le ofrece ayuda para reconstruir el país, pero Zelenski exige, sobre todo, unas garantías de seguridad para evitar que dentro de un tiempo Rusia vuelva a atacar a su país". A Trump le vale cualquier tipo de acuerdo con tal de que haya un alto el fuego y no tiene ningún inconveniente en aceptar la actual línea de frente" "Reconocer las ganancias territoriales de Rusia adquiridas por conquista, algo prohibido por el derecho internacional, sentaría un precedente muy peligroso porque podría animar al Kremlin o a otros actores internacionales a reeditar esa estrategia. Los países de Europa oriental, como las repúblicas bálticas, Rumanía o Polonia, ven esa posibilidad con gran preocupación porque hay informes que no descartan un ataque ruso contra un estado de la UE en un futuro próximo", advierte. Aunque validar el statu quo actual podría ser interpretado como una victoria de Putin, el profesor Jiménez considera que no existen otras alternativas: "Es un asunto terriblemente complicado, pero parece obvio que el territorio conquistado por Rusia ya lo ha perdido Ucrania porque sus posibilidades de recuperarlo son cero. El Donbás es un área verdaderamente prioritaria para Rusia porque la considera una región geoestratégica para sus intereses, como lo fue en su momento Crimea. Es imposible que Putin se retire de esos territorios y, si lo hiciera, afrontaría un grave problema de reputación ante su propio pueblo. Puede haber negociaciones sobre pequeños intercambios de tierra, pero si Kiev no acepta la realidad, el conflicto se va a mantener indefinidamente en el tiempo". La economía rusa resiste las sanciones El profesor recalca que Zelenski está bajo presión porque "si EEUU acaba retirando su apoyo militar, logístico y de inteligencia, la expansión territorial de Rusia podría ser mayor", ya que Europa no sería capaz de ocupar ese vacío durante mucho tiempo. De hecho, pone en duda que pueda aportar los 15.000 millones de dólares que el líder ucraniano ha reclamado para resistir este año en el frente de batalla: "Los países europeos con mayor PIB están atravesando situaciones económicas muy delicadas, con unos déficits públicos muy altos. En Francia han llegado a recortar las pensiones, así que es complicado pensar que Europa puede aportar ese dinero". No ha funcionado el aislamiento internacional porque Rusia se ha integrado aún más en los BRICS y ha reforzado su relación con otros actores relevantes En ese sentido, Jiménez dice que "Rusia tiene más capacidad que Europa" para mantener el pulso del conflicto, a pesar de las sanciones occidentales contra el régimen de Putin: "La economía de guerra impuesta en Rusia ha subsistido mejor de lo que pensaban los países occidentales, incluso el rublo se ha recuperado de la devaluación. Tampoco ha funcionado el aislamiento internacional porque Rusia se ha integrado aún más en los BRICS y ha reforzado su relación con otros actores relevantes. Putin ha sabido fortalecer sus alianzas con China o la India para seguir vendiendo petróleo y gas ruso; y a su vez ha debilitado la alianza entre EEUU y Europa. Además, su figura se ha reforzado políticamente dentro de Rusia". Aunque Abad coincide en que "Rusia ha encontrado estados en los que refugiarse" para limitar el efecto de las sanciones, cree que estas sí han tenido consecuencias sobre su economía: "La calidad de vida de la población rusa se ha resentido mucho y eso está generando un gran descontento a nivel interno, aunque no esté trascendiendo al exterior debido al hermetismo ruso. Para un régimen autoritario es más fácil manejar ese tipo de situaciones, pero pueden ser una bomba de relojería. No faltan expertos que plantean que, si Rusia colapsa económicamente, no será algo progresivo que veamos venir, sino que ocurrirá de la noche a la mañana".